jueves, diciembre 2, 2021

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Blog de Lady Ginebra: De Instagram, influencers y postureo

Texto: Lady Ginebra

¡Ay, Instagram! Ese mundo paralelo adornado de filtros por el que se pasean todo tipo de personajes, ya sea con oficio o sin beneficio. Bueno, no, dejadme puntualizar, porque para algunos, aunque profesión como tal no se les conozca, beneficio hay y mucho.  Sí, hablo de los influencers, esas personas que se ganan la vida subiendo su día a día a las redes sociales y cuya misión principal es hacer publicidad a cambio de dinero u otros beneficios. Si ha nacido esta “profesión” es porque a algunas marcas les resulta rentable, y es muy respetable, pero nunca entenderé este fenómeno, como tampoco entenderé otros muchos. Porque a ver si lo he entendido bien: fulanita de tal, que tiene un millón de seguidores, va, por ejemplo, a comer a un restaurante, sin pagar, claro. Lo sube a sus historias de Instagram diciendo lo fantástico que es el sitio y lo bueno que estaba todo y… ¿yo me lo tengo que creer? Que no es porque la crítica no venga de una experta en gastronomía, que un poco también, sino porque al no haber pagado entenderás que, como poco, desconfíe. Y menos mal que parece que no soy la única que tiene esta opinión. Ya son varios los negocios que se niegan a las demandas de estos llamados influencers. Hace unos meses leía la respuesta que le daba un restaurante de Barcelona a una de ellos que pretendía ir a comer por la cara: “Vaya usted donde quiera, pague lo que le que toca, como hacemos todos, y opine lo que quiera. ¿Qué pasaría si viniese y la comida fuese basura? Sus seguidores se merecen una opinión libre, ¿no cree?”.

Y mirad hasta qué punto este mundo de los influencers es falso, que resulta que por un módico precio se pueden hasta comprar seguidores. Muerta me he quedado. Por menos de 10€ te puedes hacer con 10.000 nuevos seguidores y ser la envidia de tus amigos. Vaya ganga, ¿no? A mí, que soy de esas personas que no acepta a nadie que no conoce, me parece demencial, pero en las redes sociales somos pocos los que utilizamos esta plataforma para algo más que posturear. Y es que, lo del postureo de Instagram está llegando ya a límites insospechados. Dejando un poco de lado a los influencers, que viven de eso, la obsesión de la gente por conseguir “megustas” o comentarios ya me parece patológico.  No me entendáis mal, que no digo que tengas que publicar una foto recién levantada con la legaña pegada al ojo para resultar natural, que me parece perfecto y de lo más normal que compartamos fotos donde salimos bien, pero si subes una foto con filtros y maquillada y me intentas colar que te acabas de levantar, pues no, por ahí no paso.

¿Y qué me decís del postureo del gimnasio? Porque, a ver, my dear, subir fotos delante del espejo, poniendo posturitas ridículas para que veamos lo buenorra o buenorro que estás, pues mira, aparte de quedar muy falso, normal no es. Y no lo digo yo, lo dice un estudio de la Universidad de Brunel, en Londres, que asegura que quienes se toman selfis en el gym podrían tener problemas psicológicos. Muy desencaminados no andan, porque si subes fotos como estas, háztelo mirar…

Pensaba que al gimnasio iba uno a hacer flexiones, pesas, ese tipo de cosas, pero qué sabré yo, si la última vez que estuve en uno fue para preguntar una dirección. Que sí, criaturita, que ya sabemos que vas al gimnasio. No necesitamos que estás todo el rato bombardeándonos con fotitos para demostrárnoslo, que aburres ya hasta a las ovejas.

Y si el postureo de gimnasio es un clásico, el de la playa y la piscina no se queda atrás. Que no te digo que haya que salir en las fotos enrollada a la toalla, que no. Hace calor, estás en el mar y lo normal es subir fotos tuyas en biquini o bañador si te apetece, pero es que algunas personas lo llevan a otro nivel y utilizan esa excusa para poner fotos con unas posturas que: ¡Oh, my God! Aquí un ejemplo gráfico de la influencer española Paula Gonu, no porque no haya casos de gente normal, que los hay, sino porque ella ha prometido hacerme una mención en una de sus stories, y, claro, no he podido negarme…

Vale, esto merece un análisis profundo. Todos al llegar a la playa nos quitamos la ropa para quedarnos en bañador, pero ¿es necesario inmortalizar ese momento justo cuando te agachas?

Pues no, Darling, pues no. Y la otra foto más de lo mismo. ¿Pero qué obsesión tienen algunos con enseñárnoslo todo? Qué gratuito e innecesario. Quería pensar que eran cosas de influencers, pero no, ahora lo que se lleva es subir este tipo de fotos a Instagram. ¿Es que no han oído hablar de OnlyFans? Ahí al menos te pagan, no sé, que yo es por lanzar ideas, que nadie se me ofenda, ¿eh?, que si a ti lo que te hace feliz es poner fotos enseñando el culete, adelante, pero déjate de frases a lo Paulo Coelho, por favor, que no pegan.  Yo voto por ir con la verdad por delante y soltar un: “Ahí va una foto de mi culo, espero que la disfrutéis”. Y, oye, que quedas mucho mejor, dónde va a parar.

Y lo de los filtros ya sí que es de traca. Si con veinte o treinta años usas tanto filtro, cuando tengas 40, ¿qué te vas a hacer? ¿Un lifting? Una cosa es mejorar una foto y otra muy diferente es que abuses y no parezcas ni tú. ¿Harán lo mismo en las aplicaciones para ligar? Imaginaros la situación. Tú esperando al de las fotos y ni parecido…

No quiero que os penséis que solo tengo cosas malas que decir sobre Instagram: también hay cosas buenas y divertidas. Por suerte, no todo el mundo se cree un influencer y va por ahí pensando que es el centro del universo, porque me vais a permitir un último consejillo antes de despedirme: “Hace más de quinientos años, nació Nicolás Copérnico, hombre que nos enseñó que la tierra gira alrededor del sol, no de ti”. De nada.

See you soon, darling!

Lady Ginebra

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