lunes, marzo 4, 2024

BACANAL, UN IDEAL CABARET INFERNAL

Texto: Héctor Aja

En 1881, en el barrio Montmartre de París, situado en unas colinas, surgió el cabaret como un modo de refugio para la burguesía, quienes estaban sedientos de curiosidad y diversión

El primer club de cabaret que se inauguró en Francia fue Le Chat Noir, que terminó popularizándose y dando lugar a otras salas como la famosa Moulin Rouge. Como su nombre indica, es una palabra francesa que significa taberna y esta palabra se atribuye a los diferentes restaurantes o salas que fueron habilitadas a finales del siglo XIX, para ofrecer un sinfín de shows musicales a modo de crítica y burla de todos los acontecimientos sociales de aquella época. En aquellos locales servían comida con alcohol e incluían una actuación breve durante la comida, con diversos números que iban desde la música hasta la magia, incluyendo a un maestro de ceremonias que se encargaba de conducir el espectáculo y entretener a los espectadores, para luego dar paso a los siguientes números.

Entrada al espectáculo. Foto: Héctor Aja

Antes de que surgiera este fenómeno artístico, ya había suficientes referencias en el teatro y la literatura que adelantaban los elementos de este género artístico independiente, por ejemplo, las sátiras de la Antigua Grecia. A medida que fue expandiéndose por todo Europa, después de su éxito en Francia, y en Estados Unidos, este género  se fue consolidando cada vez más como el show subversivo y provocador que conocemos ahora, de temática principal para adultos, y con el circo como una gran influencia. Cada vez que se menciona el término «cabaret«, esto nos retrotrae a la vívida imagen de varias bailarinas sincronizadas, que bailan  juntas mientras levantan o mueven sus faldas de manera sugerente, o incluso la imagen de Liza Minnelli con su icónico baile y vestuario en la película de Cabaret de Bob Fosse, estrenada en 1972, por la que ganó el Oscar a Mejor Actriz. Una versión basada en el libreto de 1966, escrito por dos compositores sobre la vida nocturna de uno de los clubs más famosos de Berlín, Kit Kat Club, en 1931, durante la irrupción del partido nazi en Alemania. También queda ahí el recuerdo de la mítica adaptación de Moulin Rouge de Baz Luhrmann con Nicole Kidman y Ewan McGregor de protagonistas. Todo un despliegue impresionante a nivel técnico, inspirado en el extravagante club de cabaret, Moulin Rouge, en la que se narra una historia de amor entre Satine y Christian a ritmo de pop y rock, que cosechó un apabullante éxito a nivel mundial y supuso una inmediata renovación del género musical que dio pie a varias versiones teatrales en todo el mundo, e incluso de Broadway.

En Madrid, durante los meses de septiembre, octubre y noviembre de este mismo año tendrá lugar el show Bacanal, el circo de los horrores, en IFEMA, cuyo escenario es exactamente el de un circo.  Se trata de un espectáculo que no dejará indiferente a nadie, apto para mayores de 18 años, con varios números musicales y danzas, intercalados con momentos muy divertidos entre los propios actores y el maestro de ceremonias, Lucifer, con un público entregado a fondo. Todo un soplo de aire fresco en el que se da rienda suelta a todo tipo de  fantasías sexuales con algunos asistentes del público, siendo invitados a participar en la obra mediante bromas sexuales y situaciones rocambolescas con ciertos límites, obvio, muy divertidas. Entre las situaciones que se plantean a lo largo de sus dos horas se llegan a realizar preguntas sobre los gustos sexuales de cada uno o que alguien finja directamente un gemido, hasta llegan a oficiar una boda pagana. Otro punto a favor de esta obra es la recreación de un “infierno” con ciertas dosis de erotismo que no busca tomarse en serio y dar miedo, tan solo regalar grandes momentos de humor con buena música en directo y mucho baile. Otra de las grandes cualidades de este evento es su gran sentido del espectáculo, en el que se conjugan elementos característicos del circo y del cabaret, con el mismo maestro de ceremonia realizando monólogos ácidos y números de acrobacias para quitarse el sombrero en unas dos horas que saben a poco porque terminan en un suspiro. Además, en la entrada se encuentra un bar en el que puedes comprar refrescos, comida y alcohol para disfrutar en la propia obra. Desde luego que el infierno nunca ha sido tan divertido.

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