Por Clara Paz e Inés López
El director estrena el próximo 19 de marzo Border (la aspereza), en la Sala Teatro Cuarta Pared de Madrid, una comedia negra que disecciona nuestra ira cotidiana, el individualismo feroz y las estructuras que nos empujan al límite.
En una sociedad que parece vivir al borde de un ataque de nervios, el teatro se alza no solo como un espejo, sino como un espacio de descarga y reflexión. Tras el éxito de su estreno en octubre, Pedro Casas regresa a las tablas este 19 de marzo con Border (la aspereza). Esta pieza, nacida de la Compañía del Señor Smith, no es un evento aislado; es el segundo capítulo de lo que Casas denomina la «Trilogía de la Incertidumbre«, un proyecto ambicioso que busca cartografiar los miedos y las tensiones del ser humano contemporáneo.
El origen de la aspereza: ¿Por qué estamos tan enfadados?
La trayectoria de Pedro Casas está intrínsecamente ligada a la Compañía del Señor Smith, un colectivo de egresados de la RESAD cuya filosofía se basa en crear lenguajes contemporáneos para historias de hoy. Tras explorar la falta de control sobre el destino en La ligereza (primera parte de la trilogía), Casas pone ahora el foco en los límites y las estructuras que nos asfixian.
«Cuando empezábamos el montaje, nos preguntábamos: ¿por qué siempre estamos como enfadados? Parece que todo el mundo nos molesta«, explica Casas durante nuestra entrevista. Para el director, esta «aspereza» no es gratuita. Es el resultado de un análisis poliédrico que abarca desde lo externo —vidas precarias y situaciones laborales injustas— hasta lo más íntimo: un exceso de ego e individualismo.
Una oficina pública como campo de batalla
La premisa de Border es tan cotidiana como inquietante. Seis desconocidos terminan a golpes en una oficina de atención al usuario del Ayuntamiento de Madrid. Lo curioso es que ni ellos mismos saben cómo empezó la pelea. A partir de ese estallido, la obra retrocede para desgranar las vidas de estos seis personajes y entender qué los llevó a ese punto de no retorno.
«Lo que hacemos es un recorrido sobre las posibilidades de que nos esté pasando esto«, comenta el director. «Por un lado, están las estructuras de creencias, lo que nos han dicho que nos va a hacer felices y que, al ver que no ocurre, no sabemos cómo pararlo«. Pedro señala que vivimos en un estado de «yoísmo» constante, donde nuestras necesidades chocan frontalmente con las de los demás, convirtiendo cualquier interacción en un conflicto potencial.
Reivindicar la ira como motor de cambio
Uno de los puntos más provocadores de la obra es su visión sobre la negatividad. Mientras que la sociedad actual nos empuja a ocultar la frustración, Casas propone una relectura de la aspereza.
«La aspereza no es solo un lugar malo. Todos los logros que hemos conseguido a nivel político o social han sido a través de espacios de resistencia«, afirma con contundencia.
Para ilustrarlo, la obra utiliza una metáfora visual potente: una rueda solo avanza porque existe una resistencia contra el suelo. Bajo esta premisa, Border invita a entender que enfadarse, a veces, es necesario para mejorar las cosas. No se trata de descargar la ira contra cualquiera, sino de saber qué hacer con ella: «A veces es necesario ser absurdo, gritar… gritar es un fin en sí mismo y te ayuda a descargarte«, añade el director.
El público toma la palabra
Fiel al estilo de la compañía, Border apuesta por el teatro físico y un «dispositivo de participación«. Aunque la obra es independiente de su predecesora, comparte este mecanismo donde el público debe tomar decisiones en un momento determinado de la función.
Casas reconoce que estos mecanismos son limitantes en cuanto a la trama, pero esenciales para la experiencia: «Es la mejor manera de que el público se confronte con lo que está viendo. Se le da la capacidad de decidir y ahí es cuando la gente se pregunta: ¿Qué haría yo?«.
Reírse en el borde del abismo
A pesar de la profundidad del análisis social, Pedro Casas tiene claro que el vehículo principal es la comedia negra. El objetivo es que el espectador se reconozca en situaciones límite y pueda reírse de sus propias miserias y de las de su entorno.
«Es una forma de reírnos de nosotros mismos. Los personajes están tan al límite que resultan familiares; dices: ‘mi familia es así’ o ‘mis amigos son así‘», confiesa Casas. En última instancia, Border (la aspereza) no busca dar respuestas cerradas a la complejidad humana, sino invitar a mirar tanto hacia afuera —a las estructuras sociales— como hacia adentro, a ese ombligo individualista que a menudo nos impide ver al otro.
Si algo espera Pedro Casas de quienes acudan al teatro a partir del 19 de marzo, es que se lo pasen bien y que, al salir, se lleven una pequeña semilla de reflexión sobre por qué, a veces, necesitamos esa fricción para seguir rodando.

