lunes, mayo 20, 2024

Iván Ugalde Muelas debuta en la ciudad de su abuelo, el mismo día que despide a su madre

MALU ZAMORA

«Hoy Cuenca. Mi segundo apellido: Muelas. Cuna de mis abuelos, niñez, los veranos del hocino familiar entre escalera de piedra, tomillo y revolcones de agua asomando al Huécar. Esta noche voy de la mano con mi madre y seguro también se canta algo el abuelo Federico».

«Es la primera vez que actúo aquí, aparte de una lectura del poema de mi abuelo por invitación de Mariluz Abanades y hoy podría ser la fecha más… apropiada? La vida es extraña y entraña. Merche, mamá, que bien hoy hablar en voz alta desde aquí para ti adentro» . Con estas palabras, mi querido amigo Iván Ugalde, entraba al Teatro Auditorio de nuestra ciudad el pasado sábado, para representar el clásico  de Shakespeare «Tito Andrónico«, que tantos éxitos ha cosechado en nuestro país. Llegaba de la mano de la compañía «Teatro del noctámbulo» dirigida por Antonio Castro y como siempre a su lado, la inmensa Carmen Mayordomo.

 A las 20:30 de la tarde comenzaba la función que Iván nunca olvidará

El destino es caprichoso y ha querido llevarse a su madre precisamente ayer. Cierro los ojos y muy cerquita de dónde  este hombre interpreta la tragedia de Tito Andrónico, imagino a su abuelo, el poeta conquense Federico Muelas, viniendo  a recoger a su querida hija Mercedes para acompañarla en su último viaje. Los imagino sentados en el hocino, entre las majestuosas rocas asomados a la hoz, escuchando orgullosos y emocionados a ese hijo, a ese nieto, a ese gran actor, que con el corazón hecho pedazos por la pérdida de su madre hace tan sólo unas horas, contiene su dolor para recitar  con  valentía  las palabras de Shakespeare como homenaje a su querida Merche.

De izq q dch: Mercedes y sus hermanos Mariluz, Heleni y Mario. Foto: Cortesía de la familia Muelas

Eran los  80 cuando yo comenzaba periodismo. A los 20 conocí a Carmen Mayordomo. Compartimos piso, estudios y la locura de aquellos años. Se convirtió en mi hermana, que si no de sangre si de sentimientos. Aún recuerdo aquellas noches de los Óscar cuando sentadas en el salón de aquel piso de estudiantes veíamos emocionadas a los nominados. Actores, directores…desde un jovencísimo Pedro Almodóvar a  Bibi Ándersen, Loles León o Maribel Verdú. Yo enseguida comencé mi carrera de periodismo y tuve la posibilidad de conocer a todos ellos en diferentes estrenos de películas y saraos diversos. Pero Carmen no se conformaba con eso. Ella quería ser actriz. ¡Y vaya si lo consiguió! Era tal el amor que sentía por el teatro  que enseguida comenzó a compaginar sus estudios con innumerables clases de teatro, ballet, canto… Trabajadora incansable que a pico y pala ha llegado a estar en lo más alto del mundo de la interpretación. Pero en esta carrera  y en la de la vida,  en este transcurrir de los años, conoció a otro amigo hermano para ella, otro grande, su inseparable Iván Ugalde. Hace cuatro años, mi madre, María Luz Abanades, presentó en Cuenca su primer poemario «Cosas mías». Sin pensarlo ni un minuto, ilusionada, llamé a mis amigos para que colaboraran conmigo en la organización del evento. De inmediato, aparcaron todas sus obligaciones, que no eran pocas, para presentarse en Cuenca en menos de 24 horas. En aquella ocasión el grandísimo actor Iván Ugalde venía de la mano de mi amiga Carmen, el nieto de Federico Muelas, interpretó como nadie uno de los poemas de su abuelo. Era la primera vez que hacía algo en nuestra ciudad, la segunda fue ayer… En esta ocasión vino hasta Cuenca de la mano de su madre, muerta unas horas antes.

Boda de Mercedes Muelas, 1969. Foto: Cortesía de la familia Muelas.

Su abuelo, el gran poeta conquense, nació un 7 de octubre de 1909. Fue poeta, periodista, editorialista, guionista… Falleció un 25 de noviembre del año 1974 de un derrame cerebral. Perteneció a la llamada Generación del 36. Iván me comenta con nostalgia » el padre de mi abuelo era telegrafista de profesión y su madre tenía orígenes filipinos. Fue su padre el que le introdujo en todo el ámbito cultural y el que le inculcó todo el amor por los libros, por el arte de la conversación y por la oratoria. En cuestión de estudios, cursó Derecho, empezó también medicina pero tuvo un derrame ocular que le llevó  a abandonar todo temporalmente. Después consiguió acabar farmacia y montó una botica en Madrid en el barrio de Chueca. Ejercía allí de boticario, aunque en la botica también recibía a muchos escritores, era muy asiduo a las tertulias del Café Colón y del Gijón. Se juntaba para charlar muchas veces con grandes amigos como con Camilo José Cela, Gerardo Diego. Llegó a montar hasta un grupo de teatro de guiñol  llamado «La Cometa «durante la República que siguió los pasos de» La Barraca» de Lorca, e iban por todos los pueblos de España. También conoció a Lorca y, de hecho, se dice en algún lado que lo trajo a Cuenca y denunció su asesinato en uno de sus poemas» .

Su poesía era neoclasicista, humanista, muy religiosa. Llegó incluso  a coquetear con el surrealismo. «De los poemarios suyos a mí el que más me gusta es el de «Temblor» «comenta Iván. Fue escrito durante la Guerra civil. En él  habla de la división de España, de cómo se va rompiendo el país y de la sangre derramada entre hermanos.

Heleni, Consolación Jiménez, en su regazo Mercedes Muelas; Federico Muelas con sus hijos Carlos y Mario. Foto: Cortesía de la familia Muelas

Le conocemos como el poeta de nuestra ciudad y es que, Federico, dedicó casi toda su obra a Cuenca… Hizo de todo, llego hasta a ser el fundador de una tertulia conquense durante la República que se llamaba» El bergantín de la vela roja». En  la postguerra fue el asesor cultural de Fraga.

Hablando  en presente, cómo si todavía no se hubiera dado cuenta de que su madre ya no está, me comenta:

«Mi madre es su depositaria,  su mano derecha, es de los hijos a la que más le gustaban todos esos ambientes en los que mi abuelo se mezclaba, le acompañaba en muchas tertulias literarias«.

Mercedes nació en el 44. La familia vivía en Madrid, en la calle Gravina y  los veranos se trasladaban todos a Cuenca al hocino. Primero llegaban la madre con los niños acompañados del servicio. Cuando ya estaban todos instalados llegaba el padre. » Así eran las familias acomodadas antes» dice Iván entre risas.

Iván Ugalde Muelas en primer plano y Jerónimo Ugalde al fondo. Foto: Cortesía de la familia Muelas

«Mi madre siempre recuerda con especial cariño cuándo fue reina de las fiestas de Cuenca. De aquellas relaciones estivales, nacieron las familias. Durante los meses en el hocino, mi madre conoció a mi padre, Ignacio Ugalde, un arquitecto de familia vasca y se casó con él  en el  69. Lo conoció en Cuenca gracias a su hermano Mario, que eran amigos. Tuvieron tres hijos : mi hermano Ignacio, qué es el mayor, yo que soy el del medio y mi hermano Jerónimo, qué es el pequeño. Mi padre murió muy joven, cuando yo contaba con tan solo 11 años, como consecuencia de un accidente de moto.

Guardo muchos recuerdos  de aquellas hoces que son maravillosos, de la casa familiar, de mis primos. Los veranos allí eran fantásticos… Recuerdo el escalerón de piedra que de pequeño me parecía inmenso, aquella subida y aquella bajada, del enrejado y la muralla que va rodeando la casa. Teníamos hasta una capilla. De los juegos por la noche en las galerías…jugábamos a las cartas, juegos de mesa, en la piscina.  Toda la parte que daba al Huécar era impresionante. Me acuerdo de corretear por las laderas y por las huertas de todas las casas aledañas sobre el hocino, y sobre todo de la abuela Consolación Jiménez. El abuelo se casó con ella en Cuenca. Ella se encargaba de la casa y fue la que permitió que el abuelo se ocupará todo el tiempo a lo que él quería y a lo que a él le hacía feliz. Era una mujer muy  tranquila. Murió al poco de morir el abuelo, en Madrid, en Cuatro Caminos, con su hijo Carlos el más pequeño».

Los recuerdos vienen hoy con fuerza a la mente de este gran actor y mejor persona que, al finalizar la obra, y con un nudo en la garganta, arropado por toda su compañía y junto a una Mayordomo rota de dolor, dedicó la tarde a su madre. El auditorio lloró con él y un gran aplauso  resonó con fuerza en la Hoz que le vio crecer.

Foto: Luis Lapeña Fernández Reyes

Iván, amigo, qué orgullo de hijo, qué fuerza la tuya, qué grande eres y qué feliz se ha tenido que ir tu madre disfrutándote en su despedida de este mundo en nuestra ciudad, su ciudad, su Cuenca.

Vuelve pronto. Volved pronto. Se os quiere.

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