Por Clara Paz de Otero e Inés López Navarro
En un desayuno celebrado en el Club Financiero Génova, Daniel Lumera presentó Como si todo fuera un milagro, el proyecto más ambicioso de su trayectoria. El libro no se plantea como una guía de bienestar al uso, sino como una propuesta de cambio profundo frente a lo que el autor define como un “empobrecimiento del ser humano”. Para Lumera, buena parte del malestar actual tiene que ver con haber asumido modelos de éxito y felicidad que no responden a nuestra naturaleza, lo que ha derivado en un aumento generalizado de la ansiedad y la depresión.
Según explica, vivimos intentando encajar en formas que no nos pertenecen, persiguiendo objetivos que no hemos elegido realmente.
Una forma de pensar que ya no funciona
Lumera sostiene que el pensamiento humano contemporáneo se ha vuelto insostenible y que, paradójicamente, es uno de los mayores agentes de contaminación del planeta. Mientras la vida en la Tierra funciona a través de sistemas de cooperación, como los polinizadores, los bosques o los cetáceos, fundamentales para el equilibrio del ecosistema, los seres humanos hemos optado por la competencia como norma.
A diferencia de estas especies, que trabajan en red para sostener la vida, la mente humana es la única capaz de destruir de forma sistemática los pilares que la mantienen. Para el autor, esta desconexión nace de haber olvidado cómo vivir en coherencia con nuestra singularidad y con las necesidades profundas de la vida.
La gentileza como herramienta de cambio
Uno de los ejes más interesantes del libro es la reivindicación de la gentileza. Lumera la define como una provocación social necesaria, lejos de la idea de debilidad o simple buena educación.
En el ámbito laboral, defiende un liderazgo más inclusivo, capaz de generar confianza y de entender el error como parte del aprendizaje. Señala que, especialmente para la Generación Z, el trabajo necesita tener sentido, valores claros y una misión que vaya más allá del salario.
En lo social y político, plantea la gentileza como una alternativa a la polarización constante. Frente a la construcción de identidades basadas en la confrontación y la búsqueda de culpables, propone crear comunidad desde la inclusión y el cuidado mutuo.
Incluso a nivel biológico, la gentileza tiene efectos medibles: observar un acto amable activa en el cuerpo hormonas relacionadas con el bienestar, reforzando la idea de que lo individual y lo colectivo no pueden separarse.
Recuperar la capacidad de asombro
En Como si todo fuera un milagro, Lumera desarrolla lo que denomina “los seis carismas”, situando la capacidad de asombro como punto de partida. Según explica, hemos perdido esa capacidad porque ya no vemos la realidad, sino las proyecciones de nuestros miedos y deseos.
Esto se refleja de forma clara en las relaciones personales. A menudo no nos relacionamos con la persona real que tenemos delante, sino con la idea que nos hemos construido de ella. El resultado son vínculos superficiales, donde nunca se llega a un encuentro auténtico. Recuperar la maravilla implica volver a mirar sin filtros y permitir que la vida vuelva a sorprender.
Meditar para ganar claridad
Lumera también diferencia con precisión entre mindfulness y meditación profunda. Mientras el mindfulness se centra en la presencia, la meditación que propone es un entrenamiento orientado a desarrollar lucidez y creatividad.
A través de prácticas concretas, invita a vaciar la mente de culpas y asuntos no resueltos que consumen energía. Muchas de esas cargas, explica, provienen del arrepentimiento por no haber sabido decir “no”. Aprender a cerrar esos procesos permite recuperar ligereza y una relación más honesta con la propia vida.
Un libro que nace del no saber
El proceso de escritura del libro fue, según el propio autor, un camino de incertidumbre. Lumera explica que siempre comienza desde la confusión y que es en ese “no saber” donde el texto empieza a tomar forma.
Por eso insiste en que el libro no está pensado solo para ser leído, sino practicado. Para él, una obra cobra sentido cuando se traduce en decisiones concretas y cambios reales en la forma de vivir. Como si todo fuera un milagro no busca dar respuestas cerradas, sino abrir un espacio de reflexión y experiencia.

