jueves, diciembre 1, 2022

LUCÍA PERIS: “YO CUIDO LO QUE COMES PARA QUE TÚ PUEDAS COMERTE EL MUNDO”

Texto: Mar Olmedilla Fotos: L.P.

De pequeña jugaba al “corre corre que te pillo” por las calles y campos de Sacedón, en la provincia de Guadalajara, donde sus padres ejercían de médicos de familia. Tal vez por eso Lucía Peris, como bromean sus amigos, sea tan dulce como la miel de la Alcarria. Pasó de trepar árboles e ir de picnic al pantano de Entrepeñas, a tener que coger el metro y el autobús en una gran ciudad como Madrid para convertirse en universitaria. Cuando tuvo que elegir una carrera optó por Arquitectura, hasta hizo proyecto de fin de carrera y todo. Pero fue entonces cuando tuvo que tomar una de las decisiones más duras de su vida, dejar de jugar a las casitas para empezar a jugar a las cocinitas, que era lo que realmente le apasionaba.

Si hubiera que definir a esta joven cocinera habría que decir que es una mujer que enfoca su vida, en estos momentos, “a la risa y al placer. Soy un tanto hedonista. La vida tiene que ser un poco de color de rosa y si no lo es, nuestra obligación es pintarla de rosa”. Y es que fueron muchos años, unos siete, enfocada y centrada en tirar líneas, dibujar planos, romper planos y volver a empezar. A pesar de recordar esos años con cierta amargura por tanto esfuerzo sin recompensa, no cesó en su empeño y llegó el día en el que por fin ya era arquitecta. Fue entonces cuando “la vida me hizo cambiar de rumbo en 180 grados. Me dije esto no me gusta. Es que tenía la necesidad de hacer algo en lo que viese resultados a corto plazo. Me costó mucho tomar la decisión, pero si soy sincera, creo que la cocina era mi destino. Durante la carrera hubo muchas noches, eternas diría yo, en las que me sentaba a estudiar, pero siempre con el Canal Cocina de fondo. Me relajaba”.

Un pensamiento único: la cocina

Cuando Lucía Peris comunicó en casa que no quería dedicarse a la arquitectura sino a los fogones, sus padres lo entendieron a la perfección. De hecho, no les extrañó, sino todo lo contrario, la animaron a embarcarse en esta nueva aventura. “Me vieron tan convencida, se lo conté con tanto amor, que me apoyaron sin dudarlo. Es más, le conté a mi madre que había tenido un sueño y es que estudiaba en la escuela de cocina. Le dije, esto tiene que ser una señal”. Cómo no lo iba a entender su madre, si durante años habían visto a su hija que junto a los cientos de libros de arquitectura siempre tenía otros tantos sobre gastronomía, nutrición o recetas. “Era una friki –comenta entre risas-. No podía pensar en otra cosa. No podía dormirme sin leer algo sobre cocina. En mi mesilla era este tipo de libros los que había, no novelas o libros de diseño, sino de cocina”.

Con las mismas se matriculó en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid, para hacer un módulo superior de Dirección de Cocina. Estudios que ha ido y sigue ampliando con todo tipo de cursos relacionados con la gastronomía y la nutrición. “Hay que renovarse continuamente, digamos que se trata de una reinvención constante. La idea es ir creciendo interiormente como persona y como profesional, sea tu profesión la que sea, en mi caso la cocina y la nutrición. Lo más importante es que en todo este proceso de crecimiento uno disfrute, ante todo, del camino y la transformación que vaya experimentando. Creo que eso no debe terminar nunca, hay que evolucionar siempre”, explica convencida de lo importante que es no tirar la toalla ni darse por vencida nunca.

Lucia en la cocina.

El disfrute de los sentidos

Lucía Peris es una mujer inquieta, siempre mirando hacia todos los lados, observando el mundo que la rodea. Se define como una “persona sensorial e inconformista”, que con los años ha aprendido a valorar cada día mucho más el disfrute de la vida. “En realidad de pequeña yo era una niña mal comedora, pero fue una etapa que duró muy poco. Enseguida comencé deleitarme con nuevos sabores y experiencias para el paladar. Al final lo que para mí empezó siendo una fantasía intelectual se convirtió en todo un gozo. No se trata de comer mucha cantidad, sino que lo que comas sea de calidad”.

Pero esa “fantasía intelectual” no consistía en tener su propio restaurante, “que es el sueño de casi todos los que estudiamos cocina, sino en encontrar un sentido a mi vida a través de ella y poder compartirlo, para ello no es necesario tener un establecimiento en sí”. Para ver materializado su sueño, antes ha tenido que ser pinche de cocina, luego jefa, chef ejecutiva, asesora gastronómica, incluso irse a vivir a Australia donde descubrió la magia de la cocina vegana. Poco a poco ha encontrado su lugar y el secreto de cómo llevar a la práctica sus objetivos: “Crear algo propio, que aporte algo en el día a día a la gente, que en cierto modo les transforme. Para mí eso es oro. Por ejemplo, descubrirles la magia necesaria para regocijarse comiendo, cómo deleitar sus sentidos todos los días. Soy una defensora de la cocina pero enfocándola a aquellas personas que no tienen mucha experiencia y hacerles entender que pueden gozar de una comida saludable y que no por ser saludable tiene que ser obligatoriamente aburrida y monótona. Que no es tan difícil dominar los fogones si se lo proponen y, sobre todo, que disfruten haciéndolo. Sé que repito mucho la palabra disfrutar, pero es que para mí es básico tanto en la cocina como en todo aquello que te propongas en la vida”.

Hace poco más de un año lo tuvo claro. “Yo impartía clases de cocina presenciales, siempre enfocadas al autocuidado y la importancia de la nutrición en nuestras vidas, por aquello de mens sana in corpore sano. De pronto llegó esta pandemia y debía reinventarme una vez más. Así que este año en el que parece que la vida nos ha paralizado a todos, a mí me ha resultado un año muy productivo donde he podido consolidar mi sueño”, nos cuenta entusiasmada Lucía. Y es que a través del mundo online es desde donde puede hacer llegar a más personas su lema: “Yo cuido de lo que comes para que tú puedas comerte el mundo”.

“Mi propósito en mis cursos –explica Lucía-, por ejemplo, en el de ‘Comer para emprender’, dirigido sobre todo a mujeres emprendedoras y profesionales que disponen de muy poco tiempo, es que mis alumnas dispongan de los utensilios y conocimientos necesarios para que puedan planificar su dieta, con la que puedan mantener la línea sin tener que comer siempre lo mismo. Que se den cuenta de que con muy poco que tengan en sus neveras se pueden hacer cosas muy ricas y sabrosas, y en pocos minutos. Les facilito unas pautas para que puedan compaginar una alimentación sana con su vida laboral y llevarlo a la práctica. Mi prioridad es que no dejen de volcarse en su vida laboral, pero que tampoco se abandonen, que se autocuiden”.

Lucía disfruta cocinando.

La importancia del autocuidado desde el placer

Sus alumnas, por lo general, son mujeres, “hombres también, ojo”, demasiado ocupadas y estresadas, que al igual que mucha parte de nuestra sociedad, tienden a comer mal y a no perder tiempo en la cocina. En tan sólo ocho semanas comprenden lo equivocadas que estaban. “Entre mis alumnas –aclara la cocinera y nutricionista- hay muchas que llegan sin saber freír un huevo como vulgarmente se dice. Cualquiera puede aprender”. A través de las Batch Cooking de Lucía Peris aprenden a preparar con antelación lo que van a consumir durante la semana, a organizarse de tal forma que para ellas ponerse el delantal no suponga un sacrificio ni una obligación que las esclavice. “Estamos en contacto permanente por internet. Durante la semana les voy hablando del beneficio de los alimentos, les ayudo a elaborar una lista de la compra por poco dinero, porque no es verdad que se necesite mucho dinero ni tiempo para comer bien. Muchas de ellas redescubren los alimentos de toda la vida, como las verduras, por ejemplo. Les indico los ingredientes que vamos a necesitar para cocinar el día de la clase en directo. Les doy consejos de nutrición o les recomiendo picoteos o meriendas que sí son recomendables para mantener una dieta equilibrada. Luego, el fin de semana nos conectamos todas a la vez y vamos cocinando todas juntas en vivo y en directo. Las clases suelen durar entre dos horas o dos horas y media, depende”.

Además también ofrece otros servicios, siempre de la mano de grandes profesionales, que complementan el bienestar como masterclass de entrenamiento físico, automasajes, alimentación consciente, etc.

Lucía asegura que el secreto de que sus clases estén teniendo tanto éxito y aceptación es porque aquellas personas que se apuntan a sus cursos sienten que forman parte de un grupo, que no están solas y se apoyan las unas a las otras. “Es muy estimulante para ellas saber que hay más gente que están haciendo lo mismo. En cierto modo, es dejarse fluir y terminan por responder al empuje de la sinergia del grupo. Esto hace que tomen las riendas de su alimentación, que es el objetivo fundamental. Se dan cuenta que no hay dietas milagrosas y aprenden a autocuidarse sin por ello realizar demasiado esfuerzo y, lo que es más importante, divirtiéndose. En la cocina tenemos que disfrutar, sentir placer, insisto. Esto se puede lograr tomando pequeñas decisiones que pueden cambiarnos la vida loca que llevamos. Mi papel es enseñarles cómo lograrlo”.

Si quieres adentrarte en la cocina con entusiasmo, sin miedo y sentirte una pequeña/o gran chef, puedes contactar con Lucía Peris en: Instagram: @lucia__peris, por mail en hola@luciaperis.com o entrar en su página www.luciaperis.com .

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