Por Clara Paz Otero
Sara Ouzande (Villaviciosa, 11 de agosto de 1996) se ha consolidado como una figura clave del piragüismo español. Integrante del club Los Delfines de Ceuta, la palista atraviesa un momento de madurez deportiva envidiable tras lograr el diploma olímpico en París 2024 y consagrarse recientemente como Campeona del Mundo en K4 500m (Milán 2025). Pero más allá de los podios, Ouzande destaca por su versatilidad y una mentalidad de hierro. Hablamos con ella para conocer qué hay detrás del éxito, desde sus inicios casi casuales hasta la realidad de competir al máximo nivel en un deporte que lucha por la visibilidad.
El camino de Sara en el piragüismo no fue algo planeado desde la infancia, sino que «llegó a mi vida un poco de rebote«. Tras probar suerte en el fútbol y el béisbol, decidió abandonar ambos cuando llegó el momento de pasar a equipos femeninos. Ante la insistencia de sus padres por realizar alguna actividad, eligió la piragua «por descarte» entre las opciones de su club social. No fue hasta su primer campeonato europeo cuando empezó a ser consciente de su potencial. La confirmación definitiva llegó tras ganar dos medallas de plata en un Mundial: «Al volver a casa y ver a toda mi familia… me dije: ‘Ostras, igual esto sí va en serio y valgo para este deporte’«, recuerda.
Lo que hoy la mantiene unida a la pala es una combinación de factores emocionales y físicos. Para la deportista, la clave reside en la conexión con el entorno natural y las relaciones personales, ya que «la gente que te rodea se convierte en familia«. Además, destaca la satisfacción que experimenta al finalizar un entrenamiento agotador: «Es una sensación de satisfacción, de haberte vaciado, de pura ambición«. Esas sensaciones, considera, serán muy difíciles de replicar en otros ámbitos de la vida tras su retirada.
A la hora de competir internacionalmente, Sara prefiere mantener una mente despejada para evitar la presión. Sin embargo, el momento de vestir los colores nacionales evoca un sentimiento profundo de pertenencia familiar: «cuando vamos a competir internacionalmente y me toca ponerme la equipación, siempre me acuerdo mucho de mis abuelos y de mi familia«. Ellos son su principal motor, pues sabe que estarán pendientes de todo y son quienes la impulsan a dar el máximo rendimiento.
No obstante, el éxito no oculta las dificultades de una disciplina con poco apoyo mediático. Ouzande señala que «lo más duro es pelear por la visibilidad”, un factor crítico que dificulta la obtención de cualquier otro recurso. A pesar de que el piragüismo es el deporte que históricamente más medallas aporta a España en los Juegos Olímpicos, la palista lamenta que sigan sin recibir la atención necesaria.
En cuanto a su papel como mujer en un entorno tradicionalmente masculino, Sara resta importancia a los prejuicios. Aunque admite haber escuchado comentarios sobre mujeres practicando «deportes de hombres«, ella prefiere ver la realidad con naturalidad: «simplemente somos chicas haciendo deporte, estamos sanas, cuidamos nuestro cuerpo y listo«. Para ella, el deporte ha sido la herramienta que la ha forjado como persona, dándole un carácter competitivo que utiliza como «un impulso para mejorar siempre».
Mirando hacia el futuro, su prioridad absoluta es el bienestar emocional: «encontrar la felicidad está por encima de todo«. Mientras sigue compitiendo en Sevilla, Sara ya se forma para su etapa post-deportiva. Aunque la vida dé vueltas, tiene claro que su destino seguirá ligado a sus pasiones: «me gustan el piragüismo, los animales y el campo, y me gustaría seguir mi futuro un poco por esa línea«.

