viernes, junio 21, 2024

EL IMPLANTE COCLEAR, UN MILAGRO PARA LOS SORDOS

Texto: Héctor Aja

La mayoría suelen pronunciar sus primeras palabras, por primera vez, con meses. Otros lo suelen decir más tarde, como en el caso de los que nacieron con sordera profunda, pero una vez implantados con un dispositivo que lleva el nombre de implante coclear ya se obra el milagro de los primeros sonidos de aquellos que han vivido en silencio desde su nacimiento.

La historia de los implantes cocleares, unos dispositivos electrónicos que sirven para estimular el nervio auditivo y que ha ayudado a miles de personas con problemas auditivos, entre ellos una hipoacusia, se remonta al siglo XVIII, cuando un investigador llamado Alessandro Volta se colocó varillas de metal en sus propios oídos y las conectó a un circuito de 50 voltios, sin embargo fue tan desagradable la sensación de descarga eléctrica que le impidió seguir realizando su experimento. Más adelante, en torno a los años treinta, durante la época de la Gran Depresión, una serie de investigadores científicos descubrieron que poner una corriente cerca del oído puede dar lugar a sensaciones auditivas, de modo que los estudios sobre cómo funciona la cóclea siguieron adelante hasta el año 1957, cuando tuvo lugar la primera estimulación de un nervio acústico con un electrodo, por los científicos Djuorno y Eyries. En este histórico experimento, la persona cuyo nervio estaba siendo estimulado podía escuchar el ruido de fondo. Una vez avanzó la investigación, llegaron a la conclusión de que los nervios auditivos deben estimularse con electrodos en la cóclea para reproducir el sonido.

En 1961, tuvo lugar el primer implante coclear gracias al otólogo estadounidense William F. House y el neurocirujano John Doyle, quienes introdujeron la implantación en la cóclea a tres personas en ese mismo año en Los Ángeles y obtuvieron resultados beneficiosos que les llevó a demostrar que los pacientes tenían alguna discriminación de frecuencia básica y podían identificar algunas palabras. De hecho, a William House le llevó unos diez años, hasta 1972, a introducir el primer dispositivo de un solo canal, teniendo lugar una implantación masiva en los años posteriores, entre 1972 y a mediados de la década de 1980.  Al parecer, en 1984, la misma Cochlear Corporation, presentó el primer implante coclear con un sistema multicanal con el nombre de Nucleus, que fue mejorado de forma significativa dando lugar a varias versiones que hasta ahora, con la presentación de uno de los últimos modelos, ya existen implantes compatibles con el smartphone, como el caso del implante Nucleus 7.

Para la implantación se realiza una cirugía total o parcial, en la que se suele levantar un colgajo de piel y tejido donde se inserta el dispositivo en el que se colocan los electrodos. Cuando las ondas sonoras llegan al oído externo viajan a través del conducto auditivo hacia la membrana del tímpano. Allí, las ondas sonoras son transmitidas mecánicamente hacia el oído interno y amplificadas. En el interior se encuentra la cóclea, que a su vez está compuesta por tres conductos distintos. En el medio se encuentra el propio órgano de la audición y posee las células ciliadas, que al estar dañadas o al desaparecer con el paso del tiempo son las responsables de problemas auditivos, y estas células son estimuladas eléctricamente enviando la señal a los nervios y luego al cerebro.

Pero, ¿y cómo funciona un implante coclear?, el sonido entra por un micrófono y viaja a través de un mini ordenador externo, en este caso se le llama “procesador de sonido”, donde el sonido es procesado y convertido en información digital. Esa información digital es enviada a través de la antena transmisora hacia la parte del sistema quirúrgicamente implantado. En ese momento, el implante se encarga de convertir el sonido en señales eléctricas, que viajarán por un haz de electrodos insertados en la cóclea u oído interno que lo estimularán, enviando la información sonora hacia el cerebro.

Sin embargo, a lo largo de todos estos años ha habido cierta polémica con los implantes cocleares, puesto que siempre se les ha asociado a la pérdida de vínculo de la comunidad de los sordos con el lenguaje de signos, ya que muchos, una vez comienzan a oír, recurren al lenguaje normal y a asociar los distintos sonidos, lo cual se puede traducir en un arduo proceso de aprendizaje que se deberá realizar con expertos profesionales como logopedas y psicólogos.

Una vez diagnosticada la sordera, mucha gente no sabe qué hacer y a quién recurrir, y por esa sencilla razón existen varias asociaciones de sordos en España, que disponen de una serie de recursos y servicios para atender de la mejor manera este tipo de casos relacionados con la sordera para ayudar a todos aquellos que lo necesitan. Entre las diversas asociaciones se encuentran AICE, que suelen atender a todos los usuarios con implantes cocleares a nivel nacional, y su objetivo es difundir información y defender los intereses de todos los que se han implantado para lograr la integración total de todas estas personas. Otra asociación sería ASOCIDE, que se encarga de representar a todos los sordociegos y, entre otras, FIAPAS, cuya labor consiste en el asesoramiento y apoyo a todas las familias con un miembro diagnosticado con sordera. Gracias a la presencia de estas entidades, cada día se avanzan más en los derechos, así como en las políticas orientadas a esta comunidad.

 Por eso, en esta era tecnológica, donde cada vez todo es posible, ya es oír o nada.

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