Por Sandra Cuenca/ Fotos cedidas por Fehr Rivas.
El cantante Fehr Rivas lanza «280gr», el primer single de su esperado tercer álbum de estudio, una canción que plantea una pregunta profundamente contemporánea: ¿Puede el amor sobrevivir en medio del caos que vivimos cada día?. Con una propuesta que mezcla rock, synth-pop y letras cargadas de emoción, el cantante mexicano inicia una nueva etapa artística mucho más introspectiva, madura y conectada con las conversaciones de su generación.
El camino de un artista independiente está repleto de sueños, pero también tiene silencios, dudas y profundas preguntas. A sus espaldas queda la complicidad de los años arropado por una banda; al frente, un horizonte que le pertenece por entero. Fehr Rivas camina hoy con la guitarra al hombro, el corazón abierto y una sonrisa transparente, defendiendo un sonido —el rockmántico— que es tanto su bandera como su propia biografía. En un mundo de ritmos vertiginosos, donde el algoritmo y la inmediatez digital parecen devorarlo todo, el cantautor michoacano se detiene a conversar con nosotros desde Los Ángeles, con un café entre las manos y una sonrisa que te conquista desde el primer momento. Habla con la nostalgia de quien recuerda el milagro de un regalo que le cambió la vida, pero también con la madurez del músico que abraza el «dramatismo» de su sangre mexicana y de su signo zodiacal, Escorpio. Está convencido de que hoy, más que nunca, hace falta resistir a través del amor y de canciones honestas, de esas que de verdad dan un vuelco al corazón cuando las escuchas. Hablamos con él de su pasado, de su presente y del arte de mantenerse fiel a uno mismo.
La pasión de Fehr Rivas por la música no es un accidente tardío, sino una herencia que late desde su infancia. El artista se considera un verdadero afortunado por haber crecido en el seno de una familia donde el arte y la bohemia se respiraban de manera natural en su día a día. Al recordar aquellos primeros años en Michoacán, sus ojos se iluminan de nostalgia. «Soy muy afortunado porque desde muy pequeño ya estaba esa pasión y esa inquietud ahí, porque crecí en una familia muy bohemia. Mi papá tocaba la guitarra, mis tíos otros instrumentos, por lo que siempre que había reuniones, la música en vivo estaba presente, generando una atmósfera mágica de intimidad y unión«, recuerda Fehr.
Sin embargo, hubo un punto de inflexión exacto que marcaría su destino para siempre, un recuerdo que hoy su familia evoca con muchísimo cariño. «Exactamente fue un 6 de enero, cuando llegaban los Tres Reyes Magos. Yo les había pedido una consola de videojuegos y ellos me llevaron una batería, Melchor, Gaspar y Baltasar… y yo pensando que lo que había pedido era una consola y en porqué me habían traído una batería y dije: Bueno, pues ahora voy a hacer una carrera con esto«, recuerda con cariño. Aquel instrumento inesperado le apasionó de inmediato. Fehr se convirtió en «el chico de la cuadra escandaloso que tocaba la batería», reconoce entre risas, provocando el asombro y las quejas de los vecinos. Pero ese mismo ruido fue el imán que consiguió reunir a algunos de sus amigos y crear una banda musical, Cruces.
Aquel niño dio paso a un adolescente «muy intenso y con mucha pasión«, una etapa crucial donde las emociones están a flor de piel y uno empieza a descubrir su propia personalidad, mientras el arte se convierte en el único refugio posible para comprender el mundo. Fehr se describe en esa época como un joven receptivo, moldeado por la música que lo rodeaba. «Sabemos que la adolescencia siempre es esa etapa donde están a flor de piel las emociones, ¿verdad? y uno se va descubriendo. Considero que además es un momento importante porque aparte de conocer tu personalidad, también te vas llenando de lo que está pasando alrededor», reconoce, y añade «siempre fui una persona que se sintió muy inspirada por la música que había ahí. En mi cuarto, como cualquier adolescente, tenía los posters de mis ídolos que ya eran agrupaciones y cantantes reconocidos, Maná era la banda que será ya una leyenda, los locos de rock en español, pero también artistas y solistas«.
Debido a la innegable cercanía geográfica y cultural de México con los Estados Unidos, el cantante creció consumiendo también muchísima música en inglés. En ese sentido, recuerda cómo un lazo familiar terminó definiendo uno de sus mayores pilares artísticos. «En México estamos muy apegados a Estados Unidos, crecimos con muchas canciones en inglés. Yo recuerdo a un tío que vive en Estados Unidos y que es fanático de Bryan Adams y de repente yo me hice súper fan de Bryan Adams y era así como ¡guau! Y ahora Bryan Adams es uno de mis artistas con los cuales guío mi carrera«.
La soledad del solista y el nacimiento de la identidad Rockmántica
Tras consolidar su experiencia con dos discos grabados junto a su banda, Cruces, y haber tenido el honor de compartir escenario con grandes figuras de la música, Fehr tomó la valiente decisión de iniciar su andadura en solitario. Dar ese paso, desmarcarse del cobijo de sus compañeros y amigos de siempre, supuso un profundo proceso de maduración interna, un reto donde tuvo que aprender a mirar de frente a sus propios miedos. Explica que más que un obstáculo que te detenga, el gran reto es entender que ahora la responsabilidad recae sobre un solo individuo, quien debe generar toda una carrera a través de su propia visión y sus deseos artísticos. Extrañaba, por supuesto, la belleza de trabajar en comunidad y contrastar puntos de vista, pero descubrió que el camino en solitario exige una honestidad brutal. «Cuando uno está solo se vuelve muy influenciable, empiezas a dudar de ti mismo«, confiesa con total transparencia. «Entonces el obstáculo mayor es esa duda que uno tiene a sí mismo y que tiene que vencerla, estar seguro de que vale la pena trabajar por ello«. A pesar de navegar como solista, Fehr aclara que su paso por la banda le dejó una lección invaluable: la importancia de trabajar en equipo, por lo que hoy en día, aunque firme con su propio nombre, se siente arropado por un gran equipo humano que lo ayuda a mantenerse seguro de sí mismo.
Fue precisamente en esa búsqueda de su propia voz donde Fehr acuñó y defendió un concepto que se convertiría en su sello de identidad y en el título de su primer álbum en solitario: el Rockmántico. Lejos de considerarse el inventor de un género, el músico asegura que el término existía dentro de él mucho antes de ponerle nombre, fruto de una dualidad entrañable en la que se crio. «Pues más que inventarlo, creo que lo traje yo a la mesa. El rockmántico me hizo a mí, hizo a Fehr Rivas, porque siempre estuvo ahí. Como te comentaba, pues crecí en un lugar muy romántico y soy muy afortunado de ser un chico que vio a sus padres enamorados, que vio a su padre conquistar a la mamá, cantando una canción o llevando flores. Yo vi a mis padres bailar en la sala de la casa con alguna canción de Armando Manzanero, de Roberto Carlos —los artistas de mi papá—, Luis Miguel… obviamente él está presente en la mayoría de los que hablamos de español«.
A esa profunda raíz romántica se le sumó, durante su adolescencia, el deseo natural de rebeldía. Con sus amigos quería ser el rockero intenso entregado a la energía de las guitarras, pero al regresar a casa, a solas en su habitación, ponía los discos románticos de Luis Miguel o de un jovencísimo Alejandro Sanz cuyas canciones lo deslumbraban. En lugar de vivir en una contradicción interna, Fehr decidió fusionar ambos mundos de manera natural. «Yo decía: bueno, no tiene por qué estar peleada la energía y la intensidad del rock —porque me gusta mucho esa pasión, esa entrega— con estos temas mucho más emotivos. Las emociones y los sentimientos te tienen que dignificar a través de la música. Y entonces yo dije: pues rockero y romántico… rockero, romántico… ¡rockmántico! Y de ahí salió. Y resulta que no soy el único, que hay muchas personas que se consideran rockmánticos; es un mote que ya agarraron todos», explica.
Al analizar la industria musical actual y la falta de espacios para propuestas que deciden esquivar las tendencias masivas, Fehr mantiene una postura analítica respaldada por la historia de la música. Desde su perspectiva, la industria siempre ha funcionado de la misma manera, «cada vez que veo documentales de artistas que me gustan, resulta que en su momento nadie los quería. Esos artistas que hoy admiramos han tenido que romper las barreras«. Evoca nuevamente el caso de Maná, a quienes al principio despachaban etiquetándolos como un simple grupo de pop-rock sin importancia, y que terminaron construyendo su éxito a base de tocar en vivo, conquistando al público en persona, en lugares pequeños y lejos de las radios. Por eso, Fehr sostiene con firmeza que «la industria nunca te va a regalar un espacio; el proyecto debe consolidarse y trabajarse con infinita paciencia y resistencia para que los de arriba volteen a mirar«.
Reconoce, por supuesto, las inmensas bondades de las redes sociales, que permiten que cualquier persona en el mundo te encuentre con un solo clic. Sin embargo, no esquiva el gran reto contemporáneo: la dura batalla por la visibilidad en un entorno saturado. «Y ahora con las redes sociales y con la posibilidad de tú subir una canción, pues estás ahí, ahí a la mano, ¿no? O sea, cualquier persona que conoce tu nombre te puede buscar y te encuentra» afirma, pero añade «claro, vencer la tiranía del algoritmo, eso es otra cosa. Ahora peleo contra la IA y el algoritmo que te está aventando: escucha esto, escucha lo otro, y tú dices: oye, pero ¿Quién es ese Fehr Rivas si no te dejan verlo?. Por eso digo que la industria nunca te va a brindar el espacio. Te lo tienes que ganar, lo tienes que trabajar, y eso se consigue con paciencia y sobre todo con resistencia«.
«280gr»: Un latido de honestidad frente al colapso del mundo
Es precisamente esa palabra, resistencia, con la que gira la creación de su tercer álbum de estudio y de su primer sencillo promocional, titulado de manera sugerente 280gr. Para Fehr, este concepto no es solo una postura artística, sino una necesidad vital para sobrevivir en la cotidianidad de un mundo que a veces parece avanzar hacia rumbos incomprensibles e inciertos. Su objetivo con este nuevo trabajo discográfico es ofrecer un refugio para el alma. «Pues mira, como bien dices, la tercera es la vencida. La palabra, ya has escuchado que la he repetido bastante, que es resistencia. Y es que, al final de cuentas, creo yo que es lo que tenemos que hacer hoy en día en nuestra cotidianidad. Creo que ya todos hoy estamos viendo de qué manera podemos subsistir en un mundo que cada vez parece que no entendemos hacia dónde va, ni qué va a suceder mañana, entonces, es resistir a través del amor, resistir a través de las cosas que son fundamentales como humanos, y para mí la música es la que nos da esa inspiración. Yo quise que este tercer disco fuera eso, un disco donde pudieras encontrar canciones que te inspiran«.
Frente a la inmensa cantidad de música actual diseñada exclusivamente para el consumo rápido y el baile efímero, el músico extraña la profundidad de las composiciones que dejan una huella imborrable en el corazón. «Hoy en día hay muchas canciones que nos traen alegría de baile, de fiesta, pero se han quedado perdidas por ahí las canciones que nos dejaban un mensaje. Yo recuerdo una o dos canciones que puedo decir… Y tal vez ahorita tú podrías decir también una, esa canción que en un momento muy áspero de mi vida, muy oscuro, esta canción me dio la luz, me dio la vida. Y a mi me gustaría encontrar una canción que dijeras: `mira, no me pone a bailar o tal vez no es el hit, pero ¡uy!, cuando estuve en un mal momento, esta canción, 280 gr, me dio un latido al corazón´. Creo que hoy más que nunca hacen falta esas canciones que inspiren. Ese es el concepto del disco, ese es el concepto de la primera canción y ese concepto rockmántico que también me ha definido en mis discos pasados«.
Más allá de buscar la viralidad efímera que hoy obsesiona a tantos creadores, el anhelo más profundo de Rivas es que el público reconozca en él a un artista transparente. Y para lograrlo, no duda en abrazar con orgullo el dramatismo y la pasión que corren por sus venas mexicanas. «A mí me encantaría que la gente cuando la escuche diga: oye, qué canción tan sincera, qué personaje este rockmántico tan transparente´. Porque yo he visto a muchos artistas que están buscando, ante todo, la viralidad, porque ahora ya no le decimos fama, todos quieren ser virales. Y yo lo que quiero es que digan: `mira, ese muchacho, se escucha honesto y sabe capturar lo que está pasando en el presente´», confiesa, y añade, «a mi es lo que me gustaría es que me definieran como una persona sincera. Y para eso está mi música y mi arte. Obvio que la obra va a venir con una idea, y en este tercer disco voy a mantener esa intensidad. De repente dicen que los mexicanos somos muy dramáticos, por mucha novela, muy noveleros. Somos el Mariachi, el Mezcal y el Tequila; nos gusta ese dramatismo. Por eso lo traigo en mi sangre y en este tercer disco quiero meter eso, por eso esta canción. Hay una frase en ella de la que alguno me decía: Fer, estás muy fatalista. En la fatalidad también está el romanticismo: «¿Te quedarías junto a mí y ver el mundo estallar?» ¿Quién hace esa invitación? bueno, pues alguien que quiere quedarse contigo en las buenas y en todas las malas. Y vamos a construir otra vez, vamos a construir, eso es lo que a mí me gustaría hacer«.
El romance intacto con España y los retos de la era moderna
Al hablar del público español, los ojos de Fehr se iluminan con una gratitud inmensa. Existe un lazo invisible pero indestructible que une a España con México a través de la música, y el cantante guarda recuerdos imborrables de su última visita hace dos años, cuando cruzó el charco para compartir micrófonos con su gran amigo Andrés Suárez en el precioso tema Tú vas primero. Recuerda con cariño cómo Sevilla lo abrazó y lo acogió de una manera increíble, el eterno enamoramiento que produce Madrid, sus pasos por Barcelona, Málaga, y muy especialmente Valencia, una ciudad que se ha convertido en su segunda casa desde la primera vez que lo invitaron. Como originario de Morelia, Michoacán —la misma tierra que vio nacer al eterno Juan Gabriel—, Fehr asume con orgullo el arquetipo del mexicano bohemio que viaja con su guitarra listo para conmover a quien lo escuche. Por ello, confiesa emocionado que su sueño más anhelado es volver muy pronto a pisar tierras españolas para presentar este tercer disco, ya sea con la potencia de una banda completa o arropado únicamente por la intimidad de su guitarra acústica en cualquier pequeño rincón.
Al mirar de frente el panorama actual de este año 2026, Fehr tiene muy claro cuál es el enemigo a vencer para un creador independiente: la dispersión. En una reflexión, señala que el mayor reto actual es la paciencia y el enfoque. «De repente parece que todo lo que está pasando alrededor es para distraernos, todo es distracción. No hay un momento donde nos dejen respirar y enfocarnos. Y como artista, ya estás sacando una canción y ya te están diciendo que tienes que hacer un TikTok, que ya tienes que ir pensando en la siguiente canción porque es rápido. Al mes siguiente piensas que no le estamos dando tiempo al primer tema, todo eso lo que hace es distraerte. Yo creo que el tener paciencia y el bajar las revoluciones, es el mayor reto hoy en el 2026 y no querer ganar todo al momento ni que suceda al instante. Hay canciones que pueden pasar tal vez dos años y tres años y ¡pum!, explotan porque llega su momento. Entendamos que la paciencia es una virtud hoy en día«.
Le pregunto a Fehr que si pudiera mandarle un mensaje al Fehr de hace diez años, cual sería, «no sabes la que te espera, Fernandito. ¿Quieres andar tocando la guitarra? Mira lo que te va a suceder», dice sonriendo, y apunta «y me refiero desde las cosas muy lindas hasta también otras donde me he tenido que enfrentar a la decisión de ¿será bueno continuar? ¿Será mejor dedicarte a hacer otras cosas?». Porque el artista siempre se tiene que reinventar y también mantenerse fiel a sí mismo. Decir pues es que yo soy… No sabes la cantidad de gente que me han dicho que debería cantar mariachi, que debería de cantar tradicional mexicano, que debería de cantar como no sé quién, pero nunca te dicen: «oye, me gusta quién eres». Todo el mundo tiene una opinión de ti, todo el mundo cree que es lo mejor para ti y ese también ha sido un reto. Por eso digo que en estos diez años he tenido que entender que es importante valorarse a sí mismo. Entonces, dentro de 10 años sería decirle: por favor, confía en ti mismo y sé fiel a ti mismo… Vamos a llegar lejos«.
El futuro inmediato de Fehr Rivas se dibuja bajo la premisa de cocinar las cosas a fuego lento, desafiando la tendencia de lanzar sencillos efímeros que la gente borra y olvida con rapidez. Aunque en algún momento dudó de si al público todavía le interesaba el concepto de un álbum completo, ha decidido apostar por una obra sólida. 280gr funciona actualmente como el puente perfecto entre la esencia orgánica y rockera de sus trabajos anteriores y los nuevos rumbos musicales que explorará el disco, los cuales adelanta que se inclinarán hacia texturas mucho más atmosféricas, de la mano del synth pop y los sintetizadores que tanto le apasionan. Todo ello, por supuesto, aderezado con esa intensidad pasional tan propia de su signo Escorpio que, según confiesa divertido, a veces asusta a la gente, pero al final termina encantando.
Con la agenda en plena reactivación tras el inevitable parón generalizado que ha supuesto el Mundial de fútbol, Fehr ya planifica con ilusión sus próximos pasos: un nuevo lanzamiento musical programado para finales de agosto o principios de septiembre, el inicio de sus presentaciones en México y planes muy firmes para visitar Colombia. Y aunque el diseño formal de la gira sitúa el regreso a España para principios del próximo año, Fehr Rivas se despide con un guiño cómplice y cargado de ilusión: «Si en una de esas hasta podemos darnos una vuelta para España en octubre o noviembre… como decimos en México: se nos prende la mecha y nos vamos para allá. Por ahí llegamos«. Y aquí, sin duda, su público lo estará esperando para ver, a través de sus canciones, el mundo estallar.