Bordar, crear y soñar

Por Cecilia A. Maldonado

Es un placer el sentarme en el jardín de mi casa, mate en mano (soy Argentina, así es que el mate, infaltable), y ponerme a bordar, crear, soñar, realizar mentalmente obras que después las plasmo en las telas que intervengo.

Hablando de telas, como ya les comente me gusta bordar, pero solamente el bordado es parte de mi vida creativa?. Pues no, hay muchas técnicas que me apasionan y las utilizo para mis bordados, como ser el eco print, o estampado botánico, que se realiza con plantas, utilizando sus hojas y en algunos casos con flores y cortezas, que se transfieren los pigmentos naturales en telas de algodón, seda, lino mediante calor y vapor, y así darle a esa prenda o tela un toque de distinción diferente al resto de telas que podemos encontrar en el mercado.

Lo que sí no les dije es que me fascina el hacer cosas diferentes y fuera de lo común, porque da la oportunidad a quienes vean la obra o utilice la prenda u otra cosa; que la misma sea única e irrepetible, por eso mismo, las personas que sepan bordado, en especial el sashiko, verán que los míos son fuera de lo común de los patrones originales que se pueden encontrar en las revistas o en Japón mismo.

Aquí me detengo un poco para contarles el motivo de hacerlo diferente; es porque nunca me gustó ir por el camino que todos iban, o hacer, decir o ponerme, peinarme, ser, moverme como todos lo hacen o cómo las mujeres de mi edad lo harían; no, soy la «oveja negra» en todo, hasta en mi trabajo lo fui, y realmente me ha ido muy bien, y por tal motivo sigo siéndolo en todos los ámbitos de mi vida.

Volviendo a las técnicas, me gusta teñir con tintes naturales a las telas, extrayendo pigmentos orgánicos de plantas, insectos como la cochinilla (parásito que se encuentra en las plantas de los géneros nopales o chumberas), o grana cochinilla, del cual obtenemos el color carmín, y minerales. Es decir es una alternativa ecológica, sostenible y sin químicos tóxicos, recuerden que me gusta proteger el ambiente, y son ideales para todas las fibras naturales como el algodón, lino, seda y lana. Es un placer el teñir, porque no sé con certeza cuál va a ser el color que va a resultar, porque todo depende de la cantidad de agua, materias primas, tiempo de cocción (se debe tener cuidado); es una sorpresa que cada vez que termina todo el proceso y las telas se secan, aparece la magia, y eso me da tanta satisfacción y orgullo de haber realizado algo con mis manos, que ni se imaginan, pero haciéndolo único e irrepetible.

Manos inquietas, las mías, que buscan moverse al ritmo de las agujas de coser, quienes son mis aliadas en esta aventura de crear, y las telas, nobles compañeras que se amoldan a mis estados de ánimo al momento en que las utilizo para realizar esta aventura del bordado, del movimiento de las mismas, el subir, bajar con ritmos pausados y tranquilos pero seguros, haciendo puntadas grandes, pequeñas, medianas, no sé, lo que se me ocurre en ese momento; quizás me equivoco, desarmo, vuelvo de nuevo al trayecto que había dejado en su comienzo, o a lo mejor, no me equivoqué, sino que cambie de opinión y quise hacerlo de otra forma, lo que sí estoy segura es que mis puntadas nunca pero nunca van a ser las mismas de un momento a otro, porque todo depende de ese estado de ánimo que les comenté, y de lo que esté pensando mientras voy por ese camino del bordado.

Manos inquietas que juegan, se divierten, bailan, y agradecen el placer de ir acariciando las telas teñidas o estampadas mientras las voy interviniendo con mis puntadas delicadas o no pero que son sólo mías, decididas a inventar una figura que seguro nadie la ha visto en ningún otro lado y que al mirarlas, los lleva a pensar; que es lo que quiso transmitir esta artista?, o no piensan en nada, sólo observan, y está todo bien.

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