Abrir la Caja Interior: sanar lo que callamos para vivir con plenitud. Mabel Contreras

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Por Mabel Contreras

Todos tenemos una caja que evitamos abrir. Ahí guardamos lo que no supimos decir, lo que dolió demasiado, lo que seguimos cargando mientras aparentamos estar bien. La Caja de Pandora no es solo un mito: es ese lugar interno donde se acumulan emociones, miedos y heridas no sanadas. Abrirla incomoda, duele y asusta, pero también es el único camino para que aparezca la esperanza. Las terapias alternativas no prometen magia; ofrecen algo más profundo: un espacio para mirar hacia dentro, soltar lo que pesa y empezar a sanar de verdad.

La sanación, a través de cualquiera de estas técnicas, nos lleva inevitablemente al encuentro con nosotros mismos. El autoconocimiento lo cambia todo: primero tomamos conciencia de la raíz del malestar y después pasamos a la acción para sanar. Este proceso no busca eliminar lo que sentimos, sino comprenderlo, integrarlo y transformarlo en una fuente de aprendizaje y crecimiento personal.

Muchas personas llegan a este camino movidas por un dolor físico persistente, por ansiedad, por cansancio emocional o por una sensación de vacío difícil de explicar. Otras lo hacen simplemente porque sienten que algo en su vida ya no encaja. No hay una única razón ni una sola forma de empezar. Lo que todas comparten es el deseo de vivir con mayor coherencia, calma y bienestar.

La sanación no es inmediata ni lineal. A veces avanza con claridad y otras se detiene para mostrar lo que aún necesita atención. En ese recorrido aparecen recuerdos, patrones aprendidos, creencias limitantes y emociones que habían sido reprimidas. Mirarlas con honestidad requiere valentía, pero también abre la puerta a una comprensión más profunda de quiénes somos y por qué actuamos como actuamos.

Uno de los pilares de este proceso es el perdón. Un perdón consciente, sincero y liberador. Perdonarnos por no haber sabido hacerlo mejor, por habernos exigido en exceso o por haber permanecido en silencio cuando necesitábamos hablar. Perdonar a otros no para justificar lo ocurrido, sino para dejar de cargar con un peso que ya no nos corresponde y recuperar nuestra energía vital.

Otro aspecto fundamental es la revisión de los apegos. Apegos a personas, situaciones, roles o identidades que en algún momento nos dieron seguridad, pero que hoy limitan nuestra expansión. Soltar no significa perder, sino crear espacio. Espacio para nuevas experiencias, relaciones más sanas y una forma de vivir más auténtica y consciente.

Acompañar en este camino implica escuchar sin juzgar, sostener sin imponer y guiar sin invadir. Cada sesión se convierte en una oportunidad para reconectar con la sabiduría interna, esa que sabe qué necesitamos cuando dejamos de huir de nosotros mismos. Sanar no es arreglar algo roto, sino recordar quiénes somos cuando nos permitimos ser.

Conocernos de verdad también implica aceptar nuestras luces y nuestras sombras. Las luces revelan talentos, fortalezas y dones; las sombras muestran heridas pendientes y aspectos que reclaman atención. Integrar ambas nos vuelve más completos, humanos y libres. Desde ahí, la vida se vive con mayor claridad, gratitud y presencia.

Buscar el camino de la sanación es un acto de responsabilidad personal. Es elegir mirarse con honestidad, comprometerse con el propio proceso y abrirse a nuevas posibilidades. Es atreverse a explorar nuevos horizontes internos y a construir una relación más amable con uno mismo.

Tal vez hoy sea el momento de abrir esa caja que tanto evitaste. No para quedarte en el dolor, sino para liberar lo que ya no necesitas y permitir que la esperanza ocupe su lugar. Porque sanar no es llegar a un destino final, sino aprender a caminar la vida con más conciencia, ligereza y amor propio.

Este viaje interior no requiere prisa ni perfección, solo presencia y compromiso constante. Cada pequeño paso cuenta, cada toma de conciencia suma, y cada decisión amorosa deja huella. Cuando elegimos mirarnos con respeto, el cuerpo responde, la mente se aquieta y las emociones encuentran orden. La sanación se vuelve entonces una práctica cotidiana, integrada a la vida diaria, sencilla y real. No se trata de cambiar quién eres, sino de habitarte plenamente, con coherencia, responsabilidad y confianza en tu propio proceso. Así, abrir la caja interna se transforma en un acto consciente de amor, libertad personal y profunda conexión con la vida presente auténtica.

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