RIOS ESPAÑOLES PARA PRACTICAR RAFTING

Redacción

Grandes ríos de la Península Ibérica ofrecen algo más que un baño. Aguas caudalosas y turbulentas recorren el mapa de norte a sur. El Gállego, el Miño, el Cabriel o el Guadalquivir son ideales para la práctica del rafting

La nieve se derrite en las montañas. Los cauces de los ríos aumentan. Y, los aficionados al rafting se preparan. Llega el momento de pertrecharse, subir a la balsa neumática y sujetar los remos. Comienza la aventura. La corriente arrastra la embarcación en un descenso veloz. El grupo coordina los movimientos de las palas. Y, estalla la descarga de adrenalina. Turbulencias, rocas, rápidos, remolinos, pozos… y chapuzones. Una experiencia para sentirse muy vivo. Una emocionante aventura para sumergirse en la naturaleza más pura. El requisito indispensable es saber nadar, del resto se ocupan los expertos y sus empresas.

Rafting en el Pirineo aragonés.  

Los hermosos paisajes de Huesca y las aguas bravas del río Gállego ofrecen experiencias de rafting para todos los niveles. En Murillo de Gállego, cerca de Jaca, se encuentra uno de los puntos de partida. El primer tramo, de siete kilómetros, llega hasta el Puente de Santa Eulalia y es el aconsejado para principiantes. El tramo para el nivel de post-iniciación, de ocho kilómetros, parte de la Central Eléctrica de Carcavilla. Y para el tercer nivel, y el avanzado, el punto de salida se encuentra en la presa del Pantano de la Peña.

Los aventureros del Gállego disfrutan de olas, escalones y rápidos, algunos tan identificables como “La Lavadora” y otros bautizados con nombres igualmente descriptivos, el “Paso de las Olas”, el “Embudo”,  el rápido de “Las Gradas”, el paso de “La S” o la “Presa rota”. Superar el trayecto invita a un chapuzón en los tramos más relajados del Gállego.

En parte de los descensos es posible contemplar las inmensas moles de los Mallos de Riglos. Imponentes formaciones rocosas con paredes que superan los doscientos metros de altura. Una paraíso para escaladores que, habitualmente, sobrevuelan los buitres leonados.

Un descenso por la naturaleza del Miño.

Riberas adornadas con sauces y eucaliptos. Aguas frecuentadas por patos, garzas, águilas e incluso alguna gaviota escapada del mar cercano. Y, balsas tripuladas por grupos de seis, ocho o diez personas, que descienden por los rápidos entre grandes “trenes de olas”, “rulos” y “marmitas”. El tramo más conocido, de rafting en nivel medio, se encuentra entre Cequeliños y Barcela.

La emoción está asegurada en uno de los ríos más grandes de las Península Ibérica. El Miño está lleno de vida, en su caudal y en sus orillas. Un ancho cauce que tiene en la localidad pontevedresa de Arbo un punto de inicio idóneo para la práctica del rafting. El recorrido atraviesa “pesqueiras” de lamprea, antiguas construcciones de piedra de la época romana, utilizadas para la captura de un pescado destinado al paladar de los emperadores.

Las Hoces del Cabriel.

El río Cabriel es muy frecuentado por canoas, kayak y balsas de rafting, y dispone de tramos para todos los niveles. Es uno de los cauces más limpios de Europa y un gran reclamo, por su cercanía, para los aficionados del centro peninsular. El tramo de trece kilómetros discurre hasta Valencia por el Parque Natural de las Hoces del Cabriel y se inicia en el paraje de Peña Azul, un punto de acceso complicado situado en Venta del Moro

Descender por el curso del río, entre las paredes de unos cañones de más de cien metros de altura, permite admirar rincones inaccesibles de las hermosas Hoces del Cabriel. Tiene pasos de nivel tres e incluso cuatro, dependiendo del caudal, como el paso del Caos o el del Purgatorio, en el que se localizan pequeños sifones. Pasos como el del Paredón exigen técnica y buena preparación. Las Hoces del Cabriel conforman un paraíso natural de paisajes cincelados en la roca durante miles de años. Los peñascos caídos provocan las aguas blancas, espumosas, de los rápidos. El puente medieval de Vadocañas marca el final de las Hoces, y de un trayecto en el que también se encuentran aguas más tranquilas para disfrutar de un refrescante baño.

Los ríos del sur. En el Parque Natural de Cazorla, el alto Guadalquivir se rodea de bosque y sotos de ribera. La zona permite adaptar el rafting a todos los niveles. Desde las pozas del Charco del Aceite, en el puente de Los Agustines, hasta nueve kilómetros más abajo existen tramos de escasa dificultad, que permiten la práctica menos peligrosa de este deporte “de riesgo”. Tampoco faltan los recorridos de grado dos y tres hasta alcanzar Puente Ortega. El puente se encuentra en una hermosas ruta de paseo en la ribera del Guadalquivir, en Jaén.

Andalucía dispone de otros descensos guiados de rafting en el río Genil, en tramos de Granada o en Cuevas Bajas, en Málaga. También en el río Guadalfeo, en la Alpujarra granadina.

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