Luis Zahera, enamorado y defendiendo a Ceuta

Por Marta Cibelina

Es uno de los mejores actores con los que contamos en España. Que tiene mucho acento gallego, vale. De hecho, ha originado más de un debate entre críticos y espectadores sobre si le limita el registro o si, al contrario, le da una autenticidad que ahora mismo se valora mucho en la ficción española.

Nadie le ha echado en cara a Brad Pitt su Aquiles con aquel acento de Missouri que tiraba de espaldas. Con acento o sin él, Zahera tiene un físico adaptable a cualquier personaje con carácter. ¿A quién me imagino haciendo de Ulises mejor que a Matt Damon? A Zahera. ¿Quién sería un Tenorio fabuloso? Zahera. ¿Quién casi se merienda a Coronado en Entrevías? Zahera. ¿Quién podía hacer un anuncio como el del elefantito y llevarse por delante el impacto publicitario de media temporada? Pues quién va a ser: este gallego nacido en Santiago de Compostela a quien no había tenido el gusto de ver en persona, y eso que lleva una obra con la que recorre media España.

Lo vi hace solo unas semanas en el restaurante El Tamboril, de Santiago de Compostela, acompañado de una mujer joven y guapa, haciendo cola para pagar en la barra. Los dos de la mano, muy cariñosos. Comieron el arroz que sirven allí —que es una maravilla— y la Falsa Tortilla Paisana, el plato creativo de Cristóbal Rey. Fue la amiga gallega que iba conmigo quien me dijo: «Mira, este es un actor gallego». Lo teníamos delante, con su diadema y de la mano de la joven rubia o semirrubia. No me fijé mucho en el pelo de ella; sí en la estatura del actor, al que yo tenía por más bajito y menos fuerte. Tiene una musculatura en la espalda de cuidado. Si no le hubiera querido jorobar la comida a mi amiga Mari Carmen, o si se tratara de otro actor, habría salido corriendo detrás y les habría hecho una foto a traición, de espaldas, mientras se daban un beso por la calle. No es que me falten reflejos, pero es un tipo que me cae bien. De hecho, he tardado más de un mes en escribir esto, e igual ha cambiado de pareja. Me limité a dejar a mi amiga pidiendo mesa en la barra y yo me asomé a la ventana para contaros esta escena.

Y es que Luis está de moda por su bonhomía y por su dignidad. Sin miedo a las críticas, le ha prestado a Ceuta el mismo tipo de apoyo que mostró cuando se plantó contra Altri. Grabó un vídeo con Greenpeace y lo dijo sin rodeos: «Un monstruo amenaza el corazón de mi tierra». Se refería a la macrocelulosa que querían poner en Palas de Rei, bebiéndose el Ulla y amenazando la ría de Arousa, donde él veranea desde crío. Hubo quien le pidió que no se mojara, que hay que gustarle a todos, y él hizo lo contrario. Esa independencia de criterio —la de mojarse cuando le conviene callar— es su marca de fábrica. La misma contundencia que como actor, en As Bestas, nos dejó pasmados delante de la pantalla. Por eso, sin miedo a prejuicios ni a esas incompatibilidades ideológicas que solo defienden los maniqueos, ha posado en una foto que se ha hecho viral.

A mediados de septiembre actuó en Ceuta con su show Chungo y no se limitó al monólogo. Aprovechó para mojarse con la ciudad y con el AD Ceuta FC. Se hizo una foto en el Monte Hacho con la camiseta caballa. Un gesto sencillo, pero que llega cuando Ceuta está hasta arriba: primero lo de finales de julio y, hace unos días, la última. Interior y la Policía desaconsejaron el amistoso de España sub-20 contra México en el Alfonso Murube y el partido se lo llevaron a Majadahonda. Mientras tanto, el Ceuta sigue jugando ahí sus partidos de Liga sin problema.

Zahera no se quedó solo en lo artístico. Quiso acercarse a lo que se vive en la ciudad y dejar claro su apoyo a los ceutíes y al club, metido de lleno en LaLiga Hypermotion. La imagen desde el Hacho, con la camiseta del Ceuta puesta, resume bastante bien el mensaje: cultura, fútbol y un «aquí estoy» cuando a la ciudad le acaban de birlar un partido de la selección en su propio estadio. No es el primer gesto que reciben el club ni la ciudad por parte de un actor. Ya lo hizo Ramón Langa, pero el detalle de Zahera se suma a esa lista de apoyos que, en estos días, se agradecen más que nunca.

Otro papel para el que me lo imagino, con acento gallego o sin él, es el de Segismundo recitando La vida es sueño. Lo que vi en Santiago no lo soñé, pero le doy permiso para decir que sí, si le conviene. Es uno de los actores de los que menos se sabe de su vida privada.

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