Redacción
La Compañía exlimite, Recycled Illusions y Arteico presentan «Una forma de vida» de Amélie Nothomb
Isabelle Stoffel y Juan Ceacero llegan por primera vez juntos a La Abadía con «Una forma de vida», una adaptación teatral de la aclamada novela homónima de la escritora belga Amélie Nothomb.
El cuerpo se convierte en el gran protagonista de la obra en una relación que carece de encuentro físico. La irrealidad del cuerpo monstruoso de Melvin nos sumerge en una revisión sui generis del relato de Frankenstein, donde la autora nos plantea un juego de espejos, de mise en abîme, donde de manera difusa nos revela cierta naturaleza del proceso creativo, de la obsesión creadora, de la necesidad de un sentido o una misión para soportar la existencia. Cuerpo y mente coexisten por separado; escritura y corporalidad, realidad y ficción, deseo y muerte.
“Deseo existir para usted”, le escribe un soldado americano destinado en la guerra de Irak en una carta a la novelista belga Amélie Nothomb. Así comienza una relación epistolar en la que la autora, atrapada en su compulsión por responder a cada lector, se sumerge en el mundo del soldado Melvin Mapple, quien le revela la relación que tiene con su cuerpo. Cada guerra tiene sus adiciones: en Vietnam muchos soldados dependían del opio para aguantar el horror, en Irak la obesidad fue declarada la enfermedad de la guerra. Melvin Mapple ha aumentado 100 kilos desde su llegada a Bagdad. Cada día, al volver del campo de batalla, intenta tapar el vacío interior devorando ingentes cantidades de comida basura. El soldado concibe su cuerpo como el territorio para su propia creación y sabe que la autora lo entenderá. La creación de Melvin es su propia grasa.
¿Dónde están los límites entre la realidad y la ficción cuando no puede mediar el cuerpo en una relación? ¿Cuándo la ficción comienza a erosionar la veracidad del relato? ¿Qué se esconde y qué se muestra? Esta obra ofrece la posibilidad de crear una escena donde prime la palabra y el ‘cuento’ del soldado Melvin, que a la manera de Sherezade, nos fascine y nos coloque frente a su exceso. Donde podamos sumergirnos en la mente de una Amélie ambivalente y escurridiza, que a través de la correspondencia con el soldado desgrana una identidad líquida y difusa. Donde la ironía, el autocastigo, la obsesión y la huida de sí misma, configuran un personaje que es a la vez el propio relato, su narradora y su creadora.
Nothomb vuelve a no dejarnos indiferentes, a revolvernos el cuerpo y el alma con una reflexión sobre el cuerpo y la manera de entender la vida, con un diálogo sobre la creación del cuerpo y la supervivencia.

