miércoles, febrero 21, 2024

Geografía del reencuentro

Por Javier Cuenca

Puede que resulte una obviedad decir a estas alturas que el cine no necesita de grandes historias, ni de mucha parafernalia, para alumbrar películas notables, incluso sobresalientes. Pero cuando uno se asoma a obras tan sencillas e incontestables como la que nos ocupa es casi inevitable redundar en algo tan evidente. “Vidas pasadas” es un pequeño prodigio, quizá esa película que veníamos reclamando los cinéfilos en un año que, no nos engañemos, ha sido escasamente pródigo para el asombro cinematográfico en el mejor sentido de la palabra.

Vidas pasadas

Dirección: Celine Song

Intérpretes: Greta Lee, Yoo Teo, John Magaro, Jonica T. Gibbs, Isaac Cole Powell.

Género: Romance.

Duración: 105 minutos.

Nora y Hae Sun son unos críos que viven en Seúl. Van a clase juntos, hablan, existe una gran complicidad entre ellos, se quieren. Pero la familia de ella tiene que emigrar a Canadá y no vuelven a saber el uno de la otra hasta algunos años después, cuando ambos son veinteañeros y se reencuentran gracias a Internet, mientras él sigue viviendo en Corea y la chica estudia teatro en Nueva york. Pero tras hablar durante una semana, vuelven a alejarse por decisión de Nora, y no se encontrarán de nuevo hasta doce años más tarde, aunque entonces algunas cosas habrán cambiado.

Vidas pasadas” es una película pequeña, honesta, sencilla. Y en esas cualidades radica su belleza, su poder de conexión con el espectador. La cámara de Celine Song, realizadora surcoreana que, sorpréndanse, afronta con esta hermosa obra su debut en pantalla grande, observa a los personajes con naturalidad y les deja hacer y decir desde la distancia necesaria, sin distorsionar su intimidad.

Song narra esos tres encuentros, esos tres momentos, sin estridencias, huyendo del artificio y colocando su mirada siempre al borde de la emoción, demostrando una innegable capacidad para atrapar la verdad de los sentimientos. Ese hecho convierte a “Vidas pasadas” en un film humilde, impresionista, desprovisto de grandilocuencia e impregnado de una naturalidad espontánea, nunca forzada o proclive a la impostura.

Insisto: en las postrimerías de un año tan poco propenso a las sorpresas cinematográficas de calidad, hemos de agradecer este soplo de aire fresco, este chispazo de emoción que nos reencuentra con esas películas capaces de lograr mucho con muy poco. Tan líricas y tan poderosas. Tan sinceras y tan íntimas. Háganse un favor y vayan a verla.

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