Lucifer: cuando el Diablo descubre que ser humano es mucho más complicado que ser malo

Por S. C.

¿Qué ocurriría si el Diablo decidiera abandonar el infierno, instalarse en Los Ángeles y dedicarse a resolver crímenes?

La premisa de Lucifer parece, sobre el papel, una de esas ideas que pueden acabar siendo un desastre glorioso. Sin embargo, la serie creada por Tom Kapinos consigue convertir una propuesta aparentemente disparatada en una mezcla sorprendentemente adictiva de investigación policial, humor, romance, fantasía y reflexión sobre la culpa, la libertad y la redención.

Inspirada libremente en el personaje creado por Neil Gaiman, Sam Kieth y Mike Dringenberg para DC Comics, Lucifer encuentra su principal atractivo en Tom Ellis, que interpreta al protagonista con una combinación de arrogancia, ironía y vulnerabilidad que termina siendo fundamental para el éxito de la serie. Porque este Lucifer no es exactamente el demonio que muchos imaginamos.

El Diablo con encanto

Lucifer Morningstar está cansado de gobernar el infierno. Decide tomarse unas vacaciones en Los Ángeles y termina convertido en propietario de un exclusivo club nocturno. Su vida cambia cuando conoce a Chloe Decker, una detective de homicidios que parece ser inmune a sus poderes de persuasión. A partir de ahí comienza una relación profesional que rápidamente se convierte en uno de los grandes motores narrativos de la serie.

La química entre Lucifer y Chloe funciona especialmente bien porque ninguno de los dos comprende completamente al otro. Él es excesivo, provocador y aparentemente incapaz de tomarse nada demasiado en serio. Ella representa todo lo contrario: responsabilidad, racionalidad y una cierta desconfianza hacia lo sobrenatural. El contraste genera algunos de los mejores momentos de la serie. Pero Lucifer sabe que su protagonista necesita algo más que encanto. Bajo los trajes impecables, las fiestas y las frases ingeniosas aparece un personaje profundamente atormentado por su propia identidad.

El verdadero conflicto está dentro

Uno de los mayores aciertos de la serie es que el conflicto de Lucifer no consiste únicamente en enfrentarse a criminales, demonios o criaturas sobrenaturales. Su auténtica batalla es consigo mismo. La serie juega constantemente con una pregunta interesante: ¿somos aquello que los demás esperan que seamos o podemos decidir quién queremos ser?

Lucifer ha pasado una eternidad siendo considerado el responsable del castigo de las almas condenadas. Cuando abandona el infierno, comienza a descubrir que quizá su identidad no está completamente determinada por su origen. Ahí aparecen temas como la culpa, el libre albedrío, las relaciones familiares, el perdón y la necesidad de sentirse querido. Y es precisamente en esos momentos cuando Lucifer deja de ser una simple serie de entretenimiento y adquiere una dimensión mucho más interesante.

Humor, crimen y drama

La estructura de muchos episodios responde a una fórmula bastante reconocible: aparece un asesinato, Chloe investiga, Lucifer se involucra y el caso sirve además para desarrollar algún conflicto personal de los protagonistas. Esta fórmula puede resultar repetitiva en determinados momentos. La serie necesita varios episodios para avanzar en sus grandes tramas y algunos casos policiales funcionan más como excusa narrativa que como verdaderos misterios. Sin embargo, el carisma de los personajes consigue compensarlo en buena medida. El humor es otro de sus grandes ingredientes. Lucifer utiliza su personalidad provocadora para generar situaciones absurdas, mientras que personajes como Ella López, Dan Espinoza, Linda Martin, Amenadiel o Maze aportan perspectivas diferentes. Especialmente interesante es la evolución de algunos secundarios, que con el paso de las temporadas dejan de ser simples acompañantes del protagonista y adquieren conflictos y tramas propias.

Una serie que cambia de tono

Uno de los aspectos más curiosos de Lucifer es su evolución. La serie comienza con un tono más cercano al procedimental policial con elementos sobrenaturales y progresivamente concede mayor importancia a las relaciones personales y a la mitología de sus personajes. Ese cambio puede gustar más o menos dependiendo de lo que busque cada espectador. Quien espere únicamente asesinatos y casos policiales puede encontrarse con una serie cada vez más centrada en las emociones y los conflictos familiares. También existen altibajos. Algunas tramas se alargan más de lo necesario y determinados conflictos parecen repetirse. La serie no siempre consigue mantener el mismo equilibrio entre comedia, drama, romance y fantasía. Pero cuando encuentra ese equilibrio, funciona especialmente bien.

Tom Ellis, el gran argumento

Sería difícil hablar de Lucifer sin hablar de Tom Ellis. Su interpretación es, probablemente, el principal elemento que mantiene unida la serie. El actor consigue que Lucifer pueda resultar divertido, arrogante, vulnerable, inmaduro y emocionalmente complejo sin que el personaje pierda coherencia. Además, su manera de utilizar el humor y la gestualidad convierte muchas escenas aparentemente sencillas en momentos memorables. La relación con Chloe es igualmente importante. No es únicamente una historia romántica: ambos personajes funcionan como catalizadores del cambio del otro.

¿Merece la pena verla?

Lucifer no pretende ser una serie policial perfecta ni una representación teológica rigurosa. Tampoco necesita serlo. Su principal virtud está en haber encontrado una fórmula propia mezclando géneros que, sobre el papel, no deberían funcionar tan bien juntos. Tiene episodios irregulares, tramas que podrían haberse resuelto antes y momentos en los que el drama emocional se impone demasiado al misterio. Pero también tiene personajes carismáticos, diálogos divertidos, una mitología interesante y una pregunta que atraviesa toda la historia: ¿hasta qué punto podemos cambiar aquello que creemos que somos? Quizá esa sea la verdadera gracia de Lucifer. La serie empieza hablando del Diablo, pero termina hablando, sobre todo, de las personas. De sus errores, sus decisiones, sus heridas y su capacidad para cambiar. Y, paradójicamente, acaba demostrando que quizá lo más difícil para el mismísimo Diablo no era gobernar el infierno. Era aprender a vivir como uno más.

¿Te gusta?
Compártelo

¿Te gusta? Compártelo:

Artículos relacionados

NETFLIX presenta «Aquel» en los Cines Callao durante un guateque junto a Raphael, Javier Morgade y Carlos Santos

SCHWEPPES estrena «Neón Colosal», un tour para descubrir las historias que esconde la Gran Vía

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  Al enviar tu comentario, aceptas que tus datos personales sean procesados por Diario Mas Noticias de acuerdo con nuestra Política de Privacidad.

La información sobre protección de datos establece que el responsable del tratamiento es Diario Mas Noticias, cuya finalidad es controlar el spam y gestionar los comentarios. La legitimación para dicho tratamiento se basa en tu consentimiento. Los datos no se comunicarán a terceros, salvo en casos de obligación legal. Como usuario, cuentas con los derechos de acceso, rectificación, portabilidad y olvido. Para ejercer estos derechos o realizar consultas, puedes contactar a administracion@diariomasnoticias.com. Para más detalles, consulta la Política de Privacidad.

LO + LEIDO

«El viaje de Edipo», en Mérida. Entrevista a Mamen Godoy

Raúl Tirado reivindica el poder de la palabra con ‘RETALES’, un viaje escénico por la literatura

«Tus palabras»

El arte que podía viajar