Por Alejandra Torray
Hoy parece que el Ambigú está en orden ¡Aleluya!
Entro, veo a Valentino que ha encendido las candilejas que tenemos y, en la barra con su smoking blanco impoluto, maneja con maestría sus cocteleras. Las mesas están llenas de un público selecto que, afortunadamente, conversa en armonía y sin chillar, lo que permite escuchar de fondo la música de Irving Berlin. El olor es inexplicable, pero es parecido al que tenían las coctelerías de mitad del siglo XX: ese olor que se percibe al leer a Capote, a Scott Fitzgerald…, el olor que invade los escenarios de bares, vagones de tren u hoteles neoyorquinos que retrata Hopper en sus cuadros. Así que me detengo unos segundos y observo que todo está impregnado de ese aire mágico que se necesita para disfrutar a nuestro invitado de hoy.
Él es, físicamente: apuesto, galán, de buena planta, rostro limpio y despejado. Imagino que entra por la puerta vestido con un traje de raya diplomática, a lo Cary Grant en alguna escena de Historias de Filadelfia. Y casi acierto: ahí lo tenemos, más moderno; pero de azul y de un elegante casual.
-Buenas tardes, queridos lectores del Ambigú, acomódense en sus butacas y disfruten de su Manhattan conociendo un poquito del presente de este hombre multidisciplinar: actor, dramaturgo, guionista, director, productor…
Con todos ustedes: Juan Carlos Rubio
Querido Juan Carlos: Entre medias de no se sabe cuántos proyectos te encontramos, también en Mérida con Bacanal. Luego hablaremos de ella; pero ¿puedes contarnos primero en qué otras historias andas liado?
Estoy metido en unas cuantas cosas, la verdad. ¡Por suerte!, siempre por suerte, estoy en unos cuántos proyectos muy bonitos con los que estoy encantado. Además de las giras que continúan su recorrido por España, y encantado con ellas, ando preparando dos espectáculos que vienen pronto. Uno es Inolvidable que es un espectáculo teatral- musical. Me gusta llamarlo teatro con canciones porque no es un musical como tal. Se trata de una obra metateatral con Carmen Morales, Alejandro Vera y un gran equipo. Comienza con la propuesta de un director que ha ofrecido a Carmen hacer un espectáculo sobre su madre y mientras ella se debate entre hacerlo o no hacerlo, vemos todo lo que va aconteciendo en ese teatro repasando a su vez la vida de Rocío Dúrcal y de la propia Carmen, claro.
Conmemoramos los veinte años de la muerte de Rocío y estrenamos el 2 de octubre en mi pueblo que es Montilla (Córdoba).
¡Qué bonito que además estrenéis en Montilla! ¿Y el segundo proyecto?
Pues enseguida me pongo a ensayar otro proyecto que me hace feliz: Una madre, que es una adaptación de una novela preciosa de Alejandro Palomas; una adaptación teatral que hemos hecho conjuntamente para estrenar en diciembre, con otro reparto maravilloso encabezado por Luisa Martín, con Mamen Camacho, Elisa Hipólito y Samuel Viyuela.
Te defines a ti mismo como un cuentista, un contador de historias. Sabes contarlas muy bien, tanto las propias como las ajenas. ¿Te produce la misma satisfacción contar una escrita por ti que las escritas por los demás? Y ¿disfrutas más de la dramaturgia o de la dirección?
Primero, gracias por considerar que soy un buen cuentista. Lo que intento es que lo que escribo llegue a los demás; así que muchas gracias.
Pues mira, una vez aceptas una historia ajena ya se convierte en propia. Lo cierto es que yo disfruto imaginando una historia, escribiéndola, dirigiéndola, estrenándola… Y si el impulso que yo tuve al escribir una obra se convierte en realidad soy feliz; así como lo soy al conseguir poner en pie una que obedece al impulso de otro. Cuando el texto es ajeno encuentro una serie de ventajas porque suele venir avalado por la carrera de un autor/a y eso te da garantías de que el texto tiene un valor ya testado. La ventaja de ser yo el autor es la permisividad que tengo a la hora de corregir más cosas durante el proceso de ensayos: de cambiar escenas, o diálogos; pero también cargo con más peso y más miedo de equivocarme en todo. Por tanto, no te puedo decir que goce más escribiendo que dirigiendo o viceversa. El goce de la dramaturgia es el goce de la soledad en casa (con sus ventajas e inconvenientes) y el goce de la dirección es compartirlo con actores, a los que adoro porque yo me formé como actor y, para mí, el centro del teatro es el actor. En resumen, disfruto tanto de escribir como de dirigir y son absolutamente compatibles las dos. Y mira, también disfruto mucho de ver mis textos dirigidos por otros directores, de descubrir la visión que ellos tengan de mis textos.
Juan Carlos, para los actores Mérida es un escenario muy especial ¿Crees que es igual de especial para los dramaturgos? ¿Qué significa para ti ver una obra tuya en el Romano?
Mérida es un templo, un lugar de 2000 años de historia por donde han pasado tantísimas figuras maravillosas y tantísimos espectadores a lo largo de los siglos que… es muy impresionante. He tenido la suerte de estar allí antes ya con Anfitrión, en el año de la pandemia. Estuvimos con la mitad de aforo (unas mil quinientas personas) y aún así fue increíble ver a la gente, en aquel momento, con sus mascarillas en ese espacio. Tengo un recuerdo muy, muy emocionante de aquel estreno. Ahora vuelvo como dramaturgo y no como director; pero es igual de especial. Y además estoy contentísimo con el equipazo que se ha encontrado para Bacanal.
¿Y qué nos cuenta Bacanal?
Bacanal es una celebración, una celebración de los cuerpos, una celebración de la necesidad de sentir la piel, de sentir el movimiento, y de comunicarnos los unos con los otros. El punto de arranque es que las bacanales fueron prohibidas por el senado romano en año 156 a.C. y partiendo de ese momento histórico real, Baco ( la gran estrella rock de ese momento y lugar) se queda sin nada y va a visitar a Dioniso ( que es él mismo; pero en Grecia) para pedirle ayuda a recuperar las bacanales. Se verán inmersos en un viaje en el que se encontrarán con las bacantes y… a través de textos que hemos ido recopilando… algunos de Eurípides…otros míos, y también nuevos, se va fraguando esta celebración. Es una gran fiesta.
¿Qué propone este tándem Juan Carlos Rubio- Chevi Muraday?
Trabajar con Chevy siempre es muy especial porque admiro muchísimo su trabajo. Nuestra primera colaboración fue Sensible hace ya casi diez años, junto a Kiti Mánver, (risas)…¡cómo no! Y es un hombre con un imaginario y una manera de entender el cuerpo, el movimiento… fascinante. Y lo que aquí está creando, para Mérida, pienso que va a ser deslumbrante… por su imaginación, por su humor, y por todas las emociones por las que él transita… teniendo en cuenta además que está rodeado de un equipo fabuloso de creativos con los que suele trabajar. Vamos, que estoy muy feliz.
Contáis con un elenco de lujo. ¿Puedes hablarnos un poco de los actores y sus personajes?
¡Imagínate! Contamos con Carlos Hipólito con el que estoy trabajando, acabando la gira, de Música para Hitler. Carlos es un actor increíble con el que tenía muchas ganas de trabajar y ahora lo he tenido en una y, a continuación, en Bacanal. Es un honor porque es un lujo de persona y actor. Luego está Toni Acosta, ¿qué decirte? Pues un lujo de mujer. Esta será la cuarta vez que interpreta un texto escrito o versionado por mí. Estamos ahora con la gira de Una madre de película. Toni es una mujer maravillosa y una actriz superdotada. Juana Acosta…¡Ay, madre mía!
(Risas)… Con Juana hicimos El perdón, otra mujer maravillosa y actriz increíble que baila y tiene un talento alucinante. Y luego están los actores con los que no había trabajado; pero que me apetecía mucho como Mapi, Elisa, Cisco…así como todo el elenco de bailarines y bailarinas de Losdedae que conforman y, además, producen el espectáculo.
¿Y después de Mérida? ¿Qué recorrido tendrá la obra? ¿Se sabe?
Es un espectáculo creado para Mérida. A la semana siguiente, haremos un bolo especial en Salamanca, y se acaba la función porque el elenco tiene sus agendas muy comprometidas. Todos ellos han podido abrir este hueco para poder hacer esta “celebración” en Mérida; pero luego continuarán con otros proyectos. Por lo que la ocasión de verlo es Mérida.
Pues creo que ya te has acabado tu Manhattan. ¡Qué corto se me ha hecho!
Sabemos que eres un hombre ocupado y no queremos retenerte más. Solo te voy a pedir que expliques al Ambigú por qué no hay que perderse Bacanal y si crees que va a conectar con el público de hoy.
No hay que perdérsela por muchas razones y una de ellas responde a la segunda pregunta: Va a conectar muy bien con nosotros, con el público de hoy. Desde los poderes se nos sigue diciendo qué debemos sentir, qué debemos pensar…y hay que rebelarse contra eso. Bacanal es un modo de decir basta a lo establecido, a un dogma que, muchas veces, se aleja de lo que sentimos y deseamos. Es un grito necesario y esperanzador, desde el humor, para reencontrarnos con nuestro cuerpo y nuestra propia personalidad. Así que yo animo a todo aquel que quiera reencontrarse y salir del teatro con ganas de bailar “porque un día sin danzar es un día perdido” a que venga a Mérida a disfrutar de este espectáculo.
Te deseamos otro enorme éxito que añadir a tu colección. Mil gracias Juan Carlos por tu tiempo y tu talento. Ha sido un auténtico placer tenerte con nosotros.
¡Hasta el próximo Manhattan!