El patrimonio documental de Sigüenza. Memoria de una ciudad con muchos siglos de historia

Texto: Amparo Donderis Guastavino.  Archivera municipal de Sigüenza                                                                                                       

El Archivo municipal atesora el patrimonio documental constituido por  una serie de cartas reales concediendo privilegios a la ciudad,  que se remontan al año 1277,  y la documentación producida por los órganos de gobierno locales, destacando por su interés, los Libros de actas  de sesiones del Concejo o Ayuntamiento  conservados desde 1510.

En la ciudad de Siguença a XXXI de março de M D XXII años estando los señores de concejo de la dicha cibdad  ayuntados e llamados por su campana repicada segund que lo es de huso e de costumbre…

Han pasado quinientos años desde la redacción de esta llamada a concejo  municipal el 31 de marzo de 1522.  Desde entonces, se han sucedido muchas corporaciones, se han tomado miles de decisiones para hacer frente a los  asuntos de cualquier índole que acontecían en la ciudad. Sus vecinos han asistido como testigos de excepción a cuanto sobrevenía a su existencia en tiempos de paz o guerra, en épocas de esplendor o decadencia, en años de fortuna o de  infortunio marcado por hambre y epidemias.

La evolución de los usos y costumbres sociales, las transformaciones de la vida cotidiana, las  fiestas y  festejos, el desarrollo urbanístico de sus calles y edificios; el sistema económico y fiscal, la asistencia educativa y socio-sanitaria, han dejado su huella escrita como testimonio fiel de la historia de Sigüenza en los documentos que, fueron  ingresando sus autoridades, para su custodia  en el  Archivo municipal, conscientes de su valor como instrumento de legitimación de las actuaciones municipales y de justificación de los honores y distinciones alcanzados por la ciudad.

En pergamino o en papel, encuadernados o envueltos en un lienzo reciclado de un viejo cantoral; en formatos y escrituras diversas, en tintas de colores añil, carmesí y negro, los documentos  han sobrevivido a incendios, humedades y conflictos sociales.  Concebidos para garantizar los derechos y deberes ciudadanos, el tiempo les ha restado fuerza administrativa para imprimirles valor histórico y alcanzar la categoría de bienes integrantes del patrimonio histórico  documental de una ciudad que  merece ser Patrimonio de la Humanidad.

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