jueves, julio 18, 2024

ANA MARÍA RUIMONTE, soprano: “La música española la llevo donde quiera que vaya”

Texto: Lucía Romano Fotos: A.M.R.

Con tan solo 15 años, Ana María supo que su voz iba a convertirse en su instrumento más preciado. Cuando comenzó su formación como soprano lo primero que le enseñaron fue a controlar su respiración y a no retener la voz, sino hacerla crecer con el aire y dejarla libre. Fue entonces cuando comprendió cuál era el verdadero significado de la música para ella. “Una vez que la voz está en su posición, hay que hacer las frases musicales, hay que sentir y comenzar a emocionarse, emocionar a los demás con cada frase y con cada una de las palabras”.

Su medio de trabajo se ha convertido también en su terapia. Su voz es la herramienta que le ayuda a manifestarse, liberarse y a poder transmitir mensajes con un gran calado social como los de su última obra “Africana Soy”. El último de sus proyectos acompañado de la mano de otros artistas como Antonio Arias a la flauta o Víctor Monge en percusión, que presenta este 17 de octubre en el Espacio Ronda de Madrid.

Es el amor hacia la música el que mueve y ha movido siempre a la artista tanto en su vida personal como profesional. Fue el amor hacia su marido Alan Lewine lo que le hizo mudarse a Estados Unidos y es este mismo sentimiento el que ha protagonizado sus obras. Desde su primer disco “Arded corazón, arded”, que abarca la temática amorosa, desde múltiples situaciones como la pasión, los celos, el enamoramiento, las ansias, la seducción o las ausencias, hasta su último proyecto, “Africana soy”.

Con su último trabajo a modo de homenaje al artista Ernesto Lecuona, ha conseguido emocionarnos a todos tratando el amor desde una nueva perspectiva: el relato del sufrimiento de la mujer mulata seducida y engañada por el hombre blanco o, el de la mujer esclava que no alcanza el amor que tanto busca y desea. Tras haber explorado el mundo cubano, Ana María ha conseguido que el estilo español y el cubano fundan sus almas, pasando a formar parte de un todo aún más bello.

Hace casi 9 años tu vida dio un vuelco y cambiaste el Coro Nacional de España por una nueva vida en Arizona, ¿cuál fue el motivo de tu marcha?

Efectivamente, me había sacado las oposiciones en el Coro Nacional de España, tenía una historia relativamente larga detrás de mí, habiendo trabajado en el Teatro Real, en el Coro de Ópera y después en el Auditorio Nacional, en el Coro Nacional de España que siempre me fascinaba.  Yo decidí, una vez saqué la plaza, hacer un viaje a Estados Unidos porque ya habíamos estado allí cantando en el Lincoln Center La vida breve de Fallay decidí volver para aprender mejor el inglés y hacer un viaje yo sola. Allí estuve cinco semanas, en Filadelfia, Nueva York y Washington D.C. Fue algo muy espontáneo, no sabía ni dónde estaba Filadelfia, pero me interesó conocerlo, así que me fui. El último día conocí a Alan en un club de jazz y empezamos una relación vía internet. Alan vino a España, yo a Estados Unidos y algo que parecía completamente difícil se convirtió en algo sencillo. Yo pedí una excedencia en el Coro Nacional de España y volví a Estados Unidos, hice una audición en la Ópera de Washington y después acabé yéndome a Filadelfia a vivir con Alan. Para mí todo era como una película. La música me ayudó porque Alan era también contrabajista, aunque tenía otro oficio, pero, hicimos una colaboración juntos e intercambiamos nuestros conocimientos musicales. Hicimos un concierto que se llama “Nueve siglos de música en una hora”, él tocaba el contrabajo en estilo jazzístico y yo cantaba canciones, compartíamos y hacíamos unas versiones muy interesantes. Invitábamos a un percusionista y actuábamos en diferentes lugares: Israel, Filadelfia, España, Washington…, esto nos hizo crear el dúo “Soprano meets bass”.Después de estar ocho años en Filadelfia, donde también estuve cantando con la orquesta de allí, haciendo conciertos y colaboraciones, decidimos desplazarnos a Arizona hace un año por cuestiones familiares. Aquí tenemos varios proyectos, hemos estado trabajando durante el confinamiento en nuevas ideas y creaciones, por ejemplo, voy a cantar “Carmen” en la Ópera de Arizona, una colaboración con un indígena americano. También estoy trabajando en un proyecto llamado “La Era del Modernismo” que es la búsqueda y el reconocimiento del alma del pueblo por medio de la literatura, la poesía, el periodismo y la música. Lo estoy extendiendo a toda Latinoamérica, Estados Unidos y España.

Ana María junto a Huberal Herrera

A pesar de haberte alejado de tu tierra natal, tu conexión con la cultura española es muy estrecha, ¿cómo es tu labor de extenderla en el Phoenix Children Chorus?

Realmente la música española la llevo donde quiera que vaya. Creo que es muy importante darla a conocer y suelo hace proyectos bilingües porque si no, no se comprenden muy bien. Entonces durante el confinamiento decidí estudiar este caso sobre los villancicos españoles del siglo XIX y XX. Utilicé la sede digital de la Biblioteca Nacional de España e hice la selección de villancicos de compositores españoles desconocidos, y eran muy interesantes. Eran compositores y maestros que habían dedicado su vida a formar a niños que estaban sufriendo momentos difíciles, debido a las consecuencias de la desamortización de Mendizábal cuando se expropió a la Iglesia de todos sus bienes y todo quedó casi destruido y abandonado. Ellos estuvieron recopilando y haciendo catálogos para que esto no se perdiera, e incluso daban clases gratis de música a los niños, era una gran riqueza musical y cultural lo que teníamos. Uno de ellos había llegado hasta formar un coro de 600 niños para dar un concierto en navidad. Las canciones me parecieron preciosas y decidimos entablar una colaboración con el coro Phoenix Children Chorus, un proyecto que salió adelante apoyado por Phoenix y por la selección artística de la ciudad. Tenemos varios conciertos previstos en diciembre con los niños, que ya se están aprendiendo los villancicos en español y les estoy ayudando en ello. Es importante porque en Phoenix hay muchas personas que hablan español, muchas otras que hablan inglés y ambos reconocen que deben integrarse unos con otros. Entonces, qué mejor que con la música para luchar contra las diferencias sociales o la xenofobia, abrir las puertas a niños mexicanos descendientes y a un coro en su mayoría anglosajón. La música en este caso es el vehículo de integración a través de estas canciones tan bellas.

¿Crees que la música alcanza su máximo esplendor cuando se junta con el resto de las artes como la poesía?

Bueno alcanzar el máximo esplendor, exactamente, yo no lo creo. Sí se alcanza la intimidad y la expresión de las almas, como decía Felipe Pedrell, “canta las canciones de los pueblos y conocerás sus leyes y sus costumbres”.

¿De dónde viene tu admiración por Ernesto Lecuona y los ritmos cubanos?

La primera vez que escuché una canción de Ernesto Lecuona fue “María La O”, cuando lo cantó mi profesora María Dolores Travesedo, de la Escuela Superior de Canto, en un concierto que hizo en el Centro Asturiano de Madrid y realmente me encantó, fui corriendo a pedirle la partitura, a  preguntar quién era Ernesto Lecuona. Me preparé la partitura, pero era un poco aguda para mí. Entonces encontré en la Biblioteca Municipal de Madrid una versión de “María la O” que era adecuada para mi voz y la empecé a cantarla en conciertos. Después escuché otra de Ernesto LecuonaSiempre en mi corazón” y me pareció igual de apasionante. Conseguí la partitura y la empecé a cantar con Alan, mi marido. Preparamos el repertorio y la llevé por todo el mundo. Cuando vivía en la Costa Este, organicé un concierto en el año 2016, el “Opera América” en Nueva York, exclusivo con canciones de Ernesto Lecuona, entonces era una selección que se había publicado en un libro de Pablo Zinger, yo me hice con el libro y entre esas canciones, las que ya tenía y otras que encontré, preparé una selección de algunas muy bonitas y las canté. Con motivo de que Alan iba a cumplir su 60 cumpleaños decidimos hacer realidad su sueño e ir a Cuba. Encontré en Youtube un vídeo de un pianista que me apasionó y pensé: “Pero este señor, qué bonito, qué bien toca”. Y entonces busqué y conseguí, a través del Centro de Música de Concierto y de Silvia Machado, dar con Huberal Herrera. Él me escuchó y decidió trabajar conmigo porque cuando nos conocimos le gusté. Así que hicimos conciertos, el primero en el Teatro de Bellas Artes, de La Habana, en Cuba, más adelante grabamos juntos un disco titulado “Rosas para Lecuona”. El maestro vino a Estados Unidos, actuamos en el Instituto Cervantes en Nueva York, en Filadelfia y yo después volví a Cuba y seguimos grabando. En Filadelfia grabamos otro trabajo, lo que es “Africana soy” que todavía no ha salido como tal y que vamos a presentar ahora en el Espacio Ronda, en Madrid.

¿Crees que con tu proyecto “Africana soy” estás dando visibilidad a canciones que de lo contrario podrían caer en el olvido?

Yo creo que sí, pienso que manifiesta la situación del pueblo cubano, un pueblo producto del mestizaje, de los africanos que se utilizaron como esclavos y que Ernesto Lecuona manifestaba estos ritmos en la música clásica. Con esta música, lo que siento es que se encuentra un poco vetada, es un poco música tabú. Tabú porque en las zarzuelas se muestra la situación de los mestizos y de las mulatas, de su sufrimiento y experiencias, en siglos en los que había  esclavitud. Muestra el alma de estas gentes que son consideradas como humanos, como personas con sentimientos, no como animales de trabajo. Ernesto Lecuona plasma esto a través de la música, de manera que el espectador lo está viendo, comprendiendo la injusticia que sufren estas personas y produciendo una igualdad social. No es justo tratar a las personas así, somos todos iguales, todos somos uno, personas independientemente del color de nuestra piel o de donde hayamos nacido. Esto es una cosa tabú que en la sociedad actual sigue ocurriendo, sigue habiendo discriminación desgraciadamente, estas músicas se encuentran bajo Copyrights estadounidenses, debido a los conflictos entre cubanos y estadounidenses, en la difusión de las zarzuelas y de la música, hay problemas legales.

En tu recital tiene una especial presencia el pianista Huberal Herrera, ¿cómo te sientes trabajando con el máximo intérprete de la obra de Lecuona?

El maestro Huberal Herrera es una persona con la que siento una afinidad muy grande, me parece un artista muy completo, con una humildad extraordinaria y que es muy fácil de tratar, yo me siento muy a gusto con él. Nos llevamos bien y musicalmente nos entendemos, nos compenetramos en las obras y en las canciones, pero especialmente en la música de Ernesto Lecuona. Es como una fusión de lo negro, lo blanco y lo africano, dentro de un hombre que tiene una técnica muy concreta como pianista. Proyecta muchísimo el piano, una cosa que no es habitual. Él toca y matiza, estamos muy bien compenetrados musicalmente hablando y juntos transmitimos la música de Ernesto Lecuona muy bien. Trabajar con él es un honor para mí, es como mi padrino, siempre me ha apoyado. Es de estas generaciones de músicos que ya no existen, por decirlo de alguna manera, en el mundo orquestal. Para mí es un honor muy grande.

¿Consideras que la música es un buen medio para transmitir mensajes tan importantes como la denuncia de la esclavitud y la lucha por un mundo más libre e igualitario?

La música, lo más importante que tiene es que reconoce el alma de los pueblos y el alma de los protagonistas de las canciones, y, por lo tanto, los sentimientos nos hacen a todos iguales. Todos sentimos, tenemos sentimientos de amor, de tristeza, de odio o de venganza, somos humanos. A través de la música reconocemos esos sentimientos y, por tanto, la igualdad se produce en ese sentido porque no hay diferencias, yo no soy ni mejor ni peor que tú, cada uno somos como somos, pero todos tenemos en común los sentimientos. Claro que, cuando unas canciones están mostrando el sufrimiento que experimentan unas personas, que están sufriendo un abuso del tipo que sea, como puede ser el abuso en un trabajo, una cosa material que solo produce beneficios económicos para unos pocos, esa persona muestra sus sentimientos, y, por tanto, se manifiesta en igualdad con relación a otros, yo no soy un robot, yo soy un humano con mis sentimientos.

Ana Mª y Alan Lewine en «Tesoros Sefardíes». Foto: J.Somalo

Y, por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos a corto-medio plazo?

Mis próximos proyectos a corto plazo son el concierto “Africana soy”, que voy a presentar en el Espacio Ronda el día 17 de este mes, donde colaboro con músicos cubanos, espoñoles y con Alan, americano. Voy a trabajar en este proyecto presentándolo al público de Madrid, voy a presentar la película Huberal Herrera, que relata su vida con 88 años en aquel momento, cuando terminó la película, y un poquito toda la historia de su vida, en especial, la música de Ernesto Lecuona. Es una película-concierto que nos va a mostrar muy bien de qué estamos hablando. Después haré el concierto “Africana Soy” y de “La era del Modernismo” donde cantaré poemas de Walt Whitman que también busca la democracia, la igualdad y el reconocimiento del espíritu americano, como mezcla de culturas diversas y de gentes muy diferentes. Haremos con Antonio Arias dúos de flauta y voz, con música de Joaquín Rodrigo, que representa el canto de las aves y de la naturaleza. En Phoenix tenemos previstos unos conciertos para presentar Sephardic Treasures que es la música de los judíos sefardíes emigrantes, que fueron expulsados de España y llegaron a diversos puntos del mundo, nuestra versión trata de actualizar esos ritmos y melodías en una presentación contemporánea. Y, por último, en el futuro, cuando acabe el confinamiento, me gustaría viajar a México porque estoy realizando un seminario de 500 años de la música de México con la UNAMX.

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