miércoles, febrero 21, 2024

Alex March diseña una exclusiva vivienda con la pasión por el arte y el diseño por bandera

Redacción

La Barcelona residencial más elegante, en la apacible zona del Turó Park, atesora algunas joyas del interiorismo cuyos propietarios raramente abren sus puertas. Nos asomamos como observadores privilegiados a una vivienda de generosas dimensiones, con un total de 260 metros cuadrados, de la mano de Alex March, autor de su diseño interior.

La necesidad de su propietaria era darle un aire renovado: “mi clienta deseaba tener otra relación con su espacio, un hogar inspirador, atemporal, elegante, alegre, equilibrado, con alma y carácter” explica Alex March quien destaca la sensibilidad por el arte de la propietaria: “es una enamorada del arte y, en particular de las obras del artista Iñaki Moreno”. Además, en este proyecto, la voluntad de preservar, recuperar y rejuvenecer los elementos preexistentes de la vivienda, ubicada en una finca de los años 20, ha sido prioritaria.

Estilo mediterráneo con influencias europeas y africanas

En esencia la vivienda es un espacio representado por claras influencias mediterráneas. Se palpa un carácter mediterráneo muy vivo y cálido, enriquecido con una mezcla de influencias europeas y étnicas, principalmente africanas. El diseño interior de esta casa responde a un gran trabajo del color, algo habitual en gran parte de los trabajos del estudio de Alex March.

También habitual es la mezcla de estilos y épocas, así como la equilibrada selección de piezas singulares de arte y diseño, en los proyectos de interiorismo de Alex March Studio. Para esta vivienda se ha escogido una mixtura de elementos de mobiliario y decoración, donde confluyen el arte figurativo, el surrealismo y el expresionismo con la abstracción en arte, la artesanía y numerosas piezas de mobiliario singulares. Algunas de estas piezas son únicas, pertenecientes a autores prácticamente desconocidos a día de hoy o a veces, sin autor conocido, otras de autores icónicos catalanes, también del resto de la Península Ibérica, combinados con piezas de autores europeos icónicos del siglo XX.

Algunas lámparas son piezas únicas y exclusivas para el proyecto, diseñadas por Omar Sherzad (Omalight), gran parte de los cuadros llevan la impronta del artista contemporáneo Iñaki Moreno, las alfombras son de lana iraní (Turkestán). Las plantas (Casa Protea) aportan el toque de frescura ideal en todas las estancias de la casa.

El surrealismo en el centro del salón

Sin lugar a dudas, la pieza estrella del salón es la gran mesa-escultura Leda, diseño de Salvador Dalí, de BD Ediciones. Se trata de una gran mesa de centro de 190 cm de largo en latón, con pie en forma de mano y pierna con zapato de tacón, sobre la que destaca un huevo en mármol de Carrara, un diseño extraído del cuadro “Femme à tête de roses» (1935) gracias al extremado detalle de la pintura de Dalí.

Toda la vivienda destila una atmósfera de elegancia y pasión por el arte y el diseño, si bien en el salón y el comedor esta sensación es donde se acentúa más.

En la pared central del salón, una pareja de cuadros en blanco y negro colma la estancia de agilidad y dinamismo. A un lado, el sofá se ha colocado estratégicamente en sentido contrario a la entrada de luz, creando un efecto intimista y acogedor. Junto a éste y sobre una mesita blanca, pieza única diseñada por el propio Alex March, destaca la lámpara de sobremesa de la serie Bach, diseñada en 1970 por la pareja de arquitectos Federico Correa y Alfonso Milá.

Para el lado opuesto, se ha elegido un Cabinet diseñado por la gran visionaria del interiorismo moderno, la arquitecta y diseñadora francesa Charlotte Perriand en 1958, adquirido en Antigues Matèries. Con la intención de darle a esta pieza la importancia que merece, se han seleccionado únicamente dos piezas decorativas sobre este mueble: un cuadro hecho a base de piezas originales del artista italiano Piero Fornasetti y una escultura de Julio Bono. Para conseguir mayor calidez, el suelo de madera natural se viste con una alfombra de lana iraní.

Un comedor de estilo ecléctico

Como en el salón, la luz natural baña toda la zona de comedor. El punto de partida es una base de paredes en crudo, con un suelo de madera maciza de roble. La carpintería se ha dejado en la madera original, únicamente se ha decapado y barnizado en transparente, mostrando así la belleza de su desnudez orgánica.

El icónico banco Batlló, diseñado por Antoni Gaudí, hace de majestuoso hilo conector entre el salón y el comedor. Se trata de una reproducción fidedigna y numerada de uno de los muebles que proyectó Gaudí originalmente para el comedor principal de la Casa Batlló, producido por BD Ediciones. Sobre este banco, un cuadro de los años 70, de autor desconocido, luce gracias a un cromatismo que armoniza con el resto de elementos.

La mesa de comedor, en madera natural, es un diseño de 1960 de Jordi Vilanova. Esta pieza de líneas puras y tonalidad oscura, contrasta con las formas abstractas y el blanco de las sillas Houdini con brazos, icónicas piezas diseñadas por Stefan Diez. Todo detalle decorativo es digno de admirar en esta vivienda, como los excepcionales jarrones sobre la mesa Is-Dher de HE Shk. Hind Majid Al Qassimi para BD Barcelona, tres jarrones conectados de gres esmaltado en tres acabados diferentes: oro de 24 quilates, platino y un engobe beige.

Un dormitorio entre África y el Mediterráneo

Lejos de la opulencia, el dormitorio es un refugio de calma y equilibrio que ofrece un descanso placentero. La ausencia de cortinas, además de aportar una estética muy natural, se ajusta a la costumbre de los propietarios de la vivienda de aprovechar la luz solar para despertarse.

Se apuesta por una gama cromática que se mueve entre el blanco y las tonalidades en crudo y distintos marrones de la madera natural. Las reminiscencias africanas se consiguen con piezas como la lámpara de pie de madera Phare, de Omalight y una escultura de José Berlanga (1981).

A destacar un clásico atemporal del diseño del siglo XX, la butaca de Charlotte Perriand “Bauche 1946”, en madera y paja, aporta el toque rústico a la estancia junto con un taburete en madera maciza de los años 50.

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