XXI Copa del Rey Repsol de Barcos de Época: El renacer de la élegance Náutica de Menorca

Redacción/Fotos: Nico Martínez

El mar Mediterráneo, testigo secular de hazañas marítimas, se engalana una vez más para recibir la XXI edición de la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época, un evento que trasciende lo deportivo para convertirse en un ballet de madera, lona y tradición. Del 26 al 30 de agosto, el puerto de Mahón ver desfilar a 30 embarcaciones históricas, cuatro de ellas colosos centenarios que susurran al viento sus leyendas: Mariska (1908), Tuiga (1909), Cariad (1896) y The Lady Anne (1912), esta última defendiendo el título en la categoría Big Boats bajo el armador Jaime Botín.

Un Palmarès de Leyenda

La regata, organizada por el Club Marítimo de Mahón con el respaldo de Repsol y las instituciones menorquinas, no es solo una competición, sino un tributo al patrimonio náutico. Este año, la flota se divide en cinco categorías meticulosamente definidas por el Comité Internacional del Mediterráneo:

⦁ Época (construidos antes de 1950, con aparejo de Cangreja o Bermudiano).
⦁ Clásicos (décadas de 1950 a 1970).
⦁ Espíritu de Tradición (réplicas fieles).
⦁ Big Boats (esloras superiores a 23 metros).
⦁ Goletas (nuevo añadido para veleros de dos o más mástiles).
Entre los participantes destacan joyas como el Rowdy (1916), el Gipsy (1927) o el Manitou (1937), este último famoso por haber sido el yate presidencial de John F. Kennedy.

Agenda de un Clásico

Tras la jornada técnica del 26 de agosto (mediciones y briefing), la competición arrancará el 27 con cuatro días de regatas costeras, diseñadas para exhibir la elegancia de estos veleros en aguas de Mahón. Las salidas, a las 12:30 horas, prometen un espectáculo visual único, donde la táctica se mezcla con la poesía de velas al viento. El 30 de agosto, a las 19:30 horas, la ceremonia de trofeos pondrá broche de oro a un evento que es, además, puntuable para el circuito The Mediterranean Champions Cup y el Trofeo Clásicos Mare Nostrum.

Menorca, Escenario de Ensueño

La isla, con su puerto natural más grande del Mediterráneo, ofrece un marco incomparable para esta cita, que atrae a armadores y coleccionistas de todo el mundo. «No es solo una regata; es un reencuentro con la historia», señala un portavoz del Club Marítimo de Mahón, que espera superar los 45 barcos de 10 países de la edición anterior.

«Navegar en un barco de época es como tocar un Stradivarius: cada detalle, cada grieta, cuenta una historia», reflexiona un veterano participante. Y es precisamente esa emoción intangible —sumada al rigor competitivo— lo que convierte esta copa en un must del calendario náutico global.

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