«El viaje de Edipo», en Mérida. Entrevista a Mamen Godoy

Por Alejandra Torray

Yo.—Buenas tardes, Valentino. ¿Sabes quién estará hoy con nosotros?

Valentino.—Teniendo en cuenta la trayectoria, seguro que un actor o una actriz que va a actuar en Mérida.

Yo.—Mira qué gracioso. Teniendo en cuenta que esta sección se dedica al teatro y que se habla de todas las obras que van a Mérida, no íbamos a traer a un futbolista.

Valentino.—Ya, pero, teniendo en cuenta que en las obras de teatro trabajan también iluminadores, ingenieros de sonido, escenógrafos, equipos de producción, de vestuario, regiduría…

Yo.—Para, para… Ya sé por dónde vas. Y tienes razón: touché. Cuando acabe esta 72.ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, nos tomemos unas vacaciones y volvamos a abrir El Ambigú, prometo traer representantes de todos los oficios que intervienen en un proceso teatral. Sé que, últimamente, estoy abusando de los actores, pero, teniendo en cuenta la simpatía que siento por ellos…

Valentino.—Ya… (con retintín) Ya estoy teniendo en cuenta todo eso. Vayamos al grano ¿a quién voy a ofrecer mi Manhattan esta noche?

Yo.—Vas a tener el placer de conocer a una actriz que te va a encantar. Ella es grande, grande en todos los sentidos: como persona, como actriz, como madre y compañera; hasta físicamente es grande. Tiene un corazón inmenso que se le sale por los poros y que derrocha en el escenario con creaciones de todo tipo y condición. Es una actriz de raza y todoterreno que se ha prodigado en teatro musical, zarzuela, clásico, contemporáneo, drama, comedia o tragedia, llenando el escenario de gracia y poderío con todo personaje que se le ponga por delante. También has podido verla en cine y televisión, pero es un animal de escena. Ella es Mamen Godoy.

Mamen es de esas actrices con talento de las que, en un tiempo, este país podía presumir y que ahora escasean; una actriz que igual te hace una protagonista que un papel secundario maravilloso o un personaje de reparto sobresaliente. Una actriz moldeable que se adapta al proyecto en el que esté para remar a su favor y engrandecerlo.

Disfruten de su personalidad con su Manhattan en la mano. Tenemos el placer de tenerla entre nosotros para que nos hable de «El viaje de Edipo», la penúltima obra de esta edición del Festival.

Mamen en 13 Rosas.

¡Qué placer recibirte en El Ambigú! Cuéntanos, Mamen… Vuelves a Mérida, en esta ocasión con esta dramaturgia de Emilio del Valle e Isidro Timón. Para situarnos, ¿puedes decirnos qué vamos a ver?

Pues lo que va a ver el público es una obra en la que se aborda claramente el tema del poder, de cómo la ambición destruye familias, países, sociedades enteras… Vemos cómo esto se repite una y otra vez, sin remedio, sin que el ser humano sea capaz de corregirse.

Hay una frase que dice uno de los personajes que interpreto, el Edipo viejo: «Es tal la ambición de poder que te nubla la vista y, cuando quieres dar marcha atrás, ya no puedes. Soy el vivo ejemplo». Esto lo dirá después de haber pasado por todo ese viaje que ha tenido y define muy bien lo que el público va a ver. Se trata de la evolución de una familia y de cómo unos y otros van cometiendo los mismos errores, dejándose arrastrar por la ambición.

Quería preguntarte de qué modo conecta con la actualidad y si los temas conectaban con ella, pero parece que huelga la pregunta, ¿no?

¡Fíjate en todo lo que está pasando hoy en día! Seguimos siendo capaces de destruirnos unos a otros por ese ansia de poder, de tener o de querer llevar la razón. Seguimos sin procurar el bien común, persiguiendo el interés particular, cuando está claro que debería primar el valor de lo colectivo, no solo el interés de unos pocos.

En la obra también se habla de la memoria colectiva y de lo necesaria que es, por mucho que algunos se nieguen a querer conocerla. No podemos negar nuestro pasado, porque la memoria es la fuente, el referente con el que contamos para conocer lo que pasó y tratar de evitar cometer los mismos errores una y otra vez. Al final, el ser humano cae precisamente en eso: en no ser capaz de detener ese bucle.

Creo, sinceramente, que se trata de un texto muy actual con el que el público va a conectar de una manera positiva, emocionándose por todo lo que pasa, o negativa, obviando esa realidad. En cualquier caso, no va a dejar indiferente a nadie.

Mamen Godoy

Además del Edipo viejo, ¿interpretas algún otro papel?

Sí, hago tres personajes. El pastor, que entrega a Edipo bebé para que se lo lleven de Tebas. Este es un personaje que conecta mucho con el pueblo, con los que estamos ahí abajo, con los que somos manejados por otros que mueven nuestros hilos. Demuestra mucha inteligencia, a pesar de que parezca que no la tiene. Lo que quiere es evitar el conflicto que se avecina inexorablemente, pese a sus buenas intenciones.

El otro es el Edipo viejo, un personaje maravilloso que tengo el placer de interpretar y que supone un desafío para mí, por lo que estoy encantada de poder encarnarlo. Es el Edipo ya ciego, mayor y vencido por su vida: un fracaso por haberse dejado llevar. Para él ya no hay tiempo, es tarde, y lo que quiere es impedir que sus hijos se despedacen. Sin embargo, en su ceguera vislumbra que eso va a ser imposible porque topamos con la condición humana.

El tercer personaje es la nodriza, también precioso, potente y paralelo al del pastor, porque forma parte de ese pueblo víctima de los desmanes de sus gobernantes y que los sufre con dolor. Habla de todos aquellos que han sido llamados a la lucha, acabando en una fosa y… ahí siguen, olvidados.

¿Mérida es siempre una buena idea, Mamen?

¿Que si Mérida es una buena idea? ¡Madre mía! Mérida es… Es mi sexta vez allí y es un sueño, un regalo cada vez que voy. A pesar de los años, sigue emocionándome ese teatro y ese festival que llena de gente sus calles para acudir, como antaño, a participar todos del hecho teatral. Ir a Mérida sigue siendo maravilloso y espero poder seguir yendo muchos años más.

Mamen Godoy

¿Qué futuro tiene «El viaje de Edipo»?

Como todas las producciones en las que hay un elenco numeroso, es complicada de mover, pero creo que el trabajo de Emilio va a ser muy potente y mi absoluta confianza en él, en todo lo que hace, me lleva a pensar que va a tener recorrido. Sé que están trabajando para ello y todos queremos que sea así, que esta función nos dé mucho trabajo.

¿Compaginas este espectáculo con algún otro? ¿En qué más andas ahora?

Pues mira, sí. Estoy compaginando esta tragedia con una comedia que estrenamos en diciembre del año pasado, un texto de Susana Sierra dirigido por Inma Nieto, titulado «Me alegro tanto de verte», que interpretamos Marta Bódalo y yo. Es una comedia divertidísima que creemos que nos va a dar muchas alegrías porque la gente se muere de risa. Ha sido un éxito de público, pero ya sabes lo que es esta profesión: nunca se sabe adónde nos llevará este viaje. De momento, andan moviéndola y presentándola en las ferias de teatro. Esperemos que compren el espectáculo y que tenga un camino fructífero.

Por otro lado, ando hilando un proyecto unipersonal que, si logro sacar adelante, os comentaré en breve. Y, por último, acabamos de quedar primeros en un concurso de microteatro en Logroño, en las Bodegas Franco-Españolas, con un texto de dos chicos de talento desbordante, que vamos a girar todo lo que se pueda.

Avísanos para verte y tráete a esos dramaturgos, a los que queremos conocer. Espero que para entonces también nos cuentes ese proyecto personal que tanto te apetece.

Mamen en » El retablo de las Maravillas»

Vamos a ir despidiéndonos, pero dinos: ¿dónde eres más feliz, en cine, teatro o televisión?

La verdad es que yo soy feliz trabajando y me da igual dónde. Cada vez que sale un proyecto, soy feliz por seguir en el oficio después de cuarenta años. A veces he tenido que hacer otros trabajos para poder comer, porque no solo de arte vive el hombre… Ja, ja, ja. Y a mí lo que me gusta es trabajar en lo mío. El teatro me vuelve loca, pero vivir de él es muy complicado, tal y como están las cosas.

¿Un deseo profesional?

Deseo lo que acabo de decirte: que sigan llegando proyectos y, ya puestos, poder elegir, quedarme con el proyecto que me fascine y entregarme a él. Sí… poder elegir.

Por último, invita al público a ir a veros a Mérida.

¡Cómo no voy a invitarles a ir a un lugar tan fascinante como Mérida y a ver esta función interesantísima que nadie debería perderse!

Pues, como dice nuestro común amigo Fernando Aguado: a Mérida… ¡de cabeza!

Te deseo una feliz estancia, un maravilloso estreno y el éxito que te mereces, querida.

A ustedes… ¡Feliz semana y hasta la próxima!

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