El mito del algoritmo: una reflexión sobre la inteligencia artificial

Por Cristina Azofra Besada

La inteligencia artificial (IA) está transformando nuestra sociedad a gran velocidad, generando tanto expectativas como preocupaciones sobre su impacto. A medida que avanzamos, surgen preguntas fundamentales acerca de su regulación, ética y consecuencias a largo plazo. ¿Hasta qué punto podemos confiar en los algoritmos? ¿Estamos delegando demasiado poder a la tecnología sin ser plenamente conscientes de sus implicaciones? ¿Es posible que, al depender de estos sistemas, estemos perdiendo nuestra autonomía y capacidad de decisión? Estas y otras cuestiones son abordadas en «El mito del algoritmo» (2020), un libro divulgativo de Idoia Salazar y Richard Benjamins, que profundiza en las oportunidades y riesgos asociados a la IA, ofreciendo una visión crítica sobre sus efectos en la sociedad. 

La potencial discriminación causada por algoritmos sesgados

Una confianza ciega en los datos y en las conclusiones derivadas de los mismos ha dado lugar a injusticias sociales en el pasado. Aunque la inteligencia artificial suele considerarse objetiva, en realidad, las decisiones que toma dependen de los datos con los que ha sido entrenada, los cuales pueden reflejar y perpetuar los prejuicios existentes en la sociedad. Casos como el algoritmo de Amazon para agilizar contrataciones, que discriminaba a las mujeres, o el de Brisha Borden, clasificada por un algoritmo como delincuente de alto riesgo por un delito menor debido a su raza, muestran cómo la automatización de estos procesos puede generar desigualdades en lugar de corregirlas. Estos ejemplos reflejan la necesidad de una supervisión humana constante para evitar que la IA refuerce sesgos y perpetúe discriminaciones. 

La pérdida de la privacidad por el uso descontrolado y/o ilegal de datos personales

La protección de los datos personales se enfrenta a desafíos cada vez mayores debido al rápido avance de la inteligencia artificial y otras tecnologías. En la era de la hiperconectividad, la información personal se ha convertido en la base del ecosistema digital. La IA depende de enormes volúmenes de datos para aprender, predecir situaciones y establecer conclusiones y todo esto plantea serias dudas sobre cómo se recopila, almacena y utiliza esta información.

Cada vez compartimos más datos sin cuestionarlo, especialmente la población más jóven, ya sea en redes sociales, aceptando cookies o realizando pagos en línea, sin ser plenamente conscientes de la enorme huella digital que dejamos atrás. Esta situación recuerda a “Gran Hermano” o “El show de Truman” y distópicas como “1984” de George Orwell, donde la vigilancia es constante y la pérdida de la privacidad también. Esto, que antes parecía ficción, es hoy una preocupante realidad en algunos países como China, donde usan el reconocimiento facial para evaluar el comportamiento ciudadano, estableciendo un modelo de control masivo.

La posible manipulación a través de noticias falsas

La desinformación se ha convertido en un grave problema. La combinación de Big Data y Machine Learning permite influir en la opinión pública de formas antes impensables. Un ejemplo clave es el escándalo de Cambridge Analytica, donde datos de Facebook fueron utilizados para manipular elecciones como las presidenciales de EE:UU. en 2016 o el referéndum del Brexit. La capacidad de personalizar mensajes a gran escala ha convertido a las “fake news” en armas poderosas para polarizar sociedades y desestabilizar democracias. Sin una regulación adecuada este problema seguirá creciendo, poniendo en riesgo la credibilidad de los medios y la confianza en los procesos electorales.

Sin embargo, como señala el libro, no todo es negativo. La IA también presenta grandes oportunidades para el desarrollo social y económico. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos permite optimizar recursos, mejorar diagnósticos médicos y entender, predecir y gestionar fenómenos naturales como los incendios, las inundaciones, los terremotos, los huracanes y erupciones volcánicas. Entonces, ¿deberíamos renunciar a todas estas ventajas? El verdadero desafío radica en aprovechar estos beneficios sin poner en riesgo la seguridad y los derechos individuales.

En definitiva, la Inteligencia Artificial puede ser muy beneficiosa para la sociedad, pero sólo si se regula y supervisa adecuadamente. Es importante que las autoridades sean transparentes, se controle la vigilancia excesiva y se implantes sanciones para proteger nuestra información. El mito del algoritmo nos invita a reflexionar sobre este equilibrio, recordándonos que es esencial que todos adquiramos conocimiento sobre la IA para impulsar su uso responsable y garantizar su control.

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