Por Alex Palmer
Antes de ser madre, yo era una persona funcional. Mis cojines estaban esponjosos, el suelo se veía, y no había que mover seis peluches para poder sentarse en el sofá. Mi lema era: «Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar». Después llegó el bebé, y con él, un pequeño y adorable tornado con manos. La casa dejó de ser un hogar y se convirtió en un campo de pruebas para la ley de la entropía. Si la Segunda Ley de la Termodinámica necesitara un ejemplo práctico, le presentaríamos mi salón a las 5 de la tarde.
La peor parte no es el desorden, es la culpa. Es esa vocecita interna, alimentada por el perfeccionismo de las revistas de decoración, que susurra: «Mira qué desastre. Eres una mala madre, si estuvieras más organizada, tu casa estaría impoluta» .¡Basta! Hoy declaro mi casa no como sucia, sino como «Desordenada Creativamente». Es la prueba viviente de que aquí ocurren cosas divertidas y, lo más importante, de que su madre tiene otras prioridades.
Guía de Niveles
El Caos Funcional. Para ayudaros a evaluar el estado de vuestras propias zonas de supervivencia, he creado la Guía de Niveles del Desorden Materno.
Nivel 1. Pre-Visita de Abuela‘. Todo lo que ves está superficialmente ordenado, escondido en cestos sin tapa o metido en el primer cajón. La cocina está casi limpia. Estrés bajo. Es manejable si nadie mira dentro del armario.
Nivel 2. El Rastro del Tiranosaurio Rex’. Juguetes, libros y migas en el suelo. Ya no sabes si ese rastro de líquido pegajoso es zumo o una baba misteriosa. Se empieza a ver la ropa limpia esperando ser doblada. Ansiedad media. Te disculpas automáticamente cuando abres la puerta.
Nivel 3. Zona de Desastre Post-Tsunami de Juguetes’. Hay más juguetes que suelo visible. Necesitas habilidades parkour para llegar al baño. La mesa del comedor es un cementerio de proyectos de manualidades a medio terminar. Agotamiento. Te rindes y decides que es «la personalidad de la casa».
Nivel 4.El Expediente X del Refrigerador’. El Nivel 3 más platos sucios acumulados y una verdura en la nevera con vida propia y peluda. Los calcetines perdidos ya no se buscan, se consideran ofrendas a los duendes del lavadero. Culpa alta. Te preguntas si deberías llamar a una unidad de descontaminación.
Nivel 5.La Lavadora No Lava Sola. ¡Alarma! La cesta de la ropa está rebosante y has empezado a usar ropa interior de emergencia que habías jurado no volver a ponerte. Esto es el caos absoluto donde la funcionalidad se ha perdido. Pánico. Es hora de poner una lavadora (y luego olvidarte de tenderla).
Mi casa suele fluctuar entre el Nivel 2 y el Nivel 3. Y sí, si me pides la «prueba del suelo» (un examen rápido para ver si el suelo está apto para consumir alimentos), la suspenderíamos automáticamente.
Un Mensaje de Desarme: La Verdadera Mala Madre
Vivimos en una cultura que nos dice que el orden externo equivale al éxito interno. Que si la casa es un templo, eres una madre excelente. Pero tengo una revelación importante: la limpieza obsesiva es incompatible con la primera infancia. Si pasas tus tardes persiguiendo migas, regañando a tus hijos por el juguete que acaban de sacar, o doblando ropa a medianoche con una linterna para no despertar a nadie, estás perdiendo algo valioso: tu paz mental. La verdadera «mala madre» no es la que tiene una pila de platos esperando. Es la que pierde la oportunidad de sentarse en ese sofá desordenado, abrazar a su hijo y beberse un café (frío, por supuesto) en silencio, porque está demasiado ocupada persiguiendo un ideal imposible de perfección doméstica.
El caos es una señal de que la vida está ocurriendo. De que se está jugando, creando, riendo y, sí, también ensuciando mucho. Así que, la próxima vez que te sientas culpable por el «Desorden Creativo» de tu hogar, recuérdate a ti misma que tienes dos opciones: 1) Estar de mal humor con una cocina brillante, o 2) Estar feliz con Palitos de Pescado y un salón que parece que acaba de pasar un terremoto.

