Por Javier Cuenca
Aborda Pedro Almodóvar su vigésimo cuarta película como un ejercicio de autoficción, de metacine, o de toma de conciencia, si se quiere, sobre el creador y sus criaturas, sobre la cuestión de si todo vale a la hora de hacer una película, si conviene sobrepasar o no ciertos límites. Pero también es esta una obra de pura esencia almodovariana, al menos de ese Almodóvar apegado al melodrama clásico y dispuesto a abrirse y a abrir en canal emocional a sus personajes.
“Amarga Navidad”
Dirección: Pedro Almodóvar
Intérpretes: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Victoria Luengo
Género: Drama
“Amarga Navidad” son dos películas en la medida en que son una sola, porque ambas se contienen la una a la otra, se alimentan la una de la otra y respiran el mismo oxígeno. Por un lado está Elsa (magnífica Bárbara Lennie, qué buena mano sigue teniendo el manchego para dirigir actrices), una realizadora en horas bajas que tiene una relación con Bonifacio, un bombero que trabaja ocasionalmente como stripper para sacarse un sobresueldo.
Incapaz de superar la muerte de su madre (se siente culpable por no haber estado a su lado cuando falleció en el hospital) y de encontrar inspiración para dirigir otra película, Elsa sufre ataques de pánico y decide viajar a Lanzarote junto a una amiga que está en plena crisis matrimonial. Pero otra amiga suya, Natalia, llega después a la isla arrastrando aún un profundo dolor por una tragedia personal.
Por otro lado está Raúl (Leonardo Sbaraglia), también director de cine que al igual que Elsa, personaje que él mismo ha creado, no encuentra inspiración para su siguiente película. Vive con Santiago, su actual pareja y asistente, mientras trata de superar la marcha de Mónica, que se encargaba anteriormente de sus asuntos laborales e incluso personales. Cuando Raúl empieza a inspirarse en Mónica para escribir su nuevo guion, la relación entre ambos se complica.
“Amarga Navidad” es uno de esos dramas almodovarianos que empiezan a ser ya tan reconocibles en la filmografía de su autor, si bien aquí se añaden algunos detalles que quizá hasta ahora no habían sido plasmados en uno de sus guiones: asuntos como el miedo del creador a repetirse, la cuestión de hasta qué punto es ético utilizar la vida de gente cercana como material para una obra de ficción…
La película tiene una escritura pulcra, está bien contada, funciona en la articulación de las dos historias que la conforman. Y asoman incluso chispazos del Almodóvar ocurrente y espontáneo de otra época en una obra tan ajena a algo que se pueda parecer al humor. Unos actores y actrices entregados a sus personajes logran redondear un filme que se ve y se escucha bien, aunque no constituya una página memorable en la filmografía del manchego.