domingo, septiembre 19, 2021

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Ibiza, un destino paradisiaco

Texto y fotos: Celia Albizu

Sin tener que poner un pie fuera de España, nos encontramos con destinos increíbles, entre ellos, al que más cariño guardo es Ibiza. Nuestro país nos asombra con múltiples y variados paisajes y esta isla posee, en mi opinión, algunos de los parajes naturales más bonitos del mundo.

El encanto de Ibiza está en su doble cara: la combinación de la “paz” de la mañana, donde los planes que se nos ofrecen son tranquilos y consisten en visitar calas, playas, mercadillos, etc.; junto a la “diversión” de la noche, con decenas de discotecas y fiestas.

Cuando llegué a Ibiza por primera vez, recuerdo ver desde la ventanilla del avión el lugar que me iba a acoger durante siete días y creo que no era capaz de imaginar la gran experiencia que iba a vivir. En mi caso, viajé con amigos y nuestra idea era pasar unos días explorando la isla y saliendo de fiesta.

Al llegar, alquilamos dos coches, lo que resulta necesario si se quiere recorrer la isla. Llegamos a la casa que habíamos alquilado a pie de playa en Cala Tarida, lugar donde se pueden ver los atardeceres más bonitos de toda Ibiza. Este lugar se convirtió en mi destino favorito para los siguientes años. Sin duda, no se equivocan los que piensan que esta es una de las tres calas más bonitas, junto a Cala Bassa y Cala Comte.

Por las mañanas, bajábamos a hacer snorkel en el mar turquesa de Cala Tarida, donde normalmente nos cruzábamos con famosos e influencers que buscaban un lugar tranquilo en el que pasar el día, luego hacíamos distintas excursiones para conocer la isla.

Cogíamos el coche y, tras trayectos llenos de curvas, llegábamos a sitios como Cala d´Hort, Es Portixol, Cala Salada, Aubarca y Saladera. El primer día de nuestra estancia decidimos ir hacia el norte, que es la zona más tranquila. Hicimos una excursión hasta el faro de Moscarter, al que se llega haciendo una ruta por un sendero y, aprovechando que era sábado, fuimos a las Dalias, un mercadillo hippie que se inauguró en 1985 y que es el más famoso de toda Ibiza.

Los siguientes días preferimos recorrer el sur de isla, que tiene mucha más vida. Visitamos el Parque Natural Ses Salines, de donde sale la “Sal de Ibiza” y que cuenta con playas increíbles como des Cavallet. Tampoco nos podíamos perder el restaurante a pie de playa al que iban todas las influencers cuando viajaban a “Eivissa”: el Beso Beach en Sant Jordi, donde nos tomamos un cóctel.

Por las tardes, paseábamos por la ciudad de Ibiza, Dalt Vita, que se encuentra sobre un monte. Entre sus estrechas calles buscábamos sitios en los que cenar y, de vez en cuando, subíamos hasta la catedral para disfrutar de las vistas. A veces, tomábamos helados sentados en el puerto viendo los increíbles barcos que se encuentran atracados en la ciudad. Otros atardeceres preferíamos pasarlos viendo ese mágico y místico islote rocoso que se sitúa a unos pocos kilómetros de la costa: Es Vedrà. Una de esas tardes también aprovechamos para salir de fiesta y fuimos a una poolparty en Cova Santa, donde nos encontramos con varios famosos como Mario Vaquerizo o los Javis.

Y, como he dicho, después de los tranquilos días llegaba la noche y las discotecas ibicencas. Entre ellas Usuahïa, un hotel con piscinas en el que cada tarde del verano acuden los mejores DJs del mundo; y Hï Ibiza, una discoteca de música electrónica al que también acuden artistas internacionales. Reservando las entradas por internet un par de meses antes nos costaron unos 40 euros de media. Ibiza no destaca por ser un destino precisamente “barato”, pero todo lo que se paga allí merece la pena.

Y es que creo que, que “Eivissa” esté declarada Patrimonio de la Humanidad es comprensible: una isla en la que hay calas idílicas, espacios naturales, vida nocturna… y todo ello no solo es valorado por los españoles, sino que nuestra isla atrae a miles de personas de todo el mundo. Ibiza cuenta con una esencia especial y creo que es el mejor destino si se quiere descansar y desconectar de la rutina de todos los días.  

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