Estos seis pueblos de postal del Pirineu de Girona son perfectos para un ‘road trip’ invernal 

Redacción

Una selección de poblaciones con encanto en tres comarcas, la Garrotxa, el Ripollès y la Cerdanya, en las que esperan tesoros naturales, culturales e históricos que son ideales para recorrer en coche en esta temporada. 

El Pirineu de Girona alberga cumbres que rondan los tres mil metros, tranquilos valles, como la Cerdanya o el valle de Camprodon, y parajes mágicos como el valle de Núria. Además, cuenta con localidades singulares rodeadas de encanto natural, con un legado histórico y cultural que bien vale un road trip de varios días. Solo habría que coger el coche y empezar el recorrido en alguna de estas tres comarcas para descubrir sus pueblos de postal

La Garrotxa
Su joya natural más singular es el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa; el mejor exponente de paisaje volcánico de la península Ibérica, con cuarenta volcanes. Sin el legado del románico pirenaico, con edificios civiles y religiosos en diversas poblaciones.

Santa Pau

Es el claro ejemplo de pueblo medieval cuyo núcleo urbano se formó al abrigo del castillo de los barones de Santa Pau. El casco antiguo aún conserva la estructura urbana medieval, destacando la plaza Mayor; sin olvidar sus murallas, el castillo y sus calles empedradas, angostas y empinadas. Además, es naturaleza en estado puro y la puerta de entrada para visitar volcanes tan emblemáticos como el de Santa Margarida o el Croscat, incluso desde un globo. 

Oix y Beget

Afortunadamente, todavía quedan lugares como estos dos minúsculos pueblos, desconectados del mundo en el que vivimos y, al mismo tiempo, conectados estrechamente con la naturaleza, el silencio, la historia y las tradiciones. En ellos destaca la calma de la alta montaña, sus impresionantes riscos y sus grandes bosques de encinas y robles. Además, en Oix no hay que perderse la iglesia de Sant Llorenç y los restos del antiguo castillo; mientras que en Beget hay que pasarse por la iglesia de Sant Cristòfol, una reliquia del románico prepirenaico construida en el siglo X.

El Ripollès
En esta comarca el terreno se eleva hasta los casi tres mil metros, en cumbres como el Puigmal o el Bastiments, aunque sus preciosos valles también sorprenden. Asimismo, es un paraíso gastronómico y un lugar envidiable para el esquí, el senderismo y la BTT.

Església de Sant Cristòfol de Beget.
  •  Camprodon

El puente Nuevo (s.XII) de Camprodon es la imagen icónica de este pueblo de postal perfecto para realizar todo tipo de actividades de montaña, incluido el esquí en la estación de Vallter 2000. Además, se respira esencia medieval, y cuenta con una buena muestra de románico en el monasterio de Sant Pere, en la iglesia de Santa Maria o en Sant Cristòfol de Beget. También es una localidad conocida por la calidad de sus embutidos y la fabricación de galletas.

Ripoll 

Denominado cuna de Cataluña, es un municipio clave en la historia y la identidad catalanas, así como un enclave natural privilegiado bañado por los ríos Ter y Freser, rodeado de cumbres, bosques y prados. Además, conserva en magnífico estado un conjunto de arte románico único en el mundo y un centro de gran importancia en la Europa medieval: el monasterio de Santa Maria de Ripoll. La localidad vecina de Sant Joan de les Abadesses es otra joya de la época medieval, cuya abadía forma parte de la ruta de Tierra de Condes y Abades y participa del mito del conde Arnau.

La Cerdanya 
Esta comarca y valle pirenaico goza de más de 3.000 horas de sol al año, que permiten disfrutar de paisajes únicos y de deportes como senderismo, alpinismo, esquí alpino, escalada o marcha con raquetas de nieve. Asimismo, forma parte de la Vía Románica que cruza el Pirineo catalán. 

Llívia

Merangues

La pequeña localidad de Meranges con sus 1.539 metros de altitud es la puerta que da acceso a los lagos de Malniu, Mal, Amagats y al pico Puigpedrós (2.915 metros), la cumbre más elevada de la provincia de Girona. Se trata de un pueblo encantador de alta montaña —frontera con Andorra y Francia—, con calles empinadas y antiguas casas bajas.

Llívia

Este pueblo acogedor en la falda del Carlit, es como una isla de Cataluña en territorio francés. Construido a los pies de lo que fue un imponente castillo, hoy en ruinas, conserva la farmacia Esteve, de origen medieval y una de las más antiguas de Europa. En su núcleo antiguo hay que destacar también la torre de Bernat de So y su iglesia; mientras que sus alrededores, marcados por lagos y bosques, son perfectos para caminar y respirar aire fresco. 

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