viernes, julio 19, 2024

Conchita España, del Ballet Nacional a trabajar con Paco de Lucía, Carmen Flores y Antonio Gades

Texto: Paula Chirigu/ Fotos C.E.

A los 8 años de edad, Conchita España empezó a bailar en el conservatorio de Madrid. Tras 5 años, a sus casi 13, entró como profesional en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

Toda mi vida he bailado porque mi madre fue bailarina” nos comenta, pues proviene de una familia de bailarines, donde su madre, su tía, su hermana y su prima también son bailarinas. “Siempre había zapatos, zapatillas, castañuelas”. Aprendió de los mejores: de Rafael de Córdoba, con Victoria Eugenia (la Betty), profesora del Ballet Nacional de España, y de las bailarinas y coreógrafas Pilar López y María Rosa; al igual de que trabajó junto a los grandes como Carlos Saura, Antonio Gades, Paco de Lucía y Carmen Flores. Junto a su marido, Jorge Luis, ha llevado el baile español por todo el mundo, desde Nueva York hasta Japón y Latino América, dando a conocer parte de nuestra bella cultura.

¿Durante cuántos años te has dedicado a ello?

Pues desde los 12 hasta recién. Conseguí el título de profesora de danza, porque eran 5 años en aquel entonces, en junio cuando ya había cumplido los 13. Terminé con el conservatorio y me dieron el título. Después ya estaba trabajando y la última vez que trabajé fue en el año 2019 en Roma en la Embajada de España

A lo largo de tu trayectoria, ¿cuál es el proyecto que recuerdas con más cariño?

Es que tengo muchos. La verdad, recuerdo mucho que me encantó, por ejemplo, a nivel internacional en Buenos Aires. De llegar a ver qué pasaba y que podía pasar, a encontrarnos con ser cartelera de teatro, cabecera de un cartel, entrevistas, mucha televisión… O sea, digamos a tener un pequeño puesto dentro de la danza española en Buenos Aires, en Argentina. Y aquí, lo más maravilloso, para mí, fue el espectáculo que hicimos en el teatro para la asociación de Alzheimer. Eso fue muy bonito, muy afectivo. Me llenó mucho porque ya voy siendo mayor y se ven las cosas de otra forma. Yo siempre pensaba que, a lo mejor, si me llega a pasar a mí, me gustaría que hubiese personas que apoyaran este tipo de cosas para poder ayudar a estas personas. Entonces, cuando me lo propusieron enseguida dije que sí. Y me sentí muy orgullosa de la profesionalidad que tuvieron todos. Fue encantador. Me encantó, y creo que todos lo disfrutaron también. Fue muy bonito estar ahí todos juntos, profesionales con los alumnos y hubo un feeling especial. Yo creo que se veía como una especie de estrellitas y de calor en el escenario. La lástima es que solo fue un día, pero la verdad que esos dos recuerdos, la parte de Argentina que para mí fue muy bonita y luego la parte de aquí de Alfaz y los espectáculos que hicimos, pero, en especial, lo que me tocó más el corazón, fue ese de la gala del Alzheimer.

¿Quiénes han sido tus referentes?

He tenido varios porque en la época que yo empecé a bailar había grandes artistas. Había gente maravillosa. A mí, en esa época me gustaba mucho un bailarín, que llevaba una compañía de ballet que se llamaba Ballet de Rafael de Córdoba, y luego tuve la suerte de ir con él. Estuve con él de primera bailarina, también. Entonces, es como que tienes ahí un ídolo y llegas. Y luego, otra persona que ya no bailaba, era profesora, que se llama Victoria Eugenia (Betty) y que ha sido la profesora del Ballet Nacional hasta hace poquito que se jubiló. Ha sido la que me ha enseñado muchísimo. Personal y artísticamente. Por eso la he tenido mucho de referente.

Jorge Luis ha sido tu compañero en la vida y en el escenario, ¿cómo os conocisteis?

Pues nos conocimos en la compañía de Rafael de Córdoba. Él entró y yo estaba con él. Yo había entrado en el año 69, que fuimos a Grecia y luego a Nueva York trabajando. Jorge, que estaba en México, fue a ver a Rafael, que le conocía porque también era argentino, a saludarle y resulta que yo estaba en la compañía. Parece ser que en ese momento, él se fijó en mí como chica, como persona, como mujer. Y yo ni le conocía. Ese mismo año vino para España y yo estaba en la compañía. Él entró como el primer bailarín de la compañía con Rafael de Córdoba y, bueno, ahí empezamos de compañeros, de amigos, y terminamos de pareja dentro y fuera del escenario. Hasta hace poco.

Estuviste en el Ballet Nacional de España, ¿cómo fue ese periodo para ti?

Bueno, estuvimos en el Ballet Folkrórico Nacional de España porque, anteriormente al Ballet Nacional de España que se conoce ahora, hubo uno que se llamó así donde estaba María Rosa, también de figura, y lo llevaba de directora Pilar López. Ese periodo fue muy bonito porque aprendí muchas cosas. Estaban los mejores maestros. O sea, había un maestro de jota, que era Pedro Azorín, que yo ya le conocía y éramos amigos de antes cuando estuve con María Rosa, y después, había de gallego, de flamenco, había uno que también nos enseñó valenciano y otro que nos enseñó la Sardana. Había, bueno, de cada región porque en ese ballet hicimos de todas las regiones. Había regional, clásico español y flamenco: los tres palos que tenemos en España, aunque no los hagamos. Pero, los hay.  Entonces, aprendí de todo. Aprendí un montón. Y, sobre todo, fue una experiencia muy bonita. Éramos muchos, 40 y pico bailarines, y yo ya a tenía a Patricia, mi segunda hija, cuando entramos nosotros en el ballet. La verdad que muy bonita, como disfruto haciendo lo que hago pues lo paso bien en todos los sitios.

¿Por qué el baile español?

La verdad, es que no lo sé. Cuando era jovencita tuve la oportunidad de bailar otra cosa. Bueno, he bailado moderno también. Tuve que aprender de todo: clásico, clásico español, moderno, flamenco, regional… Aprendí de todo, porque para trabajar era muy importante. Las compañías llevaban de todo. Me hablaron también para hacer moderno, pero como que me atraía más. Y más que el flamenco, fíjate, me atraía más el clásico español. Lo que es el zapato con castañuela. Me atrae más. Me siento más identificada en el clásico español o danza estilizada, como lo llaman ahora. Sin embargo, Jorge, mi marido, es flamenco. Le llama más la atención, le gusta más que otra cosa. Pero bueno, nos hemos llevado muy bien arriba en el escenario y hemos bailado de todo.  

¿Quién te llevó a ser profesora de flamenco?

Mi madre. Me llevó sobre todo, según me ha contado ella y también mi padre, el día de antes de yo nacer, bueno, unas horas antes. Nací a la una de la madrugada y por la tarde habían tenido una boda. Se pasó toda la boda bailando porque siempre ha sido de bailar mucho, de disfrutarlo y, yo creo, que me dio tanto meneíto que ya salí yo bailando. Luego me llevó al conservatorio mi madre, ya que era la que se ha sacrificado siempre para que yo siguiera bailando de toda la vida. Me llevaba al conservatorio, a la academia y me traía. O sea, ella ha sido la que, después ya cuando me casé y tuve mi primera hija, me dijo que yo siguiera bailando porque ella me la cuidaba mientras. Sin mi madre no hubiese hecho nada, y sin mi padre, por supuesto. Sin mis padres no sería nadie yo. No hubiera hecho nada. Hubiese estado en mi casa llorando por los rincones porque quería ser bailarina y, sin embargo, he sido bailarina, madre y profesora. He hecho todo gracias a Dios.

¿Algunos de tus hijos han seguido tus pasos? ¿Qué significa esto para ti?

Pues sí, hay dos. La segunda y la mayor. Esta última tiene muy buenas facultades para bailar, pero era más vaga. Eso de ir a las clases… Tiene facultades, pero no ha sido bailarina. Ella, cuando bailamos todos en casa de fiesta, baila. Y baila muy bien, pero no ha sido bailarina. Y Patricia, la segunda, sí. Empezó en el estudio con nosotros. Cuando terminó el bachiller  empezó en la compañía que formamos en Argentina. Y luego, Vanesa, que es la pequeña, que también terminó el bachiller. Patricia tenía 15 años, y Vanesa también tenía 14 o 15 años, cuando empezó con nosotros. Mi hermana Maite también siguió los pasos de mi madre y los míos. Ha sido bailarina, también, y, desde que formamos el ballet Jorge y yo en el año 73, ha estado conmigo toda la vida. Hasta aquí. Pero, de mis nietos, todavía nadie. Así que dos y mi hermana. Somos varios que lo llevamos en la sangre. Ha significado una tranquilidad a la hora de trabajar porque me han ayudado muchísimo. Sin ellas tampoco hubiese podido hacer todo lo que he hecho. Porque mientras una se encargaba de una cosa, la otra se encargaba de otra con el ballet. Un ballet no es tan fácil y más encargándonos de todo como lo hemos hecho siempre. Me han quitado mucho trabajo, he podido hacer otras cosas  mientras ellas se dedicaban a cosas de la ropa o “hay que comprar flores”. Lleva mucho trabajo. Parece que media hora o una hora que haces en el escenario es “oh, mira, solamente una hora”. Es mentira, son meses. Son meses y meses de buscar, pensar. Patricia me diseñaba los vestidos que yo quería. Luego lo llevábamos a la modista, había que ir a buscar tela fuera que nos gustara. Pues ha sido trabajo que me lo han quitado y lo han hecho ellas. Estoy agradecidísima. Tengo mucha suerte porque he estado rodeada de gente que me ha apoyado siempre. Mis hijas igual porque han sido las primeras que me han dicho “mamá, sigue”. Luego he tenido alumnos maravillosos que hoy, en Argentina, tienen un nombre también, que han hecho un esfuerzo y son muy buenos. Bueno, yo le digo mi familia artística. Toda la gente que ha estado conmigo en el ballet o estudiando me han enseñado muchísimo la forma de aprender a enseñar, porque no todo el mundo aprende igual. Me siento muy orgullosa y muy privilegiada de todo lo que he podido hacer y de lo que he hecho.

Trabajaste con Carmen Flores en “Entre Dos Amores”, ¿cómo fue aquello?

Sí, trabajé con ella pues porque vino a buscarme. Yo estaba en Buenos Aires, que nos empezamos a hacer un nombre, y hubo un empresario que habló con nosotros y que quería hablar con Carmen para hacer un homenaje a Lola en su primer aniversario que había fallecido. Resulta que habló con nosotros y empezamos a estudiarlo, a mirarlo y, total, que sí, trabajamos y nos hicimos muy amigos porque es un encanto a parte de buenísima artista. Hemos trabajado más veces. Tres veces más. Hemos tenido la suerte de que viniera. También tengo el vídeo. Es que es maravilloso, porque, a parte de todo, poder poner un vídeo y poder volver a revivir todo eso con Carmen… Estar en el teatro y que aparezca Miguel de Molina que ha sido un señor que ha tenido mucho note, que ha estado en Argentina, que vino a vernos y luego bajó a los camerinos a saludarnos a todos. Eso ha sido maravilloso. Mucha gente ha venido a vernos, también. Antonio Ruiz el bailarín, estando nosotros en Madrid en una sala de fiestas trabajando y, una noche, que se ponga este señor de pie aplaudiéndote es como que te deja “bufff”… Te deja… No te lo puedes creer. Gracias a Dios hemos hecho muchas cosas de las que me siento muy orgullosa. También hay cosas malas, cuidado, a nivel de gente y profesional. Pero, ha sido menos. Yo creo que, esa lucecita que manamos trabajando de que hay un complot entre todos de decir “a todas para adelante” y juntar el hombro, hacía que la persona que no hacía esto se sintiese tan mal que se iba.  Directamente. No hacía falta ni decirles nada. He tenido mucha suerte, porque el 90% ha sido maravilloso.

También trabajaste con Antonio Gades y Paco de Lucía en “Carmen de Carlos Saura” ¿cómo influyó en tu carrera?

La verdad que ya llevábamos mucho tiempo. Había ya nacido mi hija la pequeña. En realidad, a Antonio, yo ya le conocía de antes. Siempre, desde que nos casamos [Jorge Luis y ella] y desde que hicimos el ballet, ya íbamos más con nuestro ballet que en otras compañías. Hemos ido con María Rosa, que es una compañía de ballet que hemos disfrutado mucho, también. Casi siempre teníamos mucho trabajo, entonces trabajábamos más fuera. Con Gades, pues ha llevado muy buenos bailarines que además son compañeros y amigos. Hemos trabajado juntos con otras personas. Y a Paco de Lucía, le conocía de cuando tenía 17 años. Una vez y ya no nos volvimos a ver. Hasta ahí. Era, por supuesto, un genio, un maestro en lo suyo. Yo he bailado con música de él. Pero, en otro sentido, no me ha influenciado mucho porque teníamos otros caminos. Pero es un artistazo, y Gades también, por supuesto. Aunque me gustaba más Rafael de Córdoba. Mi ídolo era él como bailarín de español. Siempre lo ha sido.

¿Te gustaría comentar algo más?

Doy gracias a la vida de lo que tengo, de lo que he hecho, de lo que he tenido y de la suerte que he tenido y con quién he trabajado, con quien he aprendido y con la gente maravillosa que me he topado. Tengo mucha gente que está en mi corazón y en mis maravillosos recuerdos.  Las malas también me encantan, porque me han enseñado a apartarlas y a dar a cada uno lo que se merece. Me han enseñado a eso no se hace porque lo estoy viendo. He procurado no hacerlo porque lo estaba viendo en otra persona. O sea, que me han enseñado, y, lo bueno, lo he disfrutado. No me

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