El Festival de Málaga acogerá el estreno de «Una conversación pendiente» la nueva apuesta cinematográfica de la directora Cecilia Gessa

Redacción

El cortometraje, que se estrenará el 7 de marzo en la Sección Oficial de Málaga, aborda la soledad en compañía y los sentimientos guardados durante años Carlos Bardem y Salva Reina dan vida a Santi y Raúl en esta íntima pieza sobre la vulnerabilidad masculina

¿Qué ocurre cuando un sentimiento guardado durante años ya no puede contenerse más? ‘Una conversación pendiente’, el nuevo cortometraje de Cecilia Gessa y su productora Gessas Producciones, que se estrenará el 7 de marzo en la sección oficial del Festival de Málaga, plantea esta pregunta en el contexto de una amistad masculina.

Con Carlos Bardem y Salva Reina como protagonistas, este cortometraje de 12 minutos explora territorios poco transitados en el cine español: el amor no correspondido entre amigos, la soledad en compañía y el peso demoledor de lo que nunca nos atrevemos a decir. . «Quería hablar sobre lo que callamos, lo que soportamos en silencio y lo que no nos atrevemos a confrontar«, explica la cineasta al abordar la génesis del proyecto.

Una directora que ha hecho del cine un altavoz para lo silenciado, suma un nuevo capítulo a su filmografía, que incluye temas como el aborto, la violencia de género, la bisexualidad tardía y el ecofeminismo.

Reconocida con el Premio Rayo Verde de la Academia de Cine y Greenpeace, el Premio MUM del Ateneo de Madrid y el Premio Linda Chacón por su trabajo como mujer cineasta, Gessa demuestra una vez más que el cine puede ser herramienta de transformación social sin renunciar a la excelencia artística ni a la independencia económica.

Una conversación pendiente

Tras la despedida de soltero de Raúl, este acude a la habitación de hotel de su amigo Santi para una última charla. Lo que parecía una conversación casual se convierte en una confesión inesperada que pone sobre la mesa décadas de silencio, amor no correspondido y la paradoja de sentirse profundamente solo incluso rodeado de quienes supuestamente nos conocen.

La elección de situar esta historia entre dos hombres no es casual. Gessa identifica en las relaciones masculinas un código particular de contención emocional: «Entre mujeres también sucede, pero siento que, tarde o temprano, esos sentimientos suelen exteriorizarse. En cambio, entre hombres me resultaba especialmente interesante por su carácter más hermético. Se mueven en terrenos más genéricos y menos personales, y los vínculos afectivos se viven bajo códigos de silencio, contención o incluso negación».

El cortometraje indaga precisamente sobre qué ocurre cuando un sentimiento profundo no encaja dentro de esas normas implícitas, explorando «la vulnerabilidad, los límites y la lealtad, así como la manera en que el amor —cuando no es correspondido— puede transformar una relación sin necesidad de romperla, pero sí obligándola a redefinirse«. El concepto de «soledad en compañía» atraviesa el relato de principio a fin. Para Gessa, este sentimiento se ha intensificado en la era de la hiperconexión: «Vivimos en una época de hiperconexión y sobreestimulación, expuestos a un flujo constante de información y a realidades muy diversas que no siempre son fáciles de gestionar psicológicamente«. La directora identifica una paradoja contemporánea: «Puede confundirse la sensación de estar acompañados o de tener ‘muchos amigos’, cuando en realidad ese vínculo es puramente digital. Ese supuesto apoyo es frágil y voluble: puede desaparecer en segundos y, cuando no está, aparece la frustración o la sensación de no ser nadie«. Desde que se comenzó a medir el valor personal en likes y seguidores, advierte, algo esencial en la comunicación humana se ha deteriorado. «Sentimos —o creemos— que estamos comunicados y disponibles todo el tiempo, y aun así cuesta encontrar espacios de verdadera intimidad emocional«.

La cinta transcurre durante una noche que avanza hacia el amanecer, un tránsito temporal que funciona como metáfora del viaje emocional de los personajes. «La noche representa un espacio de desinhibición, donde las barreras se relajan», explica Gessa, quien junto al director de fotografía Manuel Galán trabajó esta transición «como un proceso orgánico, casi imperceptible, que acompaña en paralelo esa primera conversación real y sincera entre dos amigos que, en el fondo, no se conocen». El amanecer no resuelve el conflicto, pero sí lo expone: «Permite que lo que estaba oculto empiece a hacerse visible, hasta desembocar finalmente en una sensación de liberación y de inicio de una nueva vida».

El escenario elegido —una habitación de hotel en el casco antiguo de Cuenca con vistas a la Hoz del Huécar— responde a una necesidad narrativa precisa. «La habitación de hotel es un espacio íntimo y, al mismo tiempo, neutral: no pertenece a ninguno de los dos personajes ni está cargado de historia«, señala la directora. «Quería que la habitación no tuviera protagonismo, que fuera funcional y contenida, casi invisible, como la relación que mantienen ambos amigos«. Sin embargo, necesitaba una ventana con vistas hacia la naturaleza, una apertura hacia el exterior que reforzara «la tensión emocional del momento y acompaña la transición del personaje de Santi«. Ese contraste entre el encierro interior y el exterior que despierta con los sonidos de los pájaros y la ciudad cobrando vida se completa con el trabajo sonoro y la producción musical de Ismael Guijarro y la canción Los que ganan, de Aldhara. «Escuchar la canción hasta el final de los créditos es clave para comprender ese último movimiento del personaje hacia una existencia más sincera«, subraya.

Para interpretar a Santi y Raúl, dos personalidades opuestas, Gessa eligió a Carlos Bardem y Salva Reina. «Santi es un hombre reservado, introvertido, que protege mucho su espacio personal y cuya distancia emocional forma parte de su manera de estar en el mundo. Para ese personaje necesitaba a alguien capaz de transmitir desde el silencio y la contención, y Carlos Bardem tiene esa presencia y esa profundidad que hacen que, incluso cuando no habla, esté contando algo«. Raúl, en cambio, requería lo contrario: «Salva Reina tiene una energía muy luminosa y cercana y una capacidad innata para romper el hielo y generar complicidad». Más allá del contraste, la química entre ambos actores resultó fundamental: «Tenían que parecer dos amigos que se conocen desde hace muchos años«.

El proyecto se suma a una trayectoria marcada por la autofinanciación. Gessas Producciones ha producido 26 proyectos audiovisuales sin subvenciones ni ayudas institucionales. «A día de hoy me siento muy orgullosa de mí misma en ese sentido«, reconoce la directora. «No hace tanto tiempo no era plenamente consciente del valor y la responsabilidad que implica«. El camino, admite, es complejo: «No se trata solo de que un proyecto sea mejor o peor para que funcione, sino de si cuenta o no con un respaldo institucional, más allá del económico —que, dicho sea de paso, siempre ayuda—, y que influye incluso en que determinados festivales decidan seleccionar o no una obra«. Por eso se hizo productora: «Para poder mover e impulsar mis proyectos además de aliarme con otras productoras (en esta producción somos 7) y que me parece una fórmula maravillosa, porque cada una aporta algo distinto y, en conjunto, hace posible cuidar a todas las personas del equipo y que trabajemos en buenas condiciones«.

Esta independencia le ha otorgado una libertad temática considerable. «La autofinanciación me ha dado una libertad temática y creativa muy grande. Me ha permitido elegir qué historias contar, desde qué lugar y con qué tiempos, sin que nadie me marque un camino cerrado«. Para Gessa, más allá de los temas concretos, existe un hilo conductor: «Lo que siempre me ha interesado es la psique humana: los sentimientos, las reacciones, las decisiones, nuestras frustraciones, miedos y decepciones, todo ese territorio profundo que nos define». Sus historias suelen nacer «de una pulsión y de la necesidad de comprender mejor aquello que estoy contando, de poner sobre la mesa lo vivido y compartir esas experiencias«.

A lo largo de su carrera, Gessa ha abordado la maternidad y el aborto (Dos latidos), la bisexualidad (Despierta), la violencia de género (Princesa) y la educación (Nuestros hijos). «No elijo los temas desde lo conceptual, sino desde la necesidad. Suelen ser historias que me interpelan personalmente o que siento urgentes en el contexto en el que vivo«, explica. El denominador común es «poner el foco en lo humano, en lo que normalmente se vive en silencio o en los márgenes, y abordarlo con empatía, sin juzgar». Su apuesta pasa por «un cine que observa, que acompaña y que genera preguntas más que respuestas, y que entienda lo personal como algo profundamente político«.

Sobre su condición de mujer cineasta, Gessa reflexiona: «Ser mujer en esta sociedad influye inevitablemente en mi sensibilidad y en la forma en que miro el mundo. Mis vivencias, mi experiencia vital y también lo que observo y leo cada día atraviesan los temas que me interesan«. Ese contexto también ha condicionado su camino: «He tenido que asumir más roles, tomar más decisiones y generar mis propias estructuras para poder sacar adelante los proyectos«. Cada proyecto refleja «no solo un momento de la realidad que compartimos, sino también de mi propio estado vital, de crecimiento y de evolución constante«.

Que el estreno de Una conversación pendiente sea en la Sección Oficial del Festival de Málaga la hace «inmensamente feliz». «Málaga es un festival clave, no solo por su visibilidad, sino por su compromiso con las nuevas miradas. Para mí supone una validación del camino recorrido«. Sobre la posibilidad de que el cortometraje llegue a los Goya, se muestra prudente: «Sería otro sueño por cumplir y un honor enorme», pero prefiere disfrutar del camino. «Para mí, el verdadero objetivo es la reacción del público. Creo firmemente que un proyecto puede ser un éxito sin llegar a los Goya. Aunque, siendo honesta, si ese reconocimiento llega, también facilita que futuros proyectos puedan salir adelante con mayor facilidad«.

Los próximos retos incluyen varios proyectos en distintos formatos. «Me gustaría este año poder rodar mi primer largometraje. Además, con un poco de suerte, volveré al teatro, que desde Fahrenheit 108 en 2021 no he vuelto y lo echo mucho de menos«. Como cineasta independiente, echa en falta «un diálogo más abierto y menos jerárquico con la industria». «Me gustaría que los recursos, la visibilidad y la confianza pudieran repartirse de forma más amplia, para que no siempre circulen en los mismos lugares«. Esa apertura, considera, beneficiaría al propio cine español, «que se enriquecería con más voces, más riesgo y más pluralidad». Su postura, sin embargo, es clara: «Lo que sí tengo claro es que ‘con o sin apoyo’ voy a seguir haciendo lo que más me gusta, crear«.

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