Por Inés López Navarro
Noemí Romero nunca pensó que una clase extraescolar acabaría llevándola a unos Juegos Olímpicos. Hoy, con 25 años, es la primera gimnasta española de la historia en competir en gimnasia trampolín en unas Olimpiadas. Su historia es la de una deportista que ha crecido entre entrenamientos, estudios, lesiones y mucha presión, pero también la de una persona que ha aprendido a disfrutar del camino y a valorar todo lo que ha conseguido, más allá de los resultados.
La relación de Noemí con la gimnasia trampolín empezó casi por sorpresa. Con solo seis años, fue a una actividad extraescolar pensando que habría karate, pero ese día el profesor no apareció. “Vino una monitora suplente con un mini trampolín y empecé a hacer volteretas y pinos. Me encantó, yo no sabía ni que existía ese deporte”, recuerda.
Lo que empezó como un juego se convirtió muy pronto en algo serio. Tras una pequeña competición, el seleccionador nacional se fijó en ella y propuso un cambio enorme en su rutina. “Pasé de entrenar una o dos tardes a ir de lunes a sábado, tres horas cada día”. Desde ahí, su progresión fue muy rápida: “Con diez años ya competía contra la categoría absoluta y estaba subiendo al podio”.
Después de una larga carrera deportiva, Noemí lo tiene claro: “El mayor reto de mi carrera ha sido clasificarme para los Juegos Olímpicos”. Durante mucho tiempo, ese objetivo parecía imposible, sobre todo porque nunca ninguna española lo había conseguido antes. “Era como una puerta cerrada”, explica.
El punto de inflexión llegó en un Campeonato del Mundo, donde logró la clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio. Aunque finalmente no pudo participar por motivos externos al deporte, esa experiencia lo cambió todo. “Ahí me di cuenta de que era posible y de que el nivel lo tenía”.
Si hay un año especial en su carrera, ese es 2024. Noemí encadenó buenos resultados y se sintió más segura que nunca. “Fue un año en el que empecé a disfrutar muchísimo las competiciones”, cuenta. A diferencia de otras etapas, dejó de competir solo con presión y empezó a confiar más en sí misma.
Entre todos esos momentos, destaca dos por encima del resto: su participación en los Juegos Olímpicos y su actuación en el Campeonato de Europa. “No sé con cuál quedarme, porque todo iba de la mano”, reconoce.
El día a día de Noemí es exigente y muy estructurado. Compagina estudios y entrenamientos en jornadas largas y completas, con sesiones de trampolín, preparación física y gimnasio. Además de ser deportista de alto nivel, Noemí es psicóloga y tiene un máster en criminalística y otro en criminología, algo que también influye directamente en su forma de entrenar y competir.
Llegar a París fue un orgullo enorme para ella. “Es el objetivo más ambicioso que me había marcado en toda mi carrera”, afirma. Sin embargo, también fue una experiencia dura. La presión, las comparaciones y no sentirse al cien por cien físicamente le pasaron factura. “Me costó bastante verme inferior y no rendir como me habría gustado”.
Aun así, logró concentrarse y completar su ejercicio. “Quizá no fue el ejercicio de mi vida, pero con eso ya me quedé satisfecha”, dice.
Después de los Juegos, Noemí pasó por un proceso complicado. “Pensaba que si no salía como quería, era como que había fallado”. Con el tiempo, cambió su forma de verlo. “Me di cuenta de que, además de deportista, soy persona”.
Ese aprendizaje le ha servido para relativizar los resultados y entender que el camino también cuenta. “No todo se basa en un objetivo, hay que aprender a disfrutar del proceso, de lo bueno y de lo malo”.
Su formación en psicología ha sido clave para gestionar la presión, el estrés y las emociones. “Creo que tengo herramientas que me han ayudado muchísimo, sobre todo en momentos como los Juegos Olímpicos”.
Las lesiones también han marcado su carrera. “Es muy duro cuando una lesión corta tu rutina y se caen todos los objetivos”, reconoce.
Actualmente se está recuperando de una vértebra rota, algo que le ha obligado a parar durante meses. Aun así, destaca la importancia del apoyo: “Aunque sea un deporte individual, sin mi equipo no estaría donde estoy”.
Además del deporte, Noemí mira al futuro con los pies en la tierra. A nivel personal, está preparando oposiciones para trabajar en la policía científica. En lo deportivo, su prioridad ahora es recuperarse bien, aunque en dos meses tiene el Campeonato de Europa. “Tengo que bajar un poco las expectativas”, admite con sinceridad.
También recibe apoyo de iniciativas como Ellas Son de Aquí, una beca que impulsa el deporte femenino y con la que se siente muy identificada.
Para terminar, Noemí lanza un consejo claro a las personas jóvenes que sueñan con dedicarse al deporte profesional: “Que no se centren solo en un resultado, que disfruten del camino y hagan las cosas porque realmente quieren”. Si pudiera hablar con la Noemí de hace unos años, también lo tendría claro: “Estoy muy orgullosa de todo lo que sacrifiqué para llegar hasta aquí. Mereció la pena”.

