Redacción
La luna nueva de abril convierte a la Isla en un lugar privilegiado para contemplar las constelaciones y para sentir la magia de sus bahías bioluminiscentes en toda su plenitud
Mientras la humanidad ha vuelto a mirar la Luna con renovado asombro, Puerto Rico invita a los aventureros a apagar las luces y encender sus sentidos para descubrir por qué la Isla es un santuario para el astroturismo. En un momento en que la Luna captura la imaginación global, la Isla, con escasa contaminación lumínica, casi nula en algunos puntos, se posiciona como el escenario perfecto para transformar esa fascinación celestial en una experiencia terrenal inolvidable.
Con la llegada de la luna nueva de abril, los cielos de Puerto Rico se convertirán en un lienzo de oscuridad privilegiada, ideales para contemplar la Vía Láctea. Solo unos días después, en torno al 18 de abril, se producirá una espectacular alineación planetaria entre Saturno, Marte, Mercurio y Neptuno, un evento que ningún amante del cosmos debería perderse.
Pero a los cielos hay que sumarles el océano, pues Puerto Rico cuenta con tres bahías bioluminiscentes en las que la visibilidad de este mágico fenómeno se acrecienta en los días de Luna Nueva. La oscuridad crea un efecto inolvidable, uniendo la bóveda celeste, llena de estrellas, con el agua alrededor, también plena de diminutos puntos brillantes. Una oportunidad para despertar los sentidos de manera muy especial en lugares protegidos, donde la verdadera conexión con uno mismo llega a través de la naturaleza más virgen.