Por Javier Cuenca
Asegura Steven Spielberg que “El día de la revelación” supone el cierre de una trilogía iniciada con “Encuentros en la tercera fase” (1977) y prolongada cinco años después con “E.T. el extraterrestre” (1982). Y no pretende este humilde redactor contradecir al gran realizador norteamericano, pero sí anotar ahora mismo y desde ya, que su nueva obra está muy por debajo de sus dos antecesoras.
“El día de la revelación”
Dirección: Steven Spielberg
Intérpretes: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo
Género: Ciencia ficción
Duración: 145 minutos
El arranque de “El día de la revelación” es muy prometedor: un informático parece haber descubierto que una empresa supuestamente relacionada con el Gobierno lleva ocultando durante años contactos con seres alienígenas que han visitado la Tierra. Y no sólo eso, sino que han utilizado ominosos métodos como la tortura para extraerles información.
Al mismo tiempo, una mujer que trabaja en una cadena de televisión dando la información meteorológica empieza a notar unos extraños síntomas que la obligan a hablar en idiomas que no conoce y, lo que es más, durante una de sus intervenciones televisivas comienza a expresarse en un lenguaje absolutamente desconocido en La Tierra.
Hasta ahí todo parece funcionar con fluidez: el informático huye de los responsables de la empresa a quienes ha sustraído tan valiosa información en compañía de su novia y amparado por otro grupo que también quiere contar al mundo lo que ha estado sucediendo, y entre la mujer del tiempo y el fugitivo parece haber una especie de vínculo, por lo que deberán reunirse para averiguar de qué se trata.
Pero a partir del encuentro entre el informático y la mujer del tiempo la película parece sufrir una especie de declive, se vuelve espesa, inane, monótona. Spielberg ha logrado mantenerme enganchado a su relato durante esos primeros tres cuartos de hora, pero pasado ese tiempo nada de lo que me cuenta me resulta interesante. Me provoca incluso aburrimiento hasta el punto de que llega un momento en que la trama me es indiferente.
Ya conocíamos la mirada de Spielberg sobre los seres venidos de otros planetas, Generalmente criaturas pacíficas y poco dadas a la violencia, en contraposición a los terrestres. Aquí pretende seguir por esa senda, pero se pierde entre metáforas oníricas y grandilocuencias cósmicas. Hay un tramo de la película en el que ya no se entiende nada, y lo que se atisba a comprender no ofrece el menor interés.
Es una pena, pues, que estando las expectativas tan altas, el autor de “E.T.” haya cerrado su trilogía sobre alienígenas de una manera tan poco lucida, extraviándose en vericuetos innecesarios y alargando también de manera inútil una película que quizá precisaba un metraje más escueto. Lástima igualmente si tenemos en cuenta que el comienzo prometía. Y mucho.