Redacción
Lo que durante décadas fue un símbolo exclusivo de la cultura hip-hop estadounidense ha cruzado el Atlántico, ha pasado por las pasarelas de Alexander Wang y Givenchy, y en 2025 ya forma parte del street style de miles de jóvenes españoles.
Los grillz, esas fundas decorativas de metal —oro, plata, titanio, circonita o incluso piedras preciosas— que se colocan sobre uno o varios dientes, han dejado de ser un accesorio de artista para convertirse en joyería dental de uso cotidiano y figuras como Rosalía, Omar Montes o Aron Piper han sido abanderados de esta moda.
La pregunta que se hacen cada vez más usuarios —y que llega ya con frecuencia a las consultas odontológicas— es inevitable: ¿son seguros? La doctora Irene Esteve, odontóloga y experta en estética dentofacial, lo matiza con precisión: «Los grillz no son inocuos para los dientes, pero tampoco son necesariamente nocivos si están correctamente fabricados. Es decir, si están hechos a medida, si los materiales son biocompatibles y se usan de forma puntual. En estética dental, la clave siempre es que la belleza respete la salud.»
El problema, advierte la especialista, aparece cuando estas piezas no se personalizan adecuadamente. Los grillz mal ajustados pueden provocar reacciones alérgicas, acumulación de placa y caries, abrasión de los dientes adyacentes y, en uso prolongado, decoloración de las piezas dentales.
A esto se suman la fricción y presión sobre dientes y encías cuando el ajuste no es el correcto, así como la irritación gingival derivada de llevarlos demasiadas horas.
Los grillz han pasado de ser un accesorio exclusivo de artistas de hip hop y trap a convertirse en un fenómeno global de la moda urbana, y el mercado español no es ajeno a ello. Sus precios oscilan entre los 20 euros para los modelos básicos de serie y los más de 10.000 euros para los personalizados con piedras preciosas. Una horquilla que refleja también la brecha entre el producto seguro, fabricado a medida con control clínico, y el accesorio de bajo coste que se compra sin ningún tipo de supervisión odontológica.
Para la doctora Esteve, la diferencia entre uno y otro puede marcarla la salud de tu sonrisa a largo plazo: «Deben retirarse para comer y dormir, limpiarse a diario con productos específicos y colocarse siempre sobre una higiene impecable. Y, por supuesto, revisarlos periódicamente con el dentista.» Una rutina que, insiste, no es opcional si se quiere disfrutar de esta tendencia sin pagar un precio dental.