“Cómicos de Roma” en Mérida. Entrevista a Rafa Castejón

Por Alejandra Torray .

Hoy, El Ambigú, nuestra coctelería de los años cincuenta, café-teatro o cabaré, capaz de transformarse en ateneo, circo romano o tablao flamenco —según el invitado que nos visite y lo merezca la ocasión—, tiene el honor de travestirse en una corrala. Pero no en una corrala cualquiera, no, sino en la Corrala de Tribulete: la corrala del viejo Madrid por excelencia.

Este tipo de vivienda, tan propio del Madrid popular de los siglos XVII, XVIII y XIX, quedó simbolizado en la corrala que sería declarada Monumento Nacional en 1977 y utilizada para representaciones de zarzuela, sainetes y otras obras castizas. Precisamente, la Corrala con fachada a Mesón de Paredes, situada entre las calles Tribulete, 12, y Sombrerete, 13.

Precisamente, la que inspiró la zarzuela “La revoltosa”. Precisamente, donde los madrileños pudimos ver, en aquellos años noventa, cómo se convertía en anfiteatro y nos acogía durante las noches de verano para cenar mientras disfrutábamos del género chico o del teatro popular.

Allí, en aquel espacio, una gran actriz de carácter interpretaría “Bohemios”, dirigida por Miguel Narros en 1985, y obtendría un éxito absoluto entre la crítica y el público. Volvería a la Corrala con “El santo de la Isidra” en 1991; no sé si lo hizo alguna vez más, la verdad, dentro de aquellas programaciones de los famosos Veranos de la Villa. Sin embargo, por esas extrañas asociaciones que hacemos, yo veo a Pepa Rosado dominando la Corrala. Seguramente la vi más veces en el Teatro de la Zarzuela, pero mi mente guarda —o imagina— su figura plantada como una reina en medio de aquel escenario, en una noche veraniega. De su esposo, Rafael Castejón, conservo el recuerdo imborrable de su gracia y su talento al verlo en el Teatro de La Latina en “La venganza de la Petra”. Los recuerdos que la memoria decide almacenar son una incógnita. ¿Por qué unos y no otros? El caso es que yo me he quedado con esas imágenes de ambos, aunque los viera más veces en el Teatro de la Zarzuela.

De aquella pareja y de aquella casta de artistas nacieron otros tres personajes, cada cual más talentoso: sus hijos Jesús y Rafa, ambos actores, y Nuria, coreógrafa. Y hoy vamos a invitar, con todo cariño, —como homenaje a sus padres, a su familia y a la zarzuela— a este Ambigú nuestro, que hemos vestido de chulapo, a Rafa Castejón, que estrena en la 72.ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida “Cómicos de Roma”, de David Mamet.

Cómicos de Roma

Buenas tardes, Rafa. No sabía muy bien si meterte en un corral de comedias o en una corrala. Al final he optado por los farolillos. Y es que Rafa es polifacético y ha tocado todos los géneros, ¡y mucho! Pero vamos a lo que vamos: “Cómicos de Roma”. Lo primero que llama la atención es el reparto enteramente masculino. Cuéntanos: ¿todos cómicos?

Es raro, sí. Echo de menos la parte femenina. Demasiada testosterona para mi gusto… Ja, ja. Pero, bueno, así la escribió David Mamet. No todos los personajes son cómicos: hay cómicos, aprendices de cómico, soldados, sacerdotes, caseros, exsoldados alcohólicos, mensajeros… Un amplio abanico masculino y un reparto de actores magnífico.

Háblanos de la función, sin hacer spoiler. ¿Qué van a ver los espectadores?

Un vodevil loco, una comedia muy divertida que se desarrolla en la antigua Roma, llena de equívocos y enredos que llevarán a sus protagonistas —los componentes de la compañía de actores de Strabo, personaje interpretado por Fernando Tejero— a situaciones hilarantes e inverosímiles que harán las delicias del público.

¿Habías estado antes en Mérida o es tu primera vez en el Romano? Dinos qué supone para ti actuar sobre esas piedras.

Esta es mi cuarta vez en el Romano de Mérida. “Debuté” en este maravilloso espacio hace ya algunos años con “Los persas”, de Esquilo, dirigida por Calixto Bieito. Después vinieron “Antígona”, dirigida por Helena Pimenta, y “Antonio y Cleopatra”, dirigida por José Carlos Plaza y protagonizada por Ana Belén y Lluís Homar, con la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Trabajar en el Teatro Romano de Mérida es un sueño cumplido. La primera vez que pisé su escenario lloré de emoción. Este espacio es muy especial para todos los actores y actrices.

Rafa Castejón

¿Esta obra vendrá a Madrid o saldrá de gira, o es un proyecto creado únicamente para Mérida? ¿Permiten vuestras agendas que tenga recorrido?

De momento, solo Mérida. No sé si el año que viene irá a Madrid como parte del Festival de Mérida en Madrid, que también organiza Jesús Cimarro. Habrá que preguntárselo a él.

Hablando de agendas, ¿qué planes tienes, además de “Cómicos de Roma”? ¿Preparas algún otro montaje, cine o televisión? ¿Te veremos más en zarzuela?

Sí. Del 23 de septiembre al 4 de octubre estaré en el Teatro de la Zarzuela con la reposición de “La verbena de la Paloma”, un montaje dirigido por mi hermana Nuria con el que llevamos dos años de gira y que está siendo un éxito rotundo de público y crítica.

El 5 de noviembre estreno “¡Chéjov, Chéjov!” en el Espacio Zafra Teatro. Es un espectáculo sobre textos de Chéjov, dirigido por Juan Carlos Corazza, que supondrá el estreno teatral de Javier Bardem. En el reparto estarán también Alicia Borrachero, Ben Temple y Manuela Velasco. Las localidades ya están agotadas. Estoy muy contento con este proyecto, querido y deseado por todos nosotros desde hace muchos años. Ahora se han alineado los astros para llevarlo a cabo.

Has hecho de todo. En estos momentos, ¿qué preferencias y prioridades tienes entre todos los palos que tocas? ¿Qué te apetece más?

El teatro es mi casa y estoy feliz trabajando en él, pero quizá, precisamente porque lo toco menos, me gustaría darle un poco más de cancha al audiovisual. Veremos qué trae la marea.

Toda tu familia se dedica o se ha dedicado a las artes escénicas. Dinos qué admiras más y qué te ha marcado de cada uno de sus miembros. Son muchos, pero todos estupendos, y quisiera recordarlos.

De mi padre, Rafael, admiro la “naturalidad” que tenía sobre el escenario, su relajación y su sentido del humor.

De mi madre, Pepa Rosado, la energía y las ganas de actuar que tenía siempre. Se comía el escenario.

De mi hermano Jesús, la versatilidad, la ductilidad y la intuición innata que tiene para abordar sus personajes y las obras. También, el amor y el conocimiento del medio.

De mi hermana Nuria, la capacidad de trabajo y la disciplina —no en vano fue bailarina del Ballet Nacional de España, del de Antonio Gades, del de José Antonio, etcétera—. Ahora es una coreógrafa estupenda y también directora de escena, ámbito en el que está dando sus primeros pasos.

La verbena de la paloma en el Teatro Gran Vía de Madrid. Foto cedida por Lorenzo Mocloa.

Siempre has trabajado mucho. ¿Eres de los pocos actores que se han librado de la angustia de que no sonara el teléfono o también has tenido alguna mala racha en algún momento de tu carrera?

He tenido mucha suerte. En estos 37 años de carrera no he tenido que hacer otra cosa más que actuar. Soy un privilegiado. Pero el miedo a una mala racha siempre ronda por ahí.

Sea así o no, ¿qué consejo le darías a ese actor o actriz que está a punto de tirar la toalla porque la suerte no aparece? ¿Cómo le ayudarías a sobrellevar la incertidumbre?

Difícil cuestión. Esta es una de las profesiones con mayor intermitencia y tasa de paro. Así que paciencia, fe y seguir entrenando y preparándose para cuando llegue la oportunidad. Y, aunque la vida te lleve por otros derroteros, seguir haciendo teatro —aunque no sea de manera profesional— es bueno para el alma y para la vida.

¿Qué balance haces de tu carrera? ¿Qué sueños has cumplido y cuáles te quedan? ¿Qué le pides todavía a este oficio?

El balance, para mí, es muy positivo. No me arrepiento de nada de lo que he hecho sobre un escenario o delante de una cámara durante estos años. Todo tenía su porqué y su para qué en aquel momento.

He cumplido el sueño de trabajar en el Teatro Romano de Mérida, en el Festival de Almagro, en el Grec de Barcelona, en los mejores teatros y auditorios de España y en el Piccolo de Milán; también, de hacer teatro en Moscú, Buenos Aires, Ciudad de México, Bogotá, Miami, Mannheim y Perpiñán, y de encarnar personajes extraordinarios en la Compañía Nacional de Teatro Clásico gracias a Helena Pimenta, Lluís Homar y Laila Ripoll.

El sueño que me queda es poder seguir viviendo de mi profesión y hacer espectáculos en los que continúe creciendo artística y personalmente, con buenos directores y directoras, buenas obras y buenos compañeros y compañeras. Ahí es nada.

Bueno, Rafa, pues te deseamos lo mejor de lo mejor con este Mamet en el Romano y te dejamos un mensaje sorpresa de alguien que procede de otra gran familia de artistas, de otra saga muy relacionada con el género chico. Escucha… Escuchen…

Hasta la próxima semana.

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