Por Sandra Cuenca/ Fotos Antonio Cuenca y Mª José Besora.
A casi tres décadas de su reinado, María José Besora, la mujer que plantó cara a Donald Trump y triunfó en las pasarelas de Nueva York bajo el anonimato, se sincera con Diario Más Noticias. Una conversación amable sobre el peso de la etiquetas, los trenes perdidos y la búsqueda de la salud real
Hay momentos en la vida que marcan un antes y un después, para María José Besora, ese instante se trazó una noche de 1998, cuando el peso de la corona de Miss España sobre su cabeza cambió para siempre el curso de su biografía. Sin embargo, tras los focos y el glamour de la «mujer más bella de España«, se escondía una joven de Murcia que, paradójicamente, encontraría su mayor libertad profesional lejos de nuestras fronteras, donde nadie sabía quién era.
Hoy, con la serenidad de quien ha vivido diferentes procesos en su carrera profesional, María José habla sin tapujos. No hay nostalgia en sus palabras, pero sí una honestidad punzante: reconoce la «disfrutona» que fue, pero también a la mujer que se impuso frenos por miedo. De su desplante a Donald Trump en Miss Universo a su lucha actual por una jubilación digna en un sector a menudo ingrato, Besora reivindica que la belleza, si no es salud, no es nada.
Una de las anécdotas más interesantes de su reinado ocurrió durante Miss Universo. El dueño del concurso por aquel entonces era Donald Trump, pero María José no tenía «ni idea de quién era«. Mientras sus compañeras se desvivían por una foto con él, ella se negó. «No me gustaba lo que hacía. Nos utilizaba como modelos y luego no nos daba ni una sola foto de recuerdo; teníamos que comprarlas. Me parecía abusivo«, explica. De aquel encuentro recuerda la figura imponente de Trump junto a Melania: «Llamaba la atención las cejas, el pelo cardado y la piel muy brillante. Mediría como 1,90 m, casi como yo con tacones«.
Un cuento de hadas con «sus cositas»
Para María José, 1998 fue una etapa de «cuento de hadas«. Venía de una infancia y adolescencia «súper feliz» en su Murcia natal, y de repente se vio catapultada al centro del foco mediático. Si pudiera viajar en el tiempo, el consejo para aquella joven sería claro: confianza. «Mi temor era hacer el ridículo, caerme, tropezarme o quedarme en blanco«, recuerda.
Sin embargo, hay una espina que aún reconoce hoy: «Me he arrepentido de no haber aprovechado muchísimas oportunidades que tuve, buenísimas y excelentes. Me pesó en su momento y me sigue pesando a día de hoy, pero a pesar de todo, estoy muy agradecida a la vida por todo lo que me ha dado, soy una privilegiada«. Entre esas oportunidades perdidas, destaca la oferta de John Casablancas, figura crucial en la moda a nivel mundial, en el concurso de la agencia Elite al que María José asistió como invitada o la posibilidad de haber grabado un disco, un tren que dejó pasar por los límites que ella misma se impuso.
La etiqueta de Miss: ¿Ayuda o freno?
Besora es honesta sobre el peso de la corona en el ámbito profesional. Aunque en el mundo de la moda trabajó «muchísimo«, reconoce que en España existía un límite invisible. «En mi agencia no decían mi nombre y les encantaba mi perfil, pero cuando sabían quién era, no querían mezclar Miss España con la marca«.
Curiosamente, fuera de nuestras fronteras ese estigma desaparecía. «Internacionalmente vivía en el anonimato. Desfilé en Nueva York y Milán, fui modelo principal para Cartier siendo la única española… ahí no tuve ningún problema«. Las agencias internacionales le abrieron las puertas muchas veces y, respecto a los certámenes actuales, lamenta que hayan perdido fuerza al dejar de televisarse, recordando con nostalgia la época de Raquel Rodríguez o Sofía Mazagatos.
La pasión oculta y el papel de madre
A pesar de haber pasado por series, programas y realities, María José confiesa que su verdadera pasión habría sido la música. «Me hubiera encantado ser cantante, pero se me pasó el arroz mucho«, bromea.
Hoy, su prioridad absoluta es su hija. Como madre, intenta transmitirle valores «innegociables«, centrados en ser buena persona pero «sin dejarse tomar el pelo«. Si su hija decidiera seguir sus pasos en el modelaje, la apoyaría, aunque con una advertencia realista sobre la inestabilidad del mundo artístico. «La vida del artista es muy ingrata con las cotizaciones. Yo he trabajado toda mi vida y, entre lo que no me cotizaron y lo que me han quitado, solo tengo 14 años cotizados, cuando debería tener 30«, denuncia.
Salud, medicina china y nuevos proyectos
El autocuidado de María José es hoy más mental que físico, buscando siempre el equilibrio. Tras superar retos personales como dejar de fumar —logro que consiguió al quedarse embarazada—, se declara una entusiasta de la alimentación sana, una disciplina que heredó de su padre.
«Mi padre se curó de piedras en el riñón con hierbas naturales (diente de león) y eso me impactó tanto a los siete años que me marcó«, relata. Estudió medicina china y siempre ha tenido una inclinación natural hacia lo terapéutico. Por eso, no es extraño que su presente profesional esté ubicado en el sector de la salud, el bienestar y la belleza. «La vida me ha seguido llevando ahí. Estoy feliz, en constante aprendizaje y muy contenta«, concluye la ex Miss España, demostrando que hay mucha vida —y muy plena— más allá de la corona.