Iván Palomares: Por primera vez en la historia de los Goya, logra su tercera nominación por mejor BSO en películas con una sola candidatura

Redacción

El compositor madrileño ha conseguido su tercera nominación a Mejor Banda Sonora Original con ‘Leo y Lou’, convirtiéndose en el único autor español que logra este hito con tres películas que han llegado a la gala con una única candidatura: la de su música

El compositor y director de orquesta español, Iván Palomares ha vuelto a componer una partitura histórica en los Premios Goya 2026. . Tras ‘En las estrellas‘ (Goya 2019) y ‘Las niñas de cristal‘ (Goya 2023), Palomares revalida su talento para crear universos sonoros que trascienden lo narrativo y se convierten en el verdadero motor emocional del relato cinematográfico.

Lo extraordinario del caso de Iván Palomares no es solo la continuidad de sus nominaciones, sino la singularidad de las mismas: tres directores diferentes —Zoe Berriatúa, Jota Linares y ahora el director de ‘Leo y Lou‘— han confiado en su capacidad para construir la identidad sonora de sus filmes, y en los tres casos, la Academia de Cine ha puesto el acento en su trabajo como para llevarlas a los Goya con una única nominación: la de BSO. Este hito evidencia que Palomares no se limita a acompañar la imagen, sino que su música se ha convertido en un elemento narrativo indispensable, capaz de sostener por sí sola el peso dramático y estético de una película.

Con una trayectoria consolidada que incluye trabajos para plataformas como Amazon Studios (‘La Templanza’), Netflix (‘Las niñas de cristal’) y Atresplayer (‘La cocinera de Castamar’), además de su formación en el prestigioso ASCAP Film Scoring Workshop de Los Ángeles y su premio en los Premios de la Música para el Audiovisual Español, Iván Palomares se perfila como uno de los compositores más innovadores y sensibles del panorama cinematográfico nacional.

«Es una mezcla agridulce«, reconoce Iván sobre este logro sin precedentes. «Por un lado, nos hubiera hecho feliz tener más nominaciones para el resto del equipo. Pero, a la vez, me siento muy agradecido y orgulloso de haber conseguido esta rara avis«, explica el compositor, quien destaca que esta distinción «confirma el buen momento que vive la música para audiovisual, la importancia creciente de la música en una película y, por supuesto, el proyecto de trabajo que llevo haciendo todos estos años«.

Para ‘Leo y Lou‘, dirigida por Carlos Solano, Palomares ha creado una banda sonora que define como «humana, muy sencilla y melódica, en busca de la mayor honestidad posible». La partitura parte de una estética folk con elementos gallegos, incorporando instrumentos como el pito pastoril galego, guitarras, flautas, piano y una pequeña orquesta de cuerdas, pero con un elemento distintivo que conecta con lo espiritual: el silbido. «Me parecía que conectaba con algo ligeramente más espiritual, casi como un Ícaro», explica Palomares sobre este recurso que aparece de forma puntual y como base del tema principal en la película.

Iván destaca la humanidad y cercanía de esta banda sonora, que «fue hecha para notar la presencia del solista que la interpreta». En este sentido, agradece especialmente el trabajo de Gabriel P. Kassner (Gabriel Kazz) en las guitarras, Efraím Díaz en las flautas y Joe Zieja en el silbido, así como el trabajo de mezclas de José Vinader y Olga Santos.

Palomares rechaza la idea de tener un «sello» compositivo propio: «No concibo mi trabajo con un sello, sino con un punto de partida a la hora de reflexionar sobre la función de la música en cada historia y el lugar que le corresponde», explica. Esta filosofía le ha llevado a crear tres bandas sonoras nominadas completamente distintas entre sí, desde la música etérea de ‘En las estrellas’ hasta la fragilidad cristalina de ‘Las niñas de cristal’, pasando ahora por la sencillez terrenal de ‘Leo y Lou’.

Sobre su supuesta responsabilidad como única embajadora de estos filmes en los Goya, el compositor es rotundo: «En absoluto. No lo siento así y, además, desmerecería el enorme trabajo que hacen los demás departamentos». Sin embargo, reconoce que «llegar por tercera vez a los Goya con películas pequeñas y directores distintos confirma algo, para mí, más importante: que una propuesta musical en este contexto pueda abrirse camino incluso sin grandes estructuras detrás. Eso ya es un premio».

De cara a la gala de finales de febrero, Palomares asegura estar viviéndolo «desde la gratitud y la tranquilidad». «Volver a estar en la conversación de los Goya es un auténtico premio. Más aún si es por tercera vez y con una música que no busca llamar la atención, sino simplemente quedarse», concluye.

¿Podrías contarnos cuándo y cómo surgió tu colaboración con el director de ‘Leo y Lou’? ¿Qué te atrajo del proyecto desde el punto de vista musical?

Con Carlos trabajé previamente en su cortometraje «Extraños en la Carretera», también nominado al Goya y, 10 años después, tras mucho esfuerzo, consiguió levantar «Leo y Lou», con ayuda de Zeta Producciones y su productora ejecutiva, Miriam Rodríguez, con quien yo acababa de trabajar recientemente en la segunda película de Alauda Ruiz de Azúa, titulada «Eres Tú». La buena sintonía de partida que había entre todos nosotros hizo posible hacer equipo. Desde el punto de vista musical, el reto era, sin duda, hacer música con elementos gallegos, ¡siendo madrileño! Pero, al igual que lo hice para otras series como La Pasión Turca o la Templanza, donde me asomé al abismo de componer música de otra tradición (música Otomana o Flamenco), el reto y las ganas superaban ampliamente al miedo. Y, por supuesto, por la historia preciosa que hay detrás…ese diálogo entre una niña muda y un adulto perdido que se encuentran en el camino. Como imagen del diálogo con uno mismo, abría muchas puertas a hacer algo bonito con la música.

¿Cuál fue el punto de partida para crear la banda sonora de ‘Leo y Lou’?

Tras muchas, muchas conversaciones y pruebas entre productora, director y yo, decidimos que la música de Leo y Lou tenía que ser sencilla, honesta, que funcionara emocionalmente entre los silencios de los personajes, sin avasallar, desde la sencillez y el alma de músicos solistas. Hay un par de escenas más cinemáticas y animadas, en concreto la competición de Pesca, por ejemplo, pero toda la carga emocional está muy contenida, reducida al mínimo para que respire sin imponerse.

¿Con qué orquesta has grabado esta banda sonora? ¿Hubo algún momento especialmente emocionante o desafiante durante las sesiones de grabación?

La parte orquestal ha sido realizada con la sección de cuerdas de la orquesta «Mad4Strings», en Madrid, en Estudio UNO. Lo más desafiante fue que los músicos entendieran el concepto musical sin las referencias que, cuando grabamos, no teníamos aún listas en la sesión, para que las escucharan durante la grabación (guitarras, ritmos, etc). La orquesta, salvo en un par de bloques, tuvo una función de apoyo armónico y emocional, pero no melódico, sino casi desapercibido, para dejar espacio a los músicos solistas. Cuando una orquesta toca tu música sin tener información previa, busca referencias melódicas, rítmicas o estéticas para vibrar como conjunto. En este caso, como ya habían grabado otras músicas conmigo, creo que esperaban una música distinta de la que grabamos y para mí fue más desafiante mantener la dinámica de grabación sin estos contextos.

Has trabajado con tres directores completamente diferentes en estas tres nominaciones. ¿Qué te atrae del cine de autor y cómo adaptas tu lenguaje musical a visiones tan distintas sin perder tu propia voz como compositor?

Me atrae del cine de autor que, salvo contadas excepciones o algunas escenas concretas de una película, en general hay un espacio para la creatividad, la experimentación y, sobre todo, para la conversación previa a la composición, sin tener que recurrir a músicas preexistentes para ilustrar una idea o concepto. Creo que la voz personal sale de una mezcla de técnica, intuición, oficio y elementos musicales que resuenan en uno mismo de manera recurrente, pero no es algo que ponga sobre la mesa a la hora de trabajar. Me interesa principalmente que el concepto musical, la propuesta y la dirección que hemos consensuado entre director/a o productores sea la más adecuada y trabajar desde ahí.

¿Qué tipo de atmósfera o mundo emocional has buscado construir en ‘Leo y Lou’?

En este caso, quería algo muy terrenal, muy humano y muy sencillo acústicamente pero que a la vez (y ahí estaba la dificultad)…fuera interpretable también como una pequeña fábula, para no caer en un drama existencial.

Podíamos haber sido intencionalmente más profundos, poéticos con la imagen, pero en las primeras pruebas en esa línea nos dimos cuenta de que lo poético alejaba a los personajes de su realidad más terrenal y añadía una capa de nostalgia inadecuada para el tono global de la película. En Leo y Lou, finalmente, ese limbo está más en lo espiritual, en conjunción con las imágenes y el concepto de viaje, con el uso del silbido en contadas ocasiones, pero lo emocional que ocurren en los personajes pasa por notas rasgueadas y mantenidas en el tiempo de una guitarra o de una flauta que suena cuando Leo habla, por ejemplo, de sus padres.

¿Crees que la música de ‘Leo y Lou’ funciona como contrapunto narrativo, como sucedía en tus anteriores nominaciones, o en este caso acompaña de forma más sincrónica a la imagen?

Para todo el concepto emocional, se buscó expresamente una distancia que no fuera abiertamente sincrónica con la imagen. Por ejemplo, al inicio de la película, la soledad y tristeza de Leo se refleja en esos juegos en la clase de Gimnasia, en la que acaba recibiendo un balonazo. No hay ninguna sincronía de manera explícita, precisamente para ilustrar esa distancia emocional que siente desde el principio en un entorno de juego. Y cuando podríamos haber pegado musicalmente esa soledad a algunos primeros planos de Leo, nos pareció más interesante y bonito seguir alejando la sincronicidad porque aumentaba, precisamente, esa sensación de desconexión.

Poco a poco, en la película, según avanza emocionalmente y Leo se encuentra mejor, se recupera esa sincronicidad (sobre todo en secuencias más de viaje o de aventuras) para generar un efecto más cinemático (al uso). Pero, en general, toda la parte emocional busca desprenderse de la sincronicidad con la imagen siempre que puede.

Sin hacer spoilers, ¿hay alguna escena en particular de ‘Leo y Lou’ donde sientas que la música alcanza su máxima expresión o donde estés especialmente orgulloso del resultado?

Hay una escena preciosa, con una fotografía espectacular y una interpretación maravilloso de Isak Ferriz, la escena del Faro, que es un punto de inflexión emocional para él, con unas vistas a un mar calmado que parece escuchar su propio monólogo. Mi relación con el mar es muy parecida (¿Cómo la de todos, imagino?) y en esas conversaciones, el mar siempre parece escucharte desde una calma infinita. Me gustó mucho componer esa escena desde esas cuerdas que simulan esa escucha, a la que se le suma la guitarra, lo humano.


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