Por F.J. Sánchez
Es tu presencia horizonte amanecido,
Manglar furioso, enajenado,
Arena en el zapato encharcado
Y aún así en mi pecho enaltecido.
Es tu mirar sereno y apaciguado,
A mi corazón en ristre, embravecido,
Que ser o no siendo enloquecido,
El atardecer llega siempre menguado.
Eres letra cincelada a conciencia,
El rastro en la playa de arena gruesa,
Que todo lo alivia y lo espesa.
Escapas de toda fe y de la ciencia,
Lanza que a la vez todo lo atraviesa
Y rompe con dulzura mi resistencia.
¿Conocen ustedes la cita del célebre libro El principito en la que el zorro le dice al niño “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante«?. Les pongo en contexto,
prometo ser breve: imagínense que están lejos de su hogar porque una guerra cruel como lo son todas lo ha destrozado y que el único refugio es la imaginación y la vuelta a la infancia a
través de un cuento; pues bien, esto es lo que hizo el francés Antoine de Saint-Exupéry, y el resultado fue una obra que a día de hoy es una obra de culto sobre los valores que se verdad
merecen la pena, uno de los más lujosos en estos días de vaivenes huracanados es pasar tiempo haciendo lo que nos gusta o con quien nos gusta estar, por eso el zorro cuando conoció al principito quien inició un viaje en pos de la felicidad le dijo que lo importante no eran las cosas per se sino por el tiempo que le dedicamos a cultivarlas: un amor, un jardín, una biblioteca o una vieja amistad.
De ahí el título del poema que encabeza este texto, hay veces que las presencias aún ausentes y dolorosas son las que realmente nos completan como personas felices y casi íntegras; y digo casi porque al ser humano le resulta muy complicado casi imposible llegar a la integridad absoluta, ¿no les parece? Hay que ser felices, al menos luchar por ello, aunque a veces nos duela no poder serlo.
Yo estoy inmerso en una etapa en la que recuperar viejas amistades se ha convertido en una prioridad (en otra ocasión hablaré de la ardua e intensifica tarea que supone crear nuevos
lazos) y no hay nada mejor que volver a un campo que ha estado en barbecho durante muchos años pero que solo ha necesitado la semilla de la buena voluntad y de la determinación para que vuelva a germinar; y lo mismo se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida, si a usted le gusta leer y lo dejo retome la lectura, si dejó de hacer senderismo, levántese del sillón y muévase, si le gustaba conversar con ese amigo o amiga olvidado en la agenda telefónica, inténtenlo de nuevo, póngase en contacto con esa persona y dense el gusto compartido de tomar un café y compartir tiempo y vivencias.
Les aseguro que serán un poquito más felices y que el camino les será un poquito menos tortuoso.

