viernes, abril 19, 2024

Sofraga Palacio (Ávila): EL lujo de comer y dormir acariciando la historia

Redacción

Ubicado en pleno centro de Ávila, este hotel-restaurante boutique ocupa un majestuoso palacio del siglo XVI adosado a la muralla de Ávila, declarada Patrimonio de la Humanidad; la estructura y los rasgos históricos del edificio, completamente rehabilitado, se combinan con la tecnología y las comodidades más actuales, en una mezcla perfecta entre lo antiguo y lo moderno.

Con categoría de cuatro estrellas superior, dispone de 27 habitaciones exclusivas con vistas a la muralla, a la catedral, a la basílica de San Vicente y al propio entorno, con jardines y cedros centenarios; ninguna estancia es igual a otra, pero en todas, siglos de historia han quedado atrapados en las paredes de mampostería y ladrillo y en los techos de madera

Dormir arropados por 1.000 años de historia es un lujo inmaterial pero accesible, algo solo posible en un país como España, en el que contamos con un patrimonio cultural formado por más de 300 Conjuntos Histórico-Artísticos. Uno de ellos es el casco antiguo de Ávila, inscrita en 1985 en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en reconocimiento a sus valores universales excepcionales. Es uno de los ejemplos de ciudad fortificada mejor conservados del mundo, con su impresionante muralla medieval –construida a finales del siglo XI– conservada íntegramente y con notables iglesias románicas extramuros.

UNA MODERNA INMERSIÓN MEDIEVAL

En el siglo XVI, las casonas nobles que se encontraban junto a la muralla se adosaron al recinto defensivo. Enclavado en la esquina noreste de la muralla, el hotel Sofraga Palacio ocupa uno de ellos: un palacio medieval cercano a la Puerta de San Vicente que perteneció durante generaciones a los Águila, familia muy influyente entonces en Castilla. Su estructura actual responde a la rehabilitación acometida en el edificio y los jardines a finales del siglo XIX; posteriormente, en 2015 y 2020, fue restaurado para su actual uso de restauración y hostelería. La intervención corrió a cargo de la firma de arquitectura y decoración Requena y Plaza, que renovó las habitaciones –en las dos plantas superiores– y las zonas comunes, un total de 1.900 metros cuadrados.

Sofraga Palacio conserva los rasgos históricos del edificio, con sus emblemáticos muros de sillería, ladrillo castellano visto, artesonados de madera y balconadas. Algo único y sorprendente: la piedra de la propia muralla de Ávila ejerce incluso como cabecero de algunos de los dormitorios y como pared de pasillos y salas, ya que está integrada en la estructura del hotel. Todo ello se combina con una propuesta moderna, en una integración perfecta entre pasado y presente. Hay impresionantes puertas correderas para diferenciar espacios, mármoles blancos y tonos taupé, que aportan serenidad y elegancia. El conjunto se completa con eficientes luminarias led, y con tonos azul cielo en las tapicerías. En los dormitorios, el rosa palo y el verde olivo aportan puntos de luz.

El hotel ofrece 27 habitaciones y suites exclusivas, con todo lujo de detalles, en cinco categorías (doble superior, king premium, junior suite, suite y suite presidencial). Decoradas en tonos neutros y elegantes, cada una cuenta con un Smart TV de 43 pulgadas con Chromecast, aire acondicionado, caja fuerte, cafetera Nespresso y ropa de cama de alta calidad. Todas ofrecen vistas al palacio y a sus alrededores, y algunas también a la muralla abulense y a la catedral. Cada mañana, los huéspedes pueden disfrutar de un completo y variado desayuno a la carta, servido en mesa, con una selección de dulce y salado: jamón 100 % ibérico, quesos de Ávila, huevos al gusto preparados al momento, zumo natural, etc.

RESTAURANTE Y GASTROBAR: EXPERIENCIA GASTRO CASTELLANA

Su restaurante homónimo se encuentra en un luminoso patio acristalado frente a un jardín del siglo XIX presidido por un imponente cedro de cinco siglos. En dos alturas y con capacidad para 65 personas, cuenta con una zona de reservados. En la zona de gastrobar, más informal y con barra, hay opción a un tapeo con vinos de la región: unas patatas revolconas con torreznos de Soria, una oreja a la plancha picantita o una tabla de quesos barraqueños y de La Adrada, acompañados de membrillo de Santa Teresa.

La carta del restaurante, protagonizada por la tradición y el producto de calidad y cercanía, comienza con entrantes como las judías de riñón con matanza o las mollejas de cordero lechal salteadas con ajos tiernos. Hay varias propuestas de arroces, como el de chuleta avileña a la brasa o el de Calasparra con setas y verduritas; pescados como las cocochas de bacalao al pilpil con patatinos al romero o el lomo alto de bacalao asado con salsa vizcaína; y soberbias carnes: asados al modo tradicional como la paletilla de cordero lechal de Castilla y León y el cochinillo lechal con patatas confitadas, y a la brasa: chuletón, entrecot o solomillo de ternera avileña, chuletón de vaca madurado 60 días o chuletillas de cordero lechal. Entre los postres, todos caseros, la leche frita la tarta de queso cremosa y el helado de crema de orujo.

La bodega, nutrida de referencias clásicas, hace un recorrido por las principales denominaciones nacionales, y por supuesto castellanoleoneses, con una parada en la D.O.P Cebreros –con vinos que nacen en las laderas de la Sierra de Gredos, descendiendo hacia el norte con destino al valle del río Alberche y hacia el valle del Tiétar por el sur–, tierras milenarias de Ávila protagonizadas por las variedades de uva garnacha tinta y albillo real. La carta cuenta con una selección de vinos únicos de producciones muy limitadas y de ecológicos.
Las instalaciones del hotel se completan con diferentes salas polivalentes para eventos y banquetes, una de ellas con una cúpula acristalada. Acoge además su proyecto Sofraga Cultural, con el que organizan charlas y encuentros gratuitos de interés.

ÁVILA, DESTINO DE CULTURA Y GASTRONOMÍA

Ávila fue fundada en el siglo I, tras la conquista por Julio César de esta zona peninsular; poco después se inicia la construcción de una muralla con las mismas dimensiones que la actual. Cuna de Santa Teresa de Jesús y sepultura del inquisidor Torquemada, la ciudad adquirió su configuración actual en el siglo XI para proteger los territorios castellanos contra los musulmanes.

Su muralla, construida entre 1090 y 1099 por orden del rey Alfonso VI, es una de las mejores representaciones de arquitectura defensiva del mundo conservada íntegramente. Cimentada sobre roca, supone una potente cerca de mampostería granítica, macizada con piedra y mortero de cal. Presenta unas dimensiones de 2.516 metros de longitud, muros de tres metros de espesor y unos 12 metros de altura, y cuenta con 87 torres semicirculares y nueve puertas monumentales. Visitable en buena parte de su trazado y accesible a todos los ciudadanos –un paseo de unos tres kilómetros–, se puede acceder a ella por la Casa de las Carnicerías, la Puerta del Alcázar y la Puerta del Puente.

Además, tienen una gran importancia arquitectónica las iglesias románicas extramuros de San Pedro, San Vicente, San Andrés y San Segundo, las iglesias de San Nicolás, Santa María de la Cabeza y San Martín y los conventos de la Encarnación, San José y el Real Monasterio de Santo Tomás.

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