Inteligencia social, emocional y liderazgo: la formación invisible de la infanta Sofía

Por Lucía Torres Jiménez. Psiquiatra y directora médica de Tranquilamente

La infanta Sofía ha comenzado sus estudios universitarios en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Forward College. Entre las materias que cursa este primer año en Lisboa hay una que resulta especialmente significativa: Inteligencia Social.

Más allá de lo académico, esta elección formativa es reveladora. Porque, en realidad, estas tres materias —inteligencia social, inteligencia emocional y liderazgo— no enseñan únicamente a comprender el mundo político o internacional: enseñan a comprender a las personas.

Y eso, en última instancia, es la base de cualquier convivencia, negociación o liderazgo.

Resulta llamativo que algo tan central para la vida humana esté tan poco presente en la educación tradicional. En la escuela aprendemos historia, matemáticas o literatura, pero rara vez se enseña a los niños y adolescentes a descubrir su propio sistema interno: por qué toman ciertas decisiones, qué emociones los mueven o qué necesidades profundas se esconden detrás de su comportamiento. Tampoco aprendemos a comprender qué ocurre dentro de los demás cuando actúan de determinada manera.

Sin esa comprensión, muchas de nuestras conversaciones se quedan en la superficie.

En consulta lo veo con frecuencia. Algunas parejas describen discusiones aparentemente interminables sobre pequeños asuntos de la vida cotidiana: la organización doméstica, decisiones rutinarias o detalles prácticos del día a día. Pero cuando uno escucha con atención, entiende que el problema nunca está realmente ahí. Esos temas son solo la superficie.

El conflicto real suele encontrarse más abajo: la necesidad de control de uno de los miembros, el miedo a lo que podría ocurrir si esa fantasía de control se pierde —el abandono, el rechazo o el contacto con la propia vulnerabilidad, o con la vulnerabilidad de la pareja—, o la sensación del otro de estar siendo invadido o sometido. Si la conversación se mantiene en lo superficial, no hay solución posible. Ninguna.

Es como intentar resolver un iceberg actuando solo sobre la parte visible: el esfuerzo puede ser enorme, pero el problema permanece intacto, porque la verdadera magnitud está bajo el agua.

Algo parecido ocurre también en la política y en las relaciones entre países: los desacuerdos visibles rara vez explican por sí solos la intensidad de los conflictos.

Comprender esa profundidad es precisamente lo que intenta desarrollar la inteligencia social. Aprender a mirar más allá de lo evidente, a entender qué puede estar moviendo a los demás y qué dinámicas se generan entre las personas.

En terapia, de hecho, el proceso suele comenzar ahí: en la conducta del otro. El paciente llega relatando lo que el otro hace, dice o provoca. Poco a poco, al comprender qué puede estar moviendo a esa otra persona y las dinámicas que se generan entre ambos, empieza a reconocer algo más incómodo y también más revelador: muchas de esas fuerzas que percibía fuera son las mismas que, en otras circunstancias, operan dentro de él.

Lo que al principio parecía incomprensible o intolerable en el otro empieza entonces a volverse reconocible. Y en ese momento se produce un cambio importante: dejamos de mirar solo lo social para entrar en lo emocional.

Por eso, en segundo curso, la formación evoluciona hacia la inteligencia emocional, que dirige la mirada hacia uno mismo. Implica desarrollar la capacidad de identificar las propias emociones, comprenderlas y gestionarlas. En nuestra cultura se habla mucho de emociones, pero rara vez se nos enseña a relacionarnos con ellas ni a comprender qué papel desempeñan en nuestras decisiones.

Sería algo parecido a explicar en qué consisten las matemáticas sin enseñarnos nunca a resolver un problema.

Por último, el tercer año introduce el liderazgo. Pero no entendido como la capacidad de imponer una dirección, sino como la capacidad de convertirse en un referente que facilita la cooperación, reduce tensiones y permite que los conflictos no escalen.

Porque cuando alguien comprende lo que ocurre dentro de sí mismo y también lo que puede estar ocurriendo en los demás, su forma de influir cambia. Ya no lidera desde la imposición ni desde la reacción, sino desde una comprensión más profunda de las dinámicas humanas.

La inteligencia social permite entender a los demás.
La inteligencia emocional permite conocerse a uno mismo.
Y el liderazgo consiste, en última instancia, en mostrar con el ejemplo que comprendernos —y tratar de comprender al otro— es siempre más eficaz que enfrentarnos desde la superficie.

No para manipular.
No para dominar.
Sino para acercarnos.

En una época en la que los conflictos tienden a escalar con facilidad, quizá una de las mejores preparaciones para representar a una sociedad sea precisamente esa: aprender a comprender lo que ocurre bajo la superficie.

Lucía Torres Jiménez es psiquiatra y directora médica de Tranquilamente. Su trabajo se centra en comprender las dinámicas internas que influyen en el comportamiento humano.

Compartir

Artículos relacionados

Lolita da voz a Poncia del 13 al 15 de marzo en el Teatro del Soho CaixaBank

EVA Madrid: Cuando el videojuego se convierte en deporte de estadio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  Al enviar tu comentario, aceptas que tus datos personales sean procesados por Diario Mas Noticias de acuerdo con nuestra Política de Privacidad.

La información sobre protección de datos establece que el responsable del tratamiento es Diario Mas Noticias, cuya finalidad es controlar el spam y gestionar los comentarios. La legitimación para dicho tratamiento se basa en tu consentimiento. Los datos no se comunicarán a terceros, salvo en casos de obligación legal. Como usuario, cuentas con los derechos de acceso, rectificación, portabilidad y olvido. Para ejercer estos derechos o realizar consultas, puedes contactar a administracion@diariomasnoticias.com. Para más detalles, consulta la Política de Privacidad.

LO + LEIDO

El cuento de Dorri

Desafíos legales e impacto de la exposición mediática en conflictos legales

El futuro del vino manchego se escribe en Villarrobledo: Conoce a Bodegas Don Octavio

Lucía Iglesias: «Entrenar a todo el mundo igual es la mejor forma de cargarte a un deportista»