lunes, marzo 4, 2024

5 mitos sobre la sexualidad que pueden generar problemas de confianza y autoestima en adolescentes

Texto: Miranda Miguelez Moran

En la adolescencia, cuando hablamos de sexualidad, generalmente idealizamos mucho todo lo que envuelve a este término. Es muy común, sobre todo en años anteriores, escuchar conversaciones en las que muchos jóvenes mienten e idealizan, ya sea por miedo o por vergüenza, sus relaciones sexuales con el objetivo de “no quedar mal” delante de sus compañeros y amigos. Esto sucede porque, en cuanto empiezas a adentrarte en el mundo sexual y a descubrir tus gustos y preferencias, generalmente estás un poco “verde” en lo que a estos aspectos se refiere. Afortunadamente, con el paso de los años, se están empezando a tocar más los temas de educación sexual en colegios, institutos y en las propias unidades familiares, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Muchos jóvenes salen a descubrir sus propios cuerpos sin saber muy bien cómo estos pueden reaccionar y sin haber recibido ningún tipo de educación sexual previa al acto, lo que puede llegar a suponer algo peligroso.

En este artículo no entraremos en lo que se refiere a la prevención de enfermedades de transmisión sexual o los distintos tipos de métodos anticonceptivos que existen en el mercado. Hablaremos de los complejos, las inseguridades, las dudas y la ansiedad que se puede llegar a generar en un adolescente cuando sus primeras experiencias sexuales no se parecen a lo idílicas que son en las películas de Netflix o a las que dicen tener sus amigos en su entorno. Para ello, trataremos los mitos más famosos sobre la sexualidad.

Existe una edad en la que se debe perder la virginidad

Esta es una de las mayores preocupaciones que se generan en los adolescentes. Cuando en el colegio o en el instituto, las personas de tu misma edad y entorno empiezan a contar sus experiencias sexuales, es muy común que las personas que aún no han tenido ninguna se sientan rezagados e incluso avergonzados. Es muy importante saber que cada persona tiene sus tiempos, que el momento va a llegar siempre, a cada uno a su vez, pero llegará para todos y que no hay que dejarse llevar nunca por la presión social.

No tener orgasmos es un problema

Este es un aspecto que afecta en su gran mayoría a las mujeres heterosexuales. A la hora de tener relaciones sexuales heterosexuales siendo mujer, es muy común que en un principio no se llegue al orgasmo. Siendo joven e inexperta en estos temas, puedes comparar tus experiencias con las que ves en la televisión y sentirte completamente decepcionada, pero no hay que preocuparse, se trata de algo normal. Más de 6 de cada 10 mujeres españolas reconocen tener dificultades para llegar al orgasmo con su pareja mientras el 76% de las mujeres alcanzan el orgasmo con la masturbación. Esto se debe a que existe una falta de comunicación entre los implicados en el acto sexual. Es muy importante dedicar tiempo para conocerte a ti misma, descubrir lo que te gusta y lo que no y comunicárselo a tu pareja para poder disfrutar ambos de una buena experiencia. Esto se aplica también a hombres y a todo tipo de parejas ya sean homosexuales, heterosexuales o de cualquier tipo.

Sin penetración no hay relación sexual

Este sin duda, se trata de uno de los mitos más famosos de la sexualidad. Analizándolo, no tiene ningún tipo de sentido. Es un término que invalida las relaciones sexuales de muchas personas por el hecho de no tener un pene. Cualquier tipo de estimulación, caricia o beso durante la relación son considerados relaciones sexuales.

El tamaño del pene importa

Uno de los debates más discutidos de la historia… Se trata de algo completamente falso. El tamaño del pene no importa, dado que la sensibilidad tanto del ano como de la vagina no se encuentra en puntos muy profundos sino más bien en puntos cercanos al exterior. Se trata de un mito que puede llegar a producir mucha inseguridad en los hombres.

El sexo anal está relacionado con la orientación sexual

Muchos hombres heterosexuales se ven cohibidos a la hora de recibir sexo anal por miedo a sentirse “menos masculinos”. El punto G masculino se encuentra en el ano, por lo que disfrutar de la penetración anal no es algo que esté relacionado con la orientación sexual si no más bien con la sexualidad masculina en general.

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