Redacción
Una Causa de Fondo en Cada Partido
Billie Jean King nunca fue solo una jugadora de tenis; fue una revolucionaria en zapatillas. Nacida en Long Beach, California, dominó las canchas ganando 39 títulos de Grand Slam. Sin embargo, su verdadero legado se forjó en la lucha por la igualdad y el respeto, mucho más allá de las líneas blancas de la pista.
En la década de 1970, la discriminación salarial y el sexismo eran la norma en el deporte. King, junto a otras atletas, alzó la voz ante la flagrante diferencia de premios entre hombres y mujeres, un acto que condujo a la creación de la Women’s Tennis Association (WTA).
La Batalla que se Jugó Fuera del Deporte
El acto de superación más icónico de King no fue ganar un major más, sino aceptar un desafío social y político disfrazado de partido de tenis.
En 1973, Bobby Riggs, un excampeón que se autodenominaba «cerdo chovinista», desafió públicamente a la mejor tenista femenina para «demostrar» la inferioridad del deporte femenino. King aceptó, entendiendo que este partido, conocido como la «Batalla de los Sexos», era mucho más que un juego. Era una declaración de la valía y la capacidad de todas las mujeres.
La presión era inmensa. Si King perdía, el movimiento por la igualdad salarial y el respeto a las atletas sufriría un retroceso monumental. El partido se convirtió en un evento mediático global, con 30,000 espectadores en el estadio y más de 90 millones viéndolo por televisión.
El Triunfo de la Dignidad
Billie Jean King no solo ganó el partido, sino que lo hizo de manera contundente: 6-4, 6-3, 6-3.
Su victoria fue un momento crucial en la historia. Demostró que las atletas no solo eran dignas de un pago igualitario, sino que podían rendir bajo la presión más intensa y frente a un escrutinio machista. Fue una superación de la barrera psicológica y social que el statu quo quería imponer.
Gracias a su liderazgo, su activismo y su valentía en esa cancha, King no solo impulsó la Ley Título IX en Estados Unidos (que prohíbe la discriminación por sexo en programas educativos o deportivos financiados con fondos federales), sino que forjó un camino para que las futuras generaciones de mujeres en el deporte pudieran soñar en grande y ser remuneradas justamente.
La historia de Billie Jean King es un recordatorio de que a veces, el desafío más grande que tenemos que superar no está en el marcador, sino en cambiar la mentalidad del mundo.

