Aitor Marín: «Pascual Cordero es un héroe en un mundo que prefiere los atajos»

Por sandra Cuenca

En el panorama actual de la narrativa negra española, donde los protagonistas suelen habitar los márgenes de la ley y ahogar sus penas en el cliché del alcohol y el cinismo, ha irrumpido una figura que desafía todas las convenciones: Pascual Cordero. Su creador, el periodista Aitor Marín, ha construido en su novela ‘Será por dinero’ una bomba literaria que funciona a la vez como sátira social y como un experimento ético fascinante.

Aitor Marín (San Sebastián, 1967) lleva más de tres décadas dedicado a la prensa escrita. Ha trabajado en el semanal «Noticias del Mundo«, que marcó a toda una generación por sus extravagantes exclusivas. Dirigió revistas como «Maxim» y «Man» y fue redactor jefe de «Interviú«. Actualmente trabaja en «El País«.

Hablar con Aitor Marín es hacerlo con un observador profesional que conoce las costuras de la realidad. Su mirada, entrenada en la «línea del frente» del periodismo diario, ha captado lo surrealista de nuestra historia reciente. De esa mezcla de actualidad y devoción por la novela negra nace su última obra, «Será por dinero«, aunque el motor que le impulsó a escribirla fue mucho más íntimo de lo que cualquier manual de escritura podría dictar.

El nacimiento de un «antihéroe» con principios

La creación de Pascual Cordero no fue un accidente, sino una respuesta deliberada a la saturación de detectives «con sus propias reglas«. Marín explica que la génesis de la novela fue casi un ejercicio de rebeldía narrativa. «Me preguntaba cuántos detectives viven en su propio mundo, rigiéndose por códigos morales alejados de la ética común«, reflexiona el autor. Para romper con este patrón, Aitor recurrió a una lógica profesional aplastante: «Un bombero nunca intentaría apagar un incendio con gas basándose en sus ‘propios métodos’. Entonces, ¿por qué aceptamos que un detective deba saltarse la ley para imponerla? Quise hacer todo lo contrario al detective clásico: buscar a alguien absolutamente rígido, incapaz de saltarse una norma, por absurda que parezca«.

Así nació Pascual Cordero, un hombre que permanece de pie en un vagón de metro vacío simplemente porque los asientos están reservados para quienes más lo necesitan. Para Marín, este gesto no es una excentricidad, sino un acto de valentía: «Esa honradez a prueba de bombas lo convierte en un héroe épico. Cumple las normas que nos hemos dado todos en democracia«. La novela nos obliga a mirarnos en ese espejo: ¿Cuántos de nosotros nos sentaríamos en ese asiento vacío del metro? La incomodidad que genera Cordero en el lector es la medida exacta de nuestra propia flexibilidad moral.

Ricos, cunas y el espejismo del mérito

Frente a la pulcritud de Cordero, Aitor sitúa a una familia de la élite económica para quienes las leyes no son más que sugerencias molestas. Aquí es donde la novela se convierte en una disección del «ultracapitalismo» y la brecha social en España.

El título, ‘Será por dinero‘, encapsula esa actitud de quien cree que el capital es un salvoconducto para la impunidad. Aitor profundiza en la injusticia de la «suerte de la cuna»: «Me interesaba esa reflexión: ¿Qué diferencia hay por el hecho anecdótico de nacer en una familia con dinero o en una sin él? Es una brecha que se crea solo por el seno en el que uno ha caído. Me parece preocupante cuando vemos a gente que, por haber tenido suerte al nacer, se siente con el derecho de decidir sobre el destino de los demás«.

La trama no busca ser un panfleto político, sino utilizar los mecanismos del género negro para soltar «puyas» y realizar una radiografía social necesaria. La colisión entre el detective que no tiene nada pero respeta todo, y los poderosos que lo tienen todo pero no respetan nada, genera la tensión narrativa que sostiene toda la obra.

Un estilo cinematográfico y visual

La lectura de ‘Será por dinero‘ destaca por un ritmo envidiable. el periodista confiesa que su proceso creativo es puramente visual, «todo lo que escribo me lo imagino visualmente. Tengo que ver la cara de Cordero, incluso sentir el sonido de sus pasos«. Este enfoque dota a la novela de una estructura de escenas muy definidas, con diálogos punzantes que fluyen con una naturalidad sonora. Marín bromea con la posibilidad de adaptaciones, imaginando desde una serie hasta un musical, pero lo cierto es que la fuerza del personaje reside en su capacidad para habitar la imaginación del lector como una figura tangible, casi vecina.

El futuro de un personaje necesario

Aitor Marín se encuentra en una fase de búsqueda y reflexión. Aunque reconoce que escribir una novela requiere una gran energía y una disciplina férrea —reunir las fuerzas necesarias para volver a sentarse frente a la página en blanco—, la sombra de Pascual Cordero sigue proyectándose sobre sus futuros proyectos. «Ideas tengo para poner a Pascual en otros casos«, admite. El éxito de la novela radica en que nos ha hecho reír de nuestras propias miserias mientras nos obliga a cuestionar el sistema de valores en el que operamos. Cordero es el recordatorio de que, quizás, la verdadera rebeldía en el siglo XXI no consiste en romper las reglas, sino en ser el único que se atreve a cumplirlas.

Los lectores tienen ahora la última palabra. Si la acogida sigue siendo positiva, es muy probable que volvamos a ver a Pascual Cordero parado en un semáforo en rojo, esperando pacientemente a que la ley le permita seguir avanzando en un mundo que hace tiempo decidió echar a correr por el arcén.

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