SEGUNDA PARTE: tradición, memoria y el sabor auténtico de México

Redacción

En un contexto en el que la industria agroalimentaria mexicana busca reafirmar su identidad frente a los grandes mercados globales, surgen proyectos que no solo apuestan por la calidad del producto, sino también por la memoria, la tradición y el arraigo a la tierra. Uno de ellos es SEGUNDA PARTE, una casa vinícola fundada en 2020 que ha sabido convertir el recuerdo familiar en una propuesta sólida dentro del panorama vitivinícola nacional.

El origen de SEGUNDA PARTE está profundamente ligado al estado de Aguascalientes, una región que, aunque menos mediática que otras zonas vinícolas del país, posee una larga relación con el cultivo de la vid. Allí se sitúan los viñedos que marcaron la infancia y la memoria de quienes hoy impulsan este proyecto. Pero, por encima del territorio, la verdadera raíz de la bodega se encuentra en la figura de Don Ramiro Acosta, viticultor durante más de tres décadas, activo desde los años sesenta hasta los noventa, cuya dedicación al campo dejó una huella imborrable.

Don Ramiro no solo cultivó uvas: cultivó una forma de entender el trabajo agrícola basada en la paciencia, el respeto por los ciclos naturales y el compromiso con la calidad. Su legado no quedó reducido a una anécdota familiar, sino que se transformó en el eje central de una empresa que lleva por lema una declaración clara y directa: “Por amor a Ramiro Acosta”. Esta frase no funciona como un simple recurso emocional, sino como una guía ética que atraviesa todo el proyecto.

Vinos con identidad y narrativa propia

SEGUNDA PARTE produce actualmente vinos tinto, rosado y blanco, además de un Clericot embotellado, una propuesta poco habitual en el mercado que responde a una visión más abierta y contemporánea del consumo de vino. La producción se caracteriza por procesos cuidados, series limitadas y una atención especial a los detalles, desde la selección de la uva hasta el diseño final de cada botella.

Un rasgo distintivo de la bodega es que todas sus botellas incluyen una dedicatoria, convirtiendo cada pieza en un objeto cargado de significado. En un sector donde la estandarización es frecuente, esta decisión refuerza el vínculo entre productor y consumidor, y subraya la dimensión humana del vino como producto cultural.

Más allá de las variedades, el proyecto apuesta por transmitir una historia. Cada etiqueta funciona como un relato silencioso que conecta pasado y presente, reivindicando la herencia vitícola mexicana y demostrando que el vino nacional puede competir en calidad sin renunciar a su identidad.

Del vino al mezcal: una apuesta por la diversidad mexicana

La visión de SEGUNDA PARTE no se limita al ámbito vinícola. En coherencia con su filosofía de respeto por las tradiciones y los procesos artesanales, la empresa también es productora de LUNA DE AGAVE, un mezcal artesanal certificado elaborado en el estado de Oaxaca, cuna histórica de esta bebida emblemática.

LUNA DE AGAVE nace con un objetivo claro: preservar el carácter auténtico del mezcal, cuidando cada etapa de su elaboración. Desde la selección de agave de primera calidad hasta los métodos tradicionales de cocción, fermentación y destilación, el proceso se desarrolla con un profundo respeto por los saberes ancestrales.

En un mercado donde el mezcal ha experimentado un crecimiento exponencial —no siempre acompañado de prácticas responsables—, la apuesta por un producto certificado y artesanal adquiere un valor especial. LUNA DE AGAVE no busca la producción masiva, sino la excelencia, el equilibrio y la fidelidad a un origen que forma parte del patrimonio cultural de México.

Tradición, territorio y futuro

Tanto SEGUNDA PARTE como LUNA DE AGAVE representan una forma de entender la producción agroalimentaria que va más allá de lo económico. Se trata de proyectos que dialogan con el territorio, generan identidad y contribuyen a poner en valor regiones y oficios que durante décadas han sostenido la economía rural del país.

El auge del vino mexicano y el reconocimiento internacional del mezcal han abierto nuevas oportunidades, pero también plantean desafíos: sostenibilidad, protección del origen, respeto por las comunidades productoras y transmisión del conocimiento tradicional. En este contexto, iniciativas como estas funcionan como referentes de un modelo más consciente y responsable.

México en cada botella

La historia de SEGUNDA PARTE es, en última instancia, una historia sobre México y su capacidad para ofrecer productos con alma. Vino y mezcal se convierten aquí en vehículos de memoria, en formas líquidas de contar quiénes somos y de dónde venimos. Cada botella es un recordatorio de que la tradición no está reñida con la innovación, y de que el futuro del sector pasa por mirar al pasado con respeto.

Porque México tiene mucho que ofrecer, y proyectos como este lo demuestran desde la tierra, el trabajo honesto y la pasión heredada. No se trata solo de beber vino o mezcal, sino de participar en una historia que sigue escribiéndose, sorbo a sorbo, generación tras generación.

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