lunes, marzo 4, 2024

¿Molino de mareas o elemento paisajístico de la Ría? El Pozo del Cachón

Redacción

El molino de mareas más grande de Galicia se mimetiza con el paisaje, y pese a que hoy en día no cumple su función, es un exponente claro de desarrollo industrial de la Ría de Muros Noia.

Allá por el siglo XIX, surgió en la Ría, como en el resto de Galicia, la imperante necesidad de construir molinos para atender la ingente demanda de harina de maíz. Un producto que a día de hoy es común, pero que en aquel entonces era toda una novedad. Desde hace siglos, en la región se ha buscado la forma de aprovechar la fuerza de la naturaleza para poder crear energía. Los molinos de mareas fueron un avance y prueba de la actividad industrial de la zona. El molino del Pozo del Cachón, en la Parroquia de Serres, Muros, era el mayor productor de harina de maíz de la Ría y aunque hoy ya no ejerce su cometido, sí que regala una vista y una visita imperdible para los amantes y nostálgicos de los oficios tradicionales.

Paseando tranquilamente por la cala de Anido, una pequeña playa resguardada y de arena fina, vamos disfrutando de las vistas de la Ría y del casco urbano de Muros. Nuestros ojos se detienen ante una construcción de tamaño considerable (22,5 metros de largo por 7 metros de ancho), y cruzamos la pasarela de madera para acercarnos a un molino de mareas, el más grande de Galicia.

El Pozo del Cachón, mandado a construir por Don Ignacio Pérez Bazarra, en la segunda mitad del siglo XIX, obedecía a la acuciante demanda de harina de maíz, ingrediente clave en la alimentación de los habitantes de la Ría. Para los más curiosos resulta atractivo contemplar el dique de más 230 metros de longitud que retiene las aguas de las mareas y del pequeño Río Valdexería. Cuando el nivel del agua sube, se obtiene un precioso efecto óptico en el que parece que el molino ‘flota’ en el agua.

Pero no sólo fue un molino. En el primer cuarto del siglo XX, la parte destinada al almacén se utilizó como una casa de baños de algas para paliar diversas dolencias, recibiendo el nombre de Baños de Santa Rita. Fue sólo el inicio del declive del molino, que cedió al inexorable paso del tiempo y a las evidentes mejoras en la producción de harina, que relegó el papel de los molinos de mareas para ser sustituidos por molinos eléctricos.

Hoy en día, el edificio tiene una segunda vida como centro cívico y cultural. Dirigir tus pasos hacia el edificio es una garantía de obtener unas vistas fabulosas de Muros, aprender de la historia de la Ría, su evolución industrial y económica, y tomar conciencia del paso del tiempo para poner en valor las tradiciones y formas de subsistir económicamente conviviendo y respetando el entorno natural y las peculiaridades de la Ría.

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