Alejandra Torray: «`Electra Jonda´ es un viaje emocional y un homenaje necesario a la figura de mi padre»

Por Sandra Cuenca/ Fotos cedidas por Alejandra Torray.

El próximo 8 de julio Alejandra Torray se subirá al escenario del Teatro de Mérida para formar parte de la obra «Electra Jonda», cuyo autor del texto, Juan Guerrero Zamora, y padre de la actriz, revisita el mito clásico trasladándolo a una Andalucía atemporal y «jonda»

Hay apellidos que pesan por su historia, pero en el caso de Alejandra Torray, el apellido se convierte en una brújula profesional y, ahora más que nunca, en un tributo pendiente. La actriz no es solo la heredera de una familia fundamental del teatro español; es una mujer que ha sabido construir su propio camino a base de una resiliencia admirable. Con una trayectoria que se ha fraguado con la disciplina del teatro, se encuentra hoy en un momento de gran madurez, preparándose para desembarcar en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con un proyecto que es, en sus propias palabras, un auténtico viaje emocional.

Hoy, Alejandra nos abre la puerta a su universo personal para hablarnos de la importancia de «creerse» el personaje, para poder jugar y disfrutar de una profesión que, a pesar de sus durezas, sigue considerándola como algo mágico e insustituible. Nos habla de la supervivencia en un sector donde «mañana no sabes qué te va a pasar«, del valor de lo humano frente al ruido de las redes sociales y de cómo el tiempo la ha llevado a madurar hasta encontrarse con Clitemnestra, el personaje que ahora interpreta en «Electra Jonda» y que supone el reencuentro definitivo con el legado de su padre. Una actriz que, tras décadas de oficio, sigue convencida de que lo importante es seguir aquí, con la misma ilusión y la misma verdad que aquel primer día en que decidió que, pasara lo que pasara, ella iba a ser actriz. Su historia de amor con la interpretación comenzó casi como un juego. Aunque hoy la vemos como una veterana que ha «peleado» en mil batallas, sus inicios tuvieron el sabor de lo prohibido. Hija del realizador y escritor Juan Guerrero Zamora y de la actriz Nuria Torray, Alejandra tuvo que lidiar con la lógica preocupación de un padre que conocía las sombras del oficio y que deseaba para ella la estabilidad de una carrera universitaria. Sin embargo, la vocación no entiende de planes B. Mientras cumplía en las aulas universitarias, Torray se formaba «de tapadillo» en la escuela de Marsillach, demostrando, desde muy joven, que el veneno del teatro ya corría por sus venas de forma irreversible.

«Electra Jonda» en Mérida.

Aunque Alejandra debutó profesionalmente a los 21 o 22 años con la obra de teatro «El Marinero«, para llegar ahí tuvo que jugar al despiste en su propio hogar. Mientras estudiaba la carrera de Historia para contentar a su padre —quien, decepcionado por la dureza del oficio, no quería que su hija fuera actriz—, ella compaginaba las aulas universitarias con las escuelas de teatro y un máster en teatro clásico. «Era todo como de un poco de tapadillo para que mi padre no se enterara«, recuerda divertida. «Me iba por la mañana al Teatro de la Comedia, luego a la universidad a pedir apuntes… que no se enteraran en casa, haciendo de comodín y sabiéndome todos los personajes«. A pesar de los intentos de su progenitor por presentarle la actuación como una «gilipollez» que ya se le pasaría, la vocación de Alejandra, que ya desde niña hacía mimo, resultó ser inamovible.

La resiliencia como única garantía de éxito

De sus padres no recibió consejos directos, pero sí advertencias y una máxima de su madre que ha marcado su trayectoria: «Tienes que creértelo, esa es la esencia de este oficio«. Para Alejandra, actuar es un juego y un disfrute, pero también una lección constante de adaptación. «Esta profesión me ha enseñado a adaptarme, la resiliencia que se llama ahora«, afirma. Para ella, la madurez le ha permitido entender que el éxito no es la fama momentánea, sino la capacidad de sobrevivir a los altibajos. «Nosotros estamos hoy arriba, mañana abajo, hoy con dinero, mañana sin dinero. No sabes qué coño te va a pasar«.

Esta falta de seguridad, que para otros sería aterradora, es para Torray una herramienta de vida. «Estamos muy acostumbrados a cambiar, a que te cambie la vida de un día para otro, a adaptarte a distintos lugares, ambientes, culturas, gentes y personajes«. Por eso, mira con escepticismo los «pelotazos» juveniles. «Cuando eres joven piensas: ‘¡Uy, ahora me va bien!’. Te crees que eso va a ser eterno, y qué va; no va a ser eterno por las razones más peregrinas«. Para Alejandra, en este país —y especialmente en el teatro— no existen los personajes que te marcan para siempre de cara a la industria: «Aquí es como si empezaras de cero todos los santos días«, especialmente en el teatro, donde se siente «actriz de principio a fin» y donde la energía del directo es insustituible. Reconoce que es el medio más sacrificado y peor pagado, pero su valor artístico es inigualable. Por otro lado, confiesa que el cine es su «asignatura pendiente«. «Es lo que he hecho menos, sin lugar a dudas. Me hubiera encantado trabajar en proyectos cinematográficos concretos, pero es en lo que tengo menos experiencia«.

Alejandra Torray en la presentación de la 72 edición del Festival de Málaga, con María Garralón, Manuel Canseco y Carolina Lapausa.

Electra Jonda: Un viaje emocional a las raíces

El próximo 8 de julio, Alejandra Torray pisará el escenario de Mérida con «Electra Jonda«, un texto de su padre que para ella supone un «homenaje» y un «viaje emocional» necesario. La actriz aprovecha para reivindicar la labor cultural de Juan Guerrero Zamora, uno de los padres de Estudio Uno, cuya figura cree que ha sido injustamente silenciada por haber trabajado durante el franquismo. «Mi padre consiguió salvar mil veces la censura y peleó mucho por Lorca y por Miguel Hernández«, explica con orgullo. La obra, escrita a finales de los años 80, estuvo a punto de ponerse en pie con un reparto histórico, pero la enfermedad del autor lo impidió. Años después, Alejandra rescató el texto inédito para editarlo y, gracias al apoyo de Manuel Canseco y diversas instituciones, finalmente verá la luz en un formato de gran espectáculo.

De Electra a Clitemnestra

Curiosamente, el paso del tiempo ha ido modificado y moldeando el personaje de Alejandra dentro de esta función, casi como si la vida misma le hubiera marcado el camino a seguir. En los inicios del proyecto, cuando era apenas una joven, el plan original era que interpretase a la hermana menor, Crisótemis, pero con la madurez, su preparación se orientó hacia el papel de Electra. Sin embargo, el destino ha querido que finalmente encarne a Clitemnestra, un personaje cargado de simbolismo emocional por ser el que iba a interpretar su admirada maestra, María Jesús Valdés. Para Alejandra, esta Clitemnestra representa, en sus propias palabras, «una ruptura, lo nuevo y la subversión de un orden patriarcal asfixiante, situándose en el polo opuesto de una Electra que permanece aferrada con vehemencia a la memoria del padre y al establishment«. Esta revisión del mito se aleja de la frialdad de los dioses paganos para enraizarse en una Andalucía atemporal y profundamente jonda, donde los símbolos de la mitología griega son sustituidos por la fuerza del cristianismo andaluz, y donde el cante y el baile flamenco se convierten en los vehículos que simbolizan la conciencia herida y la tragedia pura de la historia.

«De pequeña iba de gira con mis padres y supe que este oficio era para disfrutarlo»

La mirada femenina y el odio actual

Torray destaca que, aunque el reparto es mixto, la obra es «tremendamente femenina«. Personajes como el de María Garralón (La aya), Crisótemis y el duelo central entre Clitemnestra y Electra, ofrecen una mirada rotunda que conecta directamente con los debates actuales sobre el papel de la mujer y el orden patriarcal. Además, la función aborda la marginalidad de la raza gitana y, sobre todo, el peligro de la venganza. «La venganza no lleva a nada, y con violencia mucho menos. No se repara el daño ni el dolor; entras en una espiral de la que no es fácil salir«, reflexiona la actriz.

El escenario de Mérida y el valor de lo humano

Aunque ha pisado muchas veces Almagro, esta será la primera vez de Alejandra en el marco incomparable de Mérida. «Ese marco impone. Todos los compañeros me dicen que me voy a quedar alucinada… algo te tiene que recorrer el cuerpo cuando estés ahí«, confiesa con una mezcla de respeto y expectativa. Su único deseo es claro: «Que el público no se aburra. Que vean algo que les haga llorar, sonreír o pensar, pero que les pase algo por el cuerpo«.

Sobre el momento que vive el teatro, Alejandra es optimista. Cree que, tras la saturación de pantallas y redes sociales, el público necesita volver a lo humano. «La gente necesita tocarse, saber que lo que allí pasa es de verdad… el teatro es verdad«.

«El teatro es el único lugar donde uno se siente actor de principio a fin»

Un futuro a corto plazo

«Electra Jonda» es un espectáculo «brutal» de gran formato que reúne a 22 artistas en escena, incluyendo un guitarrista, cantaoras y bailaores. Tras su paso por Mérida (del 8 al 12 de julio), la obra llegará a los Teatros del Canal en Madrid a principios de septiembre. El sueño de Alejandra es que este proyecto, que considera «muy marca España«, pueda exportarse fuera de nuestras fronteras.

Mientras tanto, la actriz sigue compaginando su pasión con el doblaje y prefiere no pensar demasiado en el largo plazo. «Ahora mismo estoy absolutamente centrada en Electra… yo fluyo, soy incapaz de decir qué haré en el 2028«.

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