viernes, diciembre 2, 2022

GURUTZE BEITIA: “Hija verte actuar ha sido muy raro, no te he reconocido en el escenario, me dijo mi madre. ¿No es bonito?”

Texto: Mar Olmedilla / Fotos: G.B.

Cuando se baja el telón y los focos se apagan, Gurutze Beitia se quita el disfraz y el maquillaje y sale a la calle como cualquiera de nosotros. Una mujer muy normal que lo único que quiere ahora en la vida es respirar el salitre del mar, dar largos paseos por la ría de Bilbao y reírse a carcajadas con los suyos. Es actriz por encima de todo, pero también una mujer luchadora que se amolda al paso del tiempo sin hacer un drama por ello. Todo lo contrario, siempre busca la vis cómica, incluso se atreve a burlarse de la maldita menopausia. Lo suyo es puro teatro, aunque recientemente la hemos podido ver en “Acacias 38”, de TVE, o como monologuista en “El Club  de la Comedia”. No entiende la vida sin humor y no acepta eso de que la mujeres no tienen sentido del humor o que las cómicas que hay son malas. “Es mentira eso de que no tenemos tanta gracia”, afirma con contundencia. Tal vez por eso José Mota cuenta con ella para “Y si sí”, nuevo espacio que estrenará TVE. Marco su número, da tono, pero nada, no contesta. Quince minutos después vuelvo a marcar, no tarda ni diez segundos en contestar. Del otro lado me llega una voz alegre y jovial propia de una adolescente, desde la pantalla me miran unos ojos que conservan intacta la chispa de la vida. Gurutze Beitia es de la cosecha del 65, sin embargo desprende la vitalidad de quien aún tiene todo por vivir. Ya en la primera pregunta, así de entrada, voy y meto la pata. “No, no soy de Mundaka sino de Basurto (Bilbao), aunque los de Bilbo ya se sabe que nacemos donde queremos –bromea-. He veraneado siempre en Mundaka, tal vez por eso haya esa confusión. Tanto en la Wikipedia como en casi todos los sitios ese dato está mal, lo he intentado arreglar, pero no hay manera”. Gracias a que es generosa y paciente, continuamos con la charla pese a mi tremendo error. Es más, se disculpa por no haber cogido antes el teléfono: “Estaba de paseo por la Ría, contemplando el mar e impregnándome de la brisa y su olor”.

Gurutze con Txemi Parra en «El dilema del jamón»

Con Gurutze uno no tiene la sensación de estar haciendo una entrevista, sino de estar charlando con alguien al que hace mucho tiempo que no ves, aunque nunca te hayas cruzado con ella. La conversación fluye del presente, al pasado, del pasado al futuro. Es un ir y venir por su vida y su trayectoria profesional sin reglas ni normas, y su carrera da para mucho. “En realidad yo iba para muchas cosas hasta que terminé siendo actriz. Mis padres querían que estudiara algo serio y que tuviera futuro, como tantos padres. Por eso he hecho de todo. Desde Técnico Especialista de Relaciones Públicas para Empresas, ¿cómo te quedas?, a estudiar Ciencias Sociales y de la Comunicación y, finalmente, Arte Dramático, mi vocación y pasión”, me resume rápidamente. Un resumen en el que no incluye que también estudió canto, solfeo y piano, eso sin saber que terminaría siendo actriz.

Aunque a decir verdad, Gurutze Beitia, la pequeña de tres hermanos, siempre apuntó maneras desde pequeña. “Me cuentan que siempre estaba disfrazándome y hablando con seres invisibles. Nunca me he roto nada ni he llevado escayola, lo mío era más bien tipo Harry Potter, vivía en un mundo imaginario y mágico para mí. Sí recuerdo que le robaba las gafas a mi hermano, cogía un poco de papel albal y me hacía unos dientes postizos que me pegaba con chicle, con eso ya me inventaba un personaje con el que hacer sonreír”, recuerda entre risas.

También cantabas, ¿no?, algo que no has abandonado y que ha hecho que el Teatro de la Zarzuela sea como tu segunda casa.

Es que en casa desde las ocho de la mañana ya se ponía el tocadiscos. Mi padre era delegado de EMI-Odeón y la música sonaba siempre, desde boleros, rock, mucha música clásica, Beatles, Moustaki… una mezcolanza increíble. En los álbumes de fotos familiares, mi padre aparecía sonriendo al lado de amigos como Los Diablos, Luis Mariano o Cliff Richard, entre otros. Y sí, tienes razón, el Teatro de la Zarzuela es mi segunda casa y siempre regreso a ella. El próximo enero, si nada lo impide, volveré para hacer “Entre Sevilla y Triana”, un espectáculo que fue censurado en los años 40 porque trata de una madre soltera.

Al escuchar que tendrá que poner acento andaluz, carraspeo. No me imagino a esta vasca de pura cepa encarnada en una mujer sevillana. ¡Lo que es ser actriz! En menos de un segundo y sin pedirle nada, tengo la sensación de estar hablando con una andaluza que se pasea por el puente de Triana y no por la Ría. Es el poder camaleónico de su oficio. “Si soy actriz es porque siempre he querido hacer de todo, por decirlo de alguna manera. Vivir mil vidas en una, para interpretar otros mundos diferentes al mío, pero sobre todo hacer vivir a otras personas esas vidas. A mí lo que me enamora de esta profesión es que te permite transmitir emociones continuamente, trabajar con los sentimientos y poder llegar a conmover a otros”, se apresura a explicarme antes de que pregunte nada más. Esta bilbaína inquieta reconoce que no se graduó como actriz hasta que no tuvo 28 años y se subió por fin a un escenario, “al mundo de la interpretación llegué ya con unos añitos”. Hasta entonces, Gurutze trabajaba en lo que podía para comer: en un banco de crédito estuvo dos años, más de ocho en un concesionario de coches. Eso sí, los fines de semana y los veranos los invertía en ver cómo podía cumplir sus sueños y en estudiar en la Escuela de Arte Dramático, para la que sacaba tiempo de donde podía. Una de las etapas que con más cariño recuerda en sus inicios es la de Radio Euskadi, donde copresentó “El punto sobre la jota”, un programa en directo de cinco horas donde no paraba de hablar y hablar. “Era feliz en la radio, aprendí mucho. Aunque tuvo mucho éxito el programa, lo compaginaba con la Escuela de Arte Dramático, así estuve varios años. En la Escuela me di cuenta, lo que te decía antes, que mi mundo era ese y no otro, un mundo lleno de imaginación, creatividad y magia. Ahí encontré mi lugar realmente”, comenta la actriz. Con la radio llegó también la televisión, donde debutó como presentadora de programas como “Más humor”,  “Pika, Pika”, “La familia mata” o “El gordo: una historia verdadera”, entre otros. Poco a poco, Gurutze Beitia se abrió paso a lo que el destino le tenía preparado: la interpretación.

Una carrera en la que dice sentirse como pez en el agua, sobre todo en el teatro, su pasión y trabajo actual, aunque también ha intervenido en películas como “Igelak”, “El primer último día”, “Los Castigadores”, “Visionarios”, de Manuel Gutiérrez Aragón, “Lázaro”, de Asier Morejón, “Mi vecino favorito” o “La boda”, de Ramón Barea.

Con sus compañeras de «Acacias 38», Susana Soleto y María Gracia

¿Cómo das el salto a la interpretación y te conviertes definitivamente en actriz?

─Un día recibo la llamada de una productora de un programa de humor de ETB y me dice que si puedo hacer un casting. Allí me presenté para contar chistes y me cogieron. Lo mejor es que eso me daba de comer y que a lo tonto, a lo tonto he llegado a estar en la final de la 4ª Edición de El Club de la Comedia, que presentaba por entonces Eva Hache.

A estas alturas de la conversación me queda claro que Gurutze Beitia es actriz, pero también presentadora, cómica, monologuista y cantante. Una “todoterreno”, como se define. Según ella se lo debe en gran parte a su hermana Idoa que, ante las puertas que se le estaban abriendo a Gurutze, le aconsejó que se centrara en ser actriz y dejara de trabajar en lo demás: “Un plato de alubias no te va a faltar nunca, me dijo, no se me olvidará nunca. Fue oírla decir esa frase y me líe la manta a la cabeza, dejé los otros trabajos y me dediqué de lleno a lo que me gustaba, uff, y han pasado más de veinte años. No está mal”, dice con una gran sonrisa.

─A Sabino, tu padre, ¿no le hubiera gustado más que te dedicaras a la música sin más?

─(Risas) ¡Ay, pobre! No, creo que no. Él conocía muy bien ese mundo, el de entonces, y no le gustaba lo que veía por las noches, supongo que eso no le parecía “decente ni serio” para una niña de Bilbao, supongo. Pero se hubiera sentido muy orgulloso de verme cantar en el Teatro de la Zarzuela, estoy segura.

¿Tus padres no te han visto actuar?

─Por desgracia, mi padre murió muy joven, mucho antes de que yo me subiera a un escenario. Mi madre, Eguzkiñe se llamaba, que también falleció hace once años el día de la Virgen del Carmen, sí me vio actuar. Estaba muy orgullosa de mí. Lo más bonito que me han dicho nunca como actriz, me lo ha dicho ella. “Hija verte actuar ha sido muy raro, no te he reconocido en el escenario” me dijo mi madre. ¿No es bonito? Es lo más bonito que se le puede decir a una actriz, que ni su propia madre la reconozca en un papel que está interpretando.

Les recuerda sin pena, más bien con la añoranza de lo que tanto se amó. Es la única vez que en su voz noto cierta tristeza, “es que cada día que pasa, más los echo de menos”, me confiesa. Un quiebro de voz que recobra  enseguida cuando le pregunto por qué ama tanto el teatro. “Porque el teatro es el cordón umbilical que te une con el público. Desde el escenario tú recibes y sientes todo lo que procede desde las butacas: el silencio se instala de repente, lo que te permite percibir un sollozo, una risa, los nervios, el miedo, la sorpresa… Te llega todo y a ellos, obviamente, también les llegamos nosotros. Además porque no hay una representación que sea igual que otra, aunque sea la misma obra. El teatro es vida, está vivo, es directo e inmediato”, dice totalmente convencida. Sin embargo, denota la misma pasión cuando habla de la televisión o el cine, aunque son registros distintos. “Pero he disfrutado como una niña con mi papel de Arantza en ‘Acacias 38’. Me incorporé cuando ya llevaban mucho tiempo en emisión, pero me sentí adoptada desde el primer día por todos. No sólo por los actores, por la dirección, los técnicos, vestuario, maquillaje… Era un equipo muy humano y me he reído mucho, y, ¡la risa, une tanto! Por no hablarte de todo lo que he aprendido, no terminaría nunca”, de nuevo se echa me llegan sus carcajadas.

Gurutze junto a Itxaso Quintana y Susana Soleto en «Good sex, Maritxu»

Gurutze Beitia acaba de disfrutar de una semana de vacaciones en Tarragona. Una semana en la que ha desconectado de todo y se ha limitado a tumbarse en la playa, leer, pasear y reír, cómo no. Le gusta decir que “soy una payasa con los míos. No hay nada como compartir esas sobremesas que no terminan nunca contando anécdotas, muchas veces repetidas y no por ello menos graciosas, hablar de lo divino y de lo humano, y gozar de la buena compañía. Soy una mujer sencilla de placeres sencillos”. No es una actriz que se lleve los personajes a casa, “los personajes se quedan en el teatro”, afirma. Al escucharla entiendo cómo es posible que en estos momentos esté interpretando varios personajes a la vez, en distintas obras de teatro, y no se vuelva loca. “En Madrid es más común que con una obra estés varias semanas o meses en un mismo teatro, pero aquí, en el País Vasco, no ocurre lo mismo –me explica-. Aquí, para mantenerte, tienes que compaginar cuatro o cinco obras a la vez ya que sólo están en cartel unos días, y eso con suerte. Más ahora según está la situación debido a la pandemia”.

Así me entero de que Gurutze no para nunca. En estos momentos se tiene que desdoblar para poder trabajar en “El dilema del jamón”, con Txemi Parra, una comedia sobre la intolerancia intercultural; “Las dos Toyesky”, donde junto a Maribel Salas, reivindica el poder de las mujeres que superan los cincuenta; “A gusto”, en el que de la mano de Gorka Aguinagalde, hacen un alarde del humor vasco-cubano, y “Good sex Maritxu”, en la que con Susana Soleto y Itxaso Quintana, se suelta de la lengua hablando sobre cómo fue su primera vez y lo que hay que hacer para conseguir un buen orgasmo. Eso sin dejar en pensar en futuros proyectos: “Estoy preparando con esmero y mimo un concierto para el próximo 8 de marzo, Día de la Mujer, probablemente será también en el Teatro de la Zarzuela. Cantaré un repertorio de canciones compuestas íntegramente por mujeres como Chabuca Granda, Mari Trini, Cecilia…”.

No sé por qué pasa, pero pasa. De nuevo, la charla se ha alargado y llevamos más de una hora hablando. Sinceramente, eso sólo ocurre cuando el entrevistado tiene cosas que contar y sabe contar muy bien su historia. Sólo entonces surge también la magia de lo que es la entrevista. Decidimos dar por terminada la charla con la firme promesa de encontrarnos en el teatro pronto. En cuanto cuelgue el teléfono, Gurutze Beitia volverá a ser esa mujer normal, amigas de sus amigos, que vive con su hermana Idoia, puesto que según dice: “No he tenido suerte en esto de las relaciones, no es tan fácil encontrar a un hombre que no te aburra. Como es que prefiero antes a un hombre que me mienta antes de que me aburra. ¡Ah! Y a mi edad, además, muy pocos tienen todos los dientes”, vuelve a bromear. Y es que tiene muy interiorizado su último monólogo que habla sobre el feminismo y la edad. “Una de las cosas que cambia con la edad, por ejemplo, es la elección de lencería. Antes una buscaba algo sexy, que nos hiciera diosas. Ahora prefiero algo que me tape bien y no que sea un parche que te puedas poner en el ojo”.  No puedo colgar, siempre me sorprende con una frase que más que me hace reír. Su humor no tiene fin. “Por cierto, ¿sabes que di el pregón en las fiestas de Bilbao? Para mí fue todo un honor y una experiencia inolvidable. Estaba muy nerviosa. Yo, sola, desde el balcón del ayuntamiento, miles de personas que aplaudían todo lo que decía… Empecé a entender el placer por el poder de los dictadores (más risas). Salvando las distancias, fue como sacar a pasear a ese pequeño dictador que llevo dentro. Pero eso te lo cuento otro día más despacio”.  Cuelgo el teléfono y una sonrisa se ha quedado instalada en mi rostro.

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