El efecto «perrhijo»: Cómo nuestras mascotas nos enseñan a vivir mejor (y con más estilo)

Por Clara Paz Otero

Hace años, el perro podría ser simplemente el guardián que vigilaba la casa desde fuera. Hoy en día, esa perspectiva ha sido completamente superada por una realidad más conmovedora: nuestras mascotas son el corazón del hogar. Esto se debe a la evolución que concebimos del amor incondicional y la lealtad. En un mundo en el que todo va tan rápido y las pantallas y la urgencia nos absorben, los animales son los únicos que pueden forzarnos a ver la realidad. Tener una mascota es considerado por mucha gente uno de los mejores métodos para calmar el estrés; no importa cómo haya sido tu día, que abrir la puerta y recibir esa alegría que solo dan ellos, lo cura todo. Eres su persona favorita en el mundo, y nunca te van a demostrar lo contrario.

La generación de los «perrhijos»

Este vínculo se ha vuelto tan estrecho y especial que ha dado nombre a un concepto que define a nuestra generación: los «perrhijos», donde podemos ver casos en los que ciertas personas no saben diferenciar entre si lo que tienen es un hijo o un perro. Para nosotros, ellos no son «solamente animales», sino un miembro más de la familia, compañeros de vida y confidentes que siempre saben cuándo necesitamos un abrazo. Esta manera de quererlos ha generado ciertas transformaciones a nuestro alrededor. Las ciudades se han adaptado, siendo mucho más acogedoras para ellos, sabiendo que a donde nosotros vamos, ellos vienen. Por eso, en la actualidad es completamente habitual buscar una cafetería donde puedan entrar y encontrar su cuenco de agua o reservar en hoteles que los reciben incluso con un detalle de bienvenida.

La moda canina con propósito

Sin embargo, este amor tan intenso también nos ha llevado a explorar formas curiosas y muy estéticas de cuidarlos. Como queremos que formen parte de todo, es natural que hayamos empezado a proyectar nuestro propio estilo en ellos. Solo hay que dar una vuelta por cualquier parque para ver que la moda canina se ha convertido en una expresión más de nuestro cariño. Ya no es raro ver a mascotas con chalecos acolchados, abrigos o incluso chubasqueros para los días de lluvia. Es un gesto bueno, ya que queremos que no pasen frío, que estén protegidos de la humedad y que, claro está, se vean tan bien como nos sentimos nosotros con nuestra ropa favorita. Ponerle a tu perro un abrigo que combine con tu estilo es una manera de demostrar esa conexión, haciendo que el paseo diario se convierta en un momento con más atractivo y carácter.

El equilibrio necesario: Humanización vs. Naturaleza

Este tema de la «humanización», que en ocasiones se puede ver como algo excesivo, debemos intentar que sea simplemente la manifestación de un deseo de darles lo mejor de lo mejor, sin excedernos. Es cierto que celebramos sus cumpleaños con tartas aptas para ellos y que nos encanta ponerles calcetines si el asfalto está muy frío, pero lo hacemos desde la máxima admiración. El problema es no encontrar ese equilibrio; disfrutar vistiéndoles y mimándoles, pero asegurándonos de que siempre tengan espacio para sus necesidades. El mayor regalo que podemos hacerles es dejar que sigan oliendo cada rincón, que se emocionen al ver a otros perros y que disfruten de la naturaleza con total libertad. Al final, lo que hace que este vínculo sea tan fuerte es que, aunque lleven el abrigo más estiloso, para ellos lo único que cuenta es el tiempo que pasamos juntos. El estilo es solo la decoración de un amor que es puro y transparente.

Un estilo de vida compartido

Este vínculo tan especial, en definitiva, nos hace mejores personas. Nos enseña lecciones de responsabilidad, paciencia y generosidad que no se aprenden en ningún otro sitio. Nuestras mascotas nos dan la excusa perfecta para salir a caminar cuando tenemos pereza y nos tienta a quedarnos en el sofá; nos obligan a que nos dé el aire, y a valorar los pequeños placeres de la vida que a veces pasan por alto, con esta prisa que llevamos siempre. Cuidar de ellos, mimarlos y querer que vayan siempre a la última es, de alguna forma, la mejor manera de cuidarnos también a nosotros mismos. Al final, su felicidad es la nuestra, y es el mejor recordatorio de que la vida se disfruta más si tienes a tu mascota al lado.

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