«Yo solo quiero irme a Francia». María Galiana regresa a Madrid a la cabeza de un elenco de lujo

Redacción

«Yo solo quiero irme a Francia» es la ópera prima de una dramaturga y directora prometedora, Elizabet Larena.

La obra destaca por su naturalidad, trama conmovedora y dirección de la autora, amén de por el talento de un elenco de lujo, encabezado por María Galiana. Estamos ante una comedia amarga sobre la identidad, el abandono y la herencia emocional que atraviesa generaciones. Una obra donde lo real y lo mágico conviven con naturalidad y el humor sirve de defensa ante el dolor.

En un pueblo pequeño de España, durante el velatorio de una anciana llamada Pilar, dos mujeres que no se conocen están a punto de descubrir que comparten mucho más que una habitación incómoda, un bizcocho de limón y una corona de flores firmada por “el vecino Mauro”.

Leo, la nieta de la fallecida, regresa a la casa familiar después de años de distancia. Inés, una joven desconocida, aparece con una carta notarial y una herencia inesperada. Lo que empieza como un malentendido va revelando secretos ocultos, identidades entrelazadas y una historia que nos lleva hasta la juventud de la propia Pilar en la España de postguerra.

Entre muebles cubiertos, un reloj de cuco que interrumpe cada momento incómodo, y los restos de lo que quedó por decir “Yo sólo quiero irme a Francia” es una comedia amarga sobre la
identidad, el abandono y la herencia emocional que atraviesa generaciones.

Una obra donde lo real y lo mágico conviven con naturalidad, donde el humor sirve de defensa ante el dolor y donde a veces, irse a Francia no es una huida… sino un acto de libertad.

En palabras de la autora y directora:

Cuando escribí «Yo sólo quiero irme a Francia», no imaginaba aún que también me sentaría en la silla de dirección. Pero esta casa, estas mujeres… me pedían estar cerca, cuidando cada silencio, cada risa incómoda, cada golpe de verdad.

Esta es una historia de heridas heredadas, de ausencias que se perpetúan, de secretos que no caben en una casa que se cae a pedazos. Intentamos indagar en esto con humor, porque a veces hay cosas que sólo se pueden contar con un “no me jodas” bien puesto.

Dirigir esta obra ha sido como entrar en casa de alguien querido que ya no está y empezar a descubrir, en cada rincón, lo que dejó sin decir. Gracias por entrar a esta casa con nosotros. Ojalá encuentren ahí dentro una grieta, un espejo o una ventana abierta a lo que ustedes consideren Francia.

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