domingo, septiembre 24, 2023

Marcos Orengo se cuela en «La Promesa»

Redacción/ Fotos: Javier Mantrana

Encabeza ese grupo de actores de la nueva Generación Zeta y se cuela en la serie de mayor audiencia de TVE, La Promesa dando vida a Feliciano, la nueva incorporación dentro del Palacio de los marqueses de Luján

Ha entrado por la puerta grande de la televisión. Recordemos que ya en 2020/21 estuvo en Servir y proteger y ahora encabeza el nuevo reparto de la exitosa serie La Promesa. ¿Cómo lo ha conseguido?

¡Y si se bucea en la hemeroteca, también estuve en Luna negra en 2002 cuando apenas tenía 6 años! Mi vida siempre ha estado ligada al arte, y en concreto al mundo audiovisual ya que mi padre era productor y mi madre es guionista. Por eso en 2002, pude hacer el casting para entrar en Luna Negra y dar vida a “Javier” cuando todavía estaba en primaria. No fue hasta los 17 años que empecé a recibir clases de teatro y volví a reencontrarme con la pasión de actuar. Ahí comencé una aventura preciosa entre cursos, entrenamientos, 7 años en salas de teatro y muchos castings hasta llegar a la promesa donde Eva y Yolanda y Bambú, me han dado la gran oportunidad de dar vida a Feliciano.

Encabeza esa Generación Z que se define como de un fuerte interés en el activismo social y político, impulsores de movimientos y protestas medioambientales, la igualdad de género, la justicia racial, etc. ¿Se siente reflejado?

A pesar de no considerarme una persona que promueva mucho el activismo desde las redes sociales o en manifestaciones, si soy un fiel creyente de que todo cambio comienza desde uno mismo. Siempre me he considerado una persona respetuosa tanto dentro como fuera del ámbito profesional. Interesado por lo que ocurre diariamente en el mundo y con la mente abierta al cambio y a escuchar, debatir y aprender sobre opiniones dispares a la mía. En ese aspecto sí podría decir que reflejo el interés de cambio que se ha atribuido a mi generación.

Lo que sí podemos decir de usted es que lo de Generación de cristal, no le va nada. Ha demostrado ser un gran luchador y eso lo hemos visto sobre las tablas del teatro. ¿Cómo describiría sus inicios hasta llegar a RTVE?

El teatro ha hecho que me enamore de esta profesión. Además, he tenido la suerte de vivir el teatro desde “el barro”: Desde mover la
escenografía, transportarla, colocar, recoger y organizar vestuario, ensayar hasta altas horas de la noche… Todo desde el amor a esta profesión. En la obra que más me enseñó: TIZA. Acabé llevando la producción de la obra durante 4 años. Al final, cuando cuidas tanto los proyectos se acaban convirtiendo en hijos, donde pones todo tu empeño y pasión. He disfrutado de cada aventura teatral y de cada equipo con el que he trabajado, lo que me ha hecho apreciar cada departamento y a todas las personas que hacen posible esta profesión.

Háblenos de su papel en La Promesa

Feliciano es el hermano de Petra (doncella personal de la marquesa) y llega a La Promesa después de estar toda la vida cuidando de su padre, quien le maltrataba cuando estaba borracho, lo cual era muy frecuente. Cansado de esas actitudes, decide emprender una nueva vida y pedir trabajo en La Promesa para poder vivir junto a su hermana. Allí se enamorará de Teresa y descubrirá que su hermana no es tan buena como había pensado toda su vida. Le costará mucho integrarse en La Promesa debido a la mala reputación de su hermana y a los pocos conocimientos que tiene sobre trabajar en una casa de nobles. Con el tiempo descubriremos que Feliciano tiene algún secreto debajo del brazo.

¿Qué tanto tiene Feliciano de usted y qué le aporta usted a Feliciano?

Encarnar a Feliciano ha sido un proceso duro, con muchas inseguridades y mucho trabajo. Cuando comencé a ensayar con Amanda y Charo (coaches de la serie) nunca pensé que podría llegar a encarnar fielmente al personaje. Es un hombre de pueblo, rudo, con muy poca cultura y educación. Algo que está bastante alejado de mí. Sin embargo, siempre me repetían “Si te han escogido a ti, es porque
TÚ eres Feliciano” y a pesar de que no me creía esa frase, me respaldé en ella. Feliciano, además de ser todas esas cosas, también tiene un corazón enorme, es sincero, leal y muy buena persona. Y por ahí fue donde comenzamos a rascar para que el resto viniese solo. De lo que sin duda Feliciano se ha aprovechado, es de la cara de “niño bueno” que tengo o que sé poner.

¿Cómo está siendo entrar en un proyecto con tanto éxito como este?

Cuando me dieron el SI al personaje, sentí una gran responsabilidad, yo no tengo tanta experiencia en ficción como la tienen muchos de mis compañeros y trabajar con actores de la talla de Joaquín Climent, María Castro, Andrea del Rio o Antonio Velázquez me daba mucho miedo no estar a la altura. Sí es cierto que los nervios no los dejé hasta que pasaron dos meses. Estuve todo ese tiempo levantándome
con la mandíbula tensa y me costaba vocalizar. Sumarte a cualquier equipo que ya se conoce a fondo después de un año entero rodando juntos es muy complicado. Es unirte a una dinámica desconocida donde los lazos ya están hechos entre ellos. Sin embargo, la acogida por parte de todo el equipo ha sido un auténtico regalo. Desde mis compañeros más noveles como Ana Garcés, Enrique Fortún o Sara Molina con los que hablé largo y tendido sobre sus experiencias y la presión que tenían al empezar. Las coaches que me reafirmaban que estuviese tranquilo porque estaba haciendo un buen trabajo. Hasta el mismísimo Josep, que tras unos ensayos y sabiendo lo nervioso que estaba. Me hizo sentir como en casa. Me dijo que “La promesa es un gran tren que va a 200Km/h al que es muy difícil subirse en marcha. Pero que todo el equipo tenía la mano fuera del vagón para ayudarme a subir, y que si no cogía la primera, la segunda, o la tercera, tenía cientos de manos esperando hasta que pudiese coger alguna.” Y así ha sido. No puedo estar más agradecido del
equipo con el que puedo trabajar diariamente, que todos los días desde las 7 de la mañana tienen una sonrisa en la boca y hacen que todo sea fácil, llevadero y sobre todo divertido.

Cuéntenos alguna anécdota que le haya hecho salir del rodaje con una gran sonrisa

Suena muy cliché pero son muchos los días que salgo con una sonrisa de rodaje. Pero sin duda, los días complicados son los más satisfactorios. En una diaria, son muchas las cosas que tienen que funcionar como un reloj suizo. Cuando falla alguna de sus piezas el
equipo tiene que estar muy unido para sacar el día adelante. Hubo un día que se añadieron secuencias que no se tenían planeadas hacer hasta unos días después. Tienes que poner el 200% de ti para estudiar esas secuencias en tiempo récord, ensayándolas con tus compañeros. Yendo de un plató a otro y comiendo en 5 minutos. Son pocos los días que ocurre esto porque todo está muy bien organizado. Pero cuando ocurre, es muy satisfactorio ver cómo todo el equipo pone de su parte para trabajar todos a una.

¿Qué diferencias ha encontrado entre rodar Servir y Proteger y La Promesa?

Lo primero es que estoy muy orgulloso y feliz de haber tenido la oportunidad de trabajar en dos series de tanto éxito. Creo que la principal diferencia está en cómo lo he vivido. En Servir y Proteger no tenía experiencia en televisión y menos en diarias donde se exige un ritmo tan alto. Además, en esta serie sabía que mi personaje iba a estar solo 3 meses, entonces lo viví todo de una manera mucho más frenética y quizás no me dio tiempo a pararme y apreciar dónde estaba. Gracias a ello, ahora en La Promesa, sé a lo que me enfrento. Sigo aprendiendo día a día porque una diaria es como una masterclass constante. Pero ahora lo aprecio desde otro lugar, estoy más calmado, controlando más lo que hago y disfrutando de una de las mejores experiencias laborales que he tenido en mi vida.

¿Qué es lo que más está aprendiendo de esta carrera?

¡Pregunta complicada! Son tantas las cosas que estoy aprendiendo que es difícil enumerarlas. Siempre he sido muy curioso y soy una pequeña esponja a nivel laboral. Pero sin duda, personalmente también estoy aprendiendo muchísimo. Cuáles son mis zonas de confort y cómo salir de ellas sin sentirme incómodo. A controlar los niveles de exigencia que es muy importante. A saberme ver desde otra mirada sin recibirlo como un juicio. A aceptar las críticas… ¡Son muchas las cosas! ¡No sabría quedarme con una!

Proyectos futuros y confesables

El año que viene se irán estrenando varios cortometrajes que he estado rodando este año y que se verán en festivales. Cuando acabe La Promesa tengo pendiente apuntarme a clases de baile. Es una asignatura que llevo queriendo hacer mucho tiempo. Hace tiempo que quiero emprender como productor teatral, y en ese me voy a embarcar finalmente. Una de las cosas que más he aprendido es que si un actor se queda parado esperando a que suene el teléfono, acaba ganando la frustración. Por eso tengo ganas de emprender y dar vida desde un lugar donde se pueda crear, producir, ayudar a otros proyectos y comenzar aventuras que nunca se sabe dónde van a parar. Y en primicia ya os puedo dar el título de la primera función que llevaremos a cabo, que se llamará “El Elefante” y hasta ahí puedo leer.

Responda en un minuto

¿A qué o a quién no le dedicaría ni un minuto de su vida? Alguien que me trasmita malas vibraciones o que no sepa comunicarse con buenas formas.

Los primeros nervios se los debo a… La primera vez que hice un personaje protagonista en Teatro (Scrooge en cuento de Navidad).

¿Qué es lo que más ama de su profesión? Sentir y conocer y relacionarme con tanta gente maravillosa.

¿Siempre quiso ser actor? Supongo que siempre estuvo latente pero no siempre presente.

¿Si no fuera actor? Compositor, carrera que también compagino con la actuación.

¿Qué es lo que más le relaja? Cocinar tranquilamente con una cervecita o una copa de vino.

Una canción que le acompañe siempre Un Veneno, de C. Tangana.

Un director/a de cine con quien se muera por trabajar Bayona sin duda. Un monstruo viene a verme es de las películas que más me han tocado. Si tuviese que ser americano, diría Christopher Nolan o Damien Chazelle.

Le queda por aprender… Bailar y cantar.

Recomiéndenos una película para curar las heridas del alma. LA LA LAND, sin duda.

Y una serie canalla… No es muy canalla pero mi serie de la vida es “Cómo conocí a vuestra Madre”.

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