viernes, abril 19, 2024

Belice: un pequeño país rebosante de cultura, aventuras y naturaleza

Redacción

Belice es un pequeño país latinoamericano que se encuentra entre México, Guatemala y el mar Caribe, y sorprende por su gran mezcla de culturas, unos fondos marinos increíbles y unas junglas que albergan entre ellas asentamientos y pirámides mayas. A diferencia de su vecino México y sus populares pirámides mayas, como las de la península de Yucatán, las de este país son mucho menos conocidas y es un turismo más rústico. Su barrera de coral es la segunda más grande del mundo, por detrás de la australiana y en el interior cuenta con parques nacionales y reservas naturales que albergan en su interior muchos resquicios mayas y una vegetación tropical sorprendente.

El gran reclamo turístico de Belice es el Gran Agujero Azul (The Great Blue Hole), una de las grandes maravillas naturales y marinas del mundo. Bucear o hacer snorkel en la zona será una experiencia única: un cenote con un diámetro de trescientos metros y ciento veintitrés de profundidad donde la presencia de animales marinos es tan abundante que se considera uno de los mejores lugares del planeta para disfrutar del buceo. Además, se puede apreciar su majestuosidad desde las alturas, en una excursión en avioneta. Otro paraíso para los amantes del buceo es el Shark Ray Alley, uno de los principales destinos de buceo con tubo de la reserva marina Hol Chan, una zona protegida de la barrera de coral de Belice. En esta zona se puede nadar y bucear entre tiburones nodriza y rayas de espina.

En los cayos se puede pasar el día practicando windsurf, kayak o surf a remo, incluso nadar o pescar. El destino vacacional paradisiaco por excelencia de Belice y del mundo es el Cayo Ambergris, también conocido como Isla Bonita por la famosa canción de Madonna. Esta isla de tan solo 40 kilómetros de largo y ocho de ancho ofrece una de las noches más animadas del país, así como buenos spas o playas para relajarse y disfrutar de la tranquilidad más paradisiaca.

Otro sorprendente cayo es el Cayo Caulker, donde el lema “Sin camiseta, sin zapatos… sin problemas” es casi una religión a seguir. Una isla de calles sin asfaltar y señales de tráfico que advierten a los carritos de golf y bicicletas ir lento es un destino perfecto para practicar windsurf o kite board, ya que el viento sopla casi siempre. Además cuenta con unos espectaculares manglares que muchos disfrutan a través de un recorrido en kayak, aunque otros optan por ir a la isla para disfrutar de las hamacas y las playas de este paraíso terrenal.

Pero Belice no solo sorprende por sus espectaculares costas e islas, sino que en el interior del país se encuentra una enorme red de parques nacionales y reservas naturales que acogen desde los animales más diminutos a animales como el tapir o jaguar, además de una flora tropical muy abundante. Junto a los ríos y lagunas también hay una gran variedad de aves, ejemplo de ello es Crooked Tree Wildlife Sanctuary: un pueblo de pescadores y agricultores junto a una pintoresca laguna que atrae a cientos de aves migratorias.

Para disfrutar de junglas en estado puro, montañas y cascadas conviene adentrarse en los parques nacionales de Mayflower Bocawina o Cokscomb Basin Wildlife Sanctuary, siendo este último el santuario de jaguares más famoso de Belice. También conviene recorrer los distintos asentamientos mayas que se encuentran en el país. El mayor de ellos es Caracol, cerca de la frontera con Guatemala. Pasear entre los templos, palacios, talleres artesanos y mercados de esta ciudad maya es una de las mejores experiencias para sentir el poder y la majestuosidad maya. Del mismo modo, el asentamiento de Altun Ha es el más pequeño de los asentamientos mayas pero guarda sorprendentes edificaciones como el Templo de los Altares de Mampostería o una plaza central sobre la que se sitúan unos diez edificios distintos.

Finalmente, el pueblo garífuna de Hopkins es una pequeña localidad acogedora y particular por sus ceremonias de tambores en el centro percusionista Lebeha. La vida en este pueblo no ha cambiado mucho en las últimas décadas ya que, en la única calle del pueblo, se pueden encontrar niños que venden pasteles de coco y chocolate caseros y los pescadores pescan de día y de noche tocan el tambor. Es un destino ideal para experimentar en primera persona el ritmo de vida lento que les caracteriza.

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